Viajar, también, es perder. Abandonar lo último que las manos de tu madre han tocado.
Viajar, también, es perder. Abandonar lo último que las manos de tu madre han tocado.
Parece confirmada la ratificación en la Asamblea Nacional.
Geandy Pavón (Las Tunas, Cuba, 1974) es artista visual, pintor y fotógrafo. Ha documentado el dolor del presidio político cubano. Vive exiliado en New Jersey.
En el Gran Tablero de Corcho que es la Isla, cada sujeto posee un puñado de tachuelas y fija allí los sucesos que le importan.
Cuando revisamos sus obras, nos encontramos con texturas que parecen tejidos textiles que nos llaman a la representación de la inteligencia y su actividad funcional.
“El lector y yo compartimos una fugaz experiencia en un mundo efímero, acelerado y lamentablemente violento”.
Un cacique local traspasa sin dificultad las normativas urbanísticas, y los imponentes muros del eclecticismo santiaguero ceden ante la desidia de los organismos tenientes.
Josué G. Gómez compone un discurso fragmentario a partir de las lógicas asociativas del pensamiento y la poesía.
¿Qué rescato ahora de esa prehistoria? Unos cuantos libros, como siempre.
“Muchos de nosotros hacemos periodismo y a la par hacemos activismo. Uno lo que tiene es que diferenciar los roles, y sobre todo ser consecuente con la ética de la profesión. Yo no voy a mentir. Sea cual sea la causa que defienda, mi compromiso es con la verdad, no con un partido político, no con una causa”.
En esta lista se excluyen conscientemente clásicos archiconocidos como ‘King Kong’ (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), ‘Tiburón’ (Steven Spielberg, 1975) o ‘Depredador’ (John Mc Tiernan, 1987). Tampoco está ‘Godzilla vs Kong’ (Adam Wingard, 2021).
“Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, y así es el teatro: aunque se repita la obra, las funciones serán diferentes. Ese es el reto, puesto que el público será distinto, y tampoco uno será el mismo de ayer. El teatro es como la vida: lo que importa es el momento presente”.
Padura dosifica la denuncia en sus libros, no solamente para verlos publicados en Cuba, sino para garantizarse la adhesión de unos lectores extranjeros a los que les disgustaría que su denuncia fuera a más. De hacerse incisivo, Pablo Iglesias y Lula da Silva dejarían de leerlo.