Carta #20 a Donald Trump

Miami, agosto de 2026

Querido Donald:

La llegada de Luis Manuel Otero Alcántara ha sido maravillosa. Por primera vez en años, este exilio exiguo y mediocre se ha visto reflejado en el espejo de su propia insignificancia y, como nunca antes, desplazado por la autenticidad del artista que es Luisma.

Te confieso, my President, que no esperaba que, con su sola llegada, con la frescura de su verdad, la comunidad cubana pacotillera y devota de tus desatinos padeciera la urticaria de los derrotados. Tampoco pensé, ni en mis mejores sueños, que esos puristas de la libertad de Cuba se exhibieran como lo que son: castristas resentidos del castrismo, herederos medulares de la Seguridad del Estado, aunque juren que la combaten desde Doral.

My President, esos cubanos que te adulan y te hacen la corte son los mismos que se la hicieron a Fidel. No lo olvides. No confíes en ellos. Es más, olvida a todos los cubanos. No te servimos, no somos nada. Mejor nos dejas tranquilos y a nuestra suerte, porque contigo no nos ha ido mejor que con los Castro.

Me cuentan amigos comunes que no entendiste el revuelo que ha provocado LMOA a su llegada. Te contaron que el hombre habla de más, que dice groserías en televisión, que menciona partes del cuerpo que aquí se nombran en susurros y allá se gritan en la plaza pública. Me cuentan que preguntaste qué quiere decir “pinga”.

Te explico, my President.

Quiere decir todo y nada al mismo tiempo. Es la palabra más cubana que existe, nuestra metáfora perfecta: un par de sílabas nos definen, lo bueno y lo malo, lo sublime y lo mediocre, lo obsceno y lo bendito.

Una pinga es este exilio, como también lo es el castrismo. Fidel era un pingúo y un pinga al mismo tiempo, tal como tú, my President. Lo mismo y su contrario. Como nosotros, los cubanos.

Big dick energy, dirían ustedes.

Solo que en Cuba hasta la pinga tiene ideología.

Luis Manuel, conversando con Ángel de Fana, confesó que quiso abandonar Cuba con el sabor de una vagina en la boca, porque las vaginas no saben igual en Cuba que en el extranjero. LMOA estaba haciendo Patria. No hay mejor símil: un sabor que solo se encuentra en la tierra propia, un recuerdo que nunca es el mismo cuando se emigra.

Una vagina, eso sí que sabes lo que es, representa un regreso al origen, y su sabor es ideología. Una pinga también lo es. La diferencia es que una pinga solo nos habla del exterior, se queda en la superficie, pero una vagina es la raíz.

Y si bien no existe la una sin la otra, para el cubano una vagina en la boca es una forma legítima de luchar contra la dictadura, pero una pinga es someterse a ella.

You see the difference, my President?

LMOA lo que tiene, y por eso lo persiguen, es la costumbre insoportable de decir las cosas por su nombre, de hablar sin filtro, sin ese please be advised con que aquí se disfraza hasta el insulto.

Eso, en un exilio que ha hecho de la solemnidad su disfraz y del eufemismo su bandera, es un acto de guerra.

El hombre no pide permiso para ser grosero ni pide perdón por ser honesto. No hace apology tour. No edita la verdad para hacerla presentable. He doesn’t ask for permission to be himself.

Y esa combinación, my President, es lo único que de verdad le duele a un dictador, sea de La Habana o de Mar-a-Lago.

Por eso lo atacan.

Porque un cubano que dice “pinga” en CNN, sin editarse, sin pedir disculpas, sin buscarle un sinónimo decente, es más peligroso para la Seguridad del Estado que cien comunicados de cancillería, más disruptivo que un breaking news.

La franqueza de Luisma no cabe en el protocolo, y el exilio pacotillero vive de la ceremonia, del micrófono bien portado, del keep it classy que en realidad es keep it quiet.

Lo suyo no es la libertad, es la etiqueta.

Luis Manuel no dice las cosas como deberían decirse; las dice como son.

No filter. No apology. No bowing.

Los cubanos pinga han tratado de robarse la palabra exilio, como si fuera patrimonio de los nuevos cederistas, como si tuvieran el copyright del sufrimiento. Censuran, proclaman, vigilan, acusan, agitan, ofenden, insultan, estigmatizan y escupen, exactamente como aprendieron a hacerlo en los actos de repudio que dicen haber sufrido.

Cancel culture con acento de Miami.

Lo curioso es que llegaron al exilio huyendo de la censura y terminaron importando al censor. They left the island. The island didn’t leave them.

No son libres. No son demócratas; son pinga.

Y quizá eso sea lo que más les molesta de Luis Manuel: que un hombre pueda llegar de Cuba, después de cinco años de prisión, y decir en voz alta lo que ellos llevan décadas tragando, con miedo a perder el micrófono y siguiendo el Manual de los cobardes intrascendentes.

Luisma no sigue el manual. Thank God, porque el manual cubano del exilio tiene demasiadas páginas sobre cómo parecer libre sin incomodar a nadie. Y tú conoces bien ese manual, my President: lo has convertido en política exterior.

Tú y esos cubanos son igualitos, my President: solo les importa su propia pinga y nada más.

Different men, same dick, different flag…

Same Cuba.

Hasta pronto, my President.

Tu Jorge


N.B. El original en inglés de esta carta fue enviado al correo oficial del presidente de Estados Unidos.






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