Pescar en La Habana, desde el muro del malecón o en un corcho aguas adentro, es una forma de zen.
Pescar en La Habana, desde el muro del malecón o en un corcho aguas adentro, es una forma de zen.
Pienso que el fucking amor me ha defraudado y todos son unos mentirosos cuando dicen que mueve almundo.
El ascenso del Grupo Wagner en África entrelaza poderío militar y ambición económica. A medida que la entidad gana terreno, sus implicaciones se extienden por todos los continentes.
La exposición de Abela en la Galería Zak fue uno de los episodios que sirvieron para la elaboración de la noción de arte cubano moderno.
“Nadie sabe de dónde brotaba la magia de esta muchacha, cuyo rostro de enigmática mirada irradiaba el misterio de la poesía”.
Era un lugar,/ un miedo/ vulgar y colectivo /tejido por las sombras,/por demiurgos / que hicieron una fiesta /y lanzaron al fuego nuestros libros.
El atentado contra el grupo militante ha llevado a investigar la cadena de suministro detrás de los localizadores que detonaron la semana pasada.
“Lourdes Gil fue en un principio una lezamiana convencida, discípula de aquella escuela mitificadora y densa de un barroco cubano”.
En una de sus habitaciones se dio la famosa discusión entre Gómez y Martí sobre un tema que a pesar de los muchos años transcurridos nada ha perdido en urgencia.
“A medianoche / con el aire evidente / de lo mismo / atravesar la calle / subir las escaleras / y empujar”.
Selección del libro Ablandar una lengua, de Javier L. Mora, poemario ganador del Premio de Poesía Editorial Hypermedia 2019.
Durante las últimas décadas, las multitudes han venido construyendo, de forma paradójica, una metáfora visible de la soledad; Ofill Echevarría ha penetrado por esa grieta para explorar, a través de cada pintura, cada fotografía y cada video, este fenómeno que en gran medida testimonia el estado actual de la condición humana.
Críticos de arte y cuadros políticos convergen instituyendo un imaginario coactivo: lo que el cuadro prescribe y violenta en su función de gestor cultural, el crítico lo omite en su escritura de la historia. Las dos acciones reforman continuamente el mecanismo victimario; ambas se vuelven artífices de la culpabilidad del violentado.
Cuando en 2016, Néstor Díaz de Villegas (NDDV) decidió tomar un avión con destino a La Habana, después de treinta y siete años en Estados Unidos, recibió críticas enconadas. Lo acusaron de inconsecuente, de agente infiltrado, incluso, de soplón. El viaje, su regreso a Ítaca, fue leído por muchos como un acto de traición no solo al exilio, sino, también, a sí mismo, a su propia biografía de “gusano”.