“La plaza Mantilla era una hermosa alameda de recreo, donde los paseos y los árboles conformaron un paraje admirable”.
“La plaza Mantilla era una hermosa alameda de recreo, donde los paseos y los árboles conformaron un paraje admirable”.
EE.UU. urge a Cuba en el Día de la Trata de Seres Humanos, a poner fin a la explotación en misiones médicas en el extranjero. Estas operaciones reflejan la “esclavitud moderna”.
Una operación internacional revela la existencia de una extensa red de trata de seres humanos que introdujo a más de 5000 cubanos en Europa, principalmente en España, con unos beneficios de más de 45 M€.
En el corto-medio plazo, Venezuela será libre o será totalitaria a nivel castrista. Occidente debe apostarlo todo a la primera opción.
“Cuando llegué a Miami hace un año, me vi flotando. No tenía casa, no tenía documentos, no tenía trabajo, no tenía dinero, no tenía amor y no tenía país”.
Yo era Elena en ‘Corazón azul’. Me encontraba ante las ruinas de una isla. Por fin dejé de matarme. Ya no podría volver a interpretar a Ofelia.
Con su técnica excelente y su goce singular de pianista acuariana, Diana Carbonell Avtodiychuk genera una danza con sus dedos.
Se ha matado por el hijo que tuvo su mujer el mes pasado. El bebé no debe ser suyo, porque salió bastante negro.
Las imágenes de Diana Markosian de una institución antaño grandiosa tienen un aura de decadencia y plantean una pregunta sobre lo que motiva a los bailarines que quedan.
De Albertine Sarrazin recuerdo su rostro y enseguida pienso en sus pies, que supieron volar tan lejos. Sus pies paseándose por las calles húmedas de París en busca de clientes. Sus pies no aptos para zapatos de tacón. Su pie con mala suerte, destrozado al caer del muro cuando se escapaba del penal de Doullens, una noche fría de 1957, a los diecinueve años.
La idea es sencilla: cada día, durante los próximos cuarenta, publicaré aquí la versión de un poema que nos ayude a pensar el confinamiento. Rutina, refugio, exploración… Que cada lector escoja el uso que quiere dar a este diario en clave.
Cierta vez, reconocido por uno de mis perjudicados, tuve que escabullirme entre el gentío del Downtown de Miami huyéndole a las voces y gestos que me acusaban de embaucador. Hubo quienes, como es natural en estos casos, se me quedaron mirando; pero yo, sin aminorar el paso, miraba hacia el cielo para confundirlos.
Las fresas de mi casa-país llevan años con un sabor amargo. Las temporeras marroquíes que recogen las fresas allá en Huelva, malviven en chabolas y son violadas por los capataces. Los empresarios españoles apenas contratan a europeas del Este para esta labor. No las prefieren rubias. Las prefieren dóciles, pobres, rurales, con hijos a cargo y analfabetas. Las prefieren marroquíes.