
John Paul Filo, Kent State University (4 de mayo de 1970).
La Habana entregó a Nicolás Maduro para que la Revolución Cubana pudiera sobrevivir a Donald Trump. Antes ya habían entregado la vida de Hugo Chávez, a cambio de una apertura de mentiritas con Barack Obama. Comprar tiempo es la clave del poder a perpetuidad en la Isla.
Ahora, de paso van a arruinar el futuro político de Marco Rubio. El cubanito-americano se pasó de la raya. La Habana se está asegurando de que el actual Secretario de Estado no vuelva a ser electo a cargo público alguno. Así habrá aprendido, para el resto de su existencia, a no articular la palabra Cuba en sus labios.
Dentro del gobierno de los Estados Unidos de América, Cuba es un tabú intocable, un maleficio mortal: quien se mete con Cuba en realidad se está mandando a matar.
La próxima administración estadounidense repatriará a Nicolás Maduro a Venezuela. Será un día glorioso para la izquierda continental. La democracia Made in Washington no hace nada por imponer la democracia en su propio traspatio. En efecto, mucho más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas prometidas por radio bajo la metralla del Departamento de Estado.
Nada más que agregar, compatriotas de un siglo XXI que nunca llegó. La invasión tendrán que protagonizarla ustedes solos, abandonando la Isla por cualquier medio legítimo o criminal.
El idilio fue bonito mientras duró. También, fue una idiotez de nuestra parte. No habrá segunda luna de miel, ni Enmienda Platt que salve a los cubanos de los cubanos.
Sea este, pues, el fin de nuestro diario de la invasión.

Diario de la invasión (IX)
Los 250 años de Estados Unidos eran equivalentes a los cero años que los cubanos hemos vivido en democracia.









