La intensidad de Yuyo Sebey consigue una mezcla interesante entre Maikel Osorbo, Ricardo Arjona y algún cantante de baladas.
La intensidad de Yuyo Sebey consigue una mezcla interesante entre Maikel Osorbo, Ricardo Arjona y algún cantante de baladas.
Nos enfrentamos a una paradoja inquietante: mientras que la ciencia nunca ha sido tan accesible, la desinformación y la incultura científica proliferan.
Viajar, también, es perder. Abandonar lo último que las manos de tu madre han tocado.
Lo que se agota no es la capacidad de curar, sino la posibilidad de resistir.
Somos una espina en el zapato del Ministerio de Cultura: cada semana es lidiar con absurdos, censuras y falta de diálogo.
La salvación que pudo ser el Pacto del Zanjón nos da vergüenza propia. La vuelta a la barbarie de los Mangos de Baraguá nos enorgullece.
Somos la misma niña. Yo, en mi origen divino, estelar. Tú, como parte de esta Tierra de sufrimiento.
Por encima del escribidor o redactor, está el escritor. Por encima del escritor, tenemos ahora al escriba.
Jorge Saucedo (1980). Estudió Letras en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es autor de dos libros de poesía: ‘Peltre’ y ‘Ánima y piedra’.
Exorcizar los demonios que atormentan a Cuba y su arte, y que no sean enterradas en una tumba coronada por un epitafio hipócrita.
En el centro de la cuestión hay una pregunta fundamental: ¿Cómo es posible que Israel, una nación conocida por su destreza en materia de inteligencia, fuera cogida por sorpresa?
Tú los duermes en público, Fidel, del malecón para afuera. Que, del malecón para adentro, yo te los meto en cintura, Fidel.
El plan de Biden de ampliar el muro fronterizo en el sur de Texas se enfrenta a una dura reacción local que reaviva debates de décadas sobre inmigración, derechos sobre la tierra y cuestiones medioambientales.
Israel retoma comunidades en torno a Gaza. Las FDI y Hamás se enfrentan en el enfrentamiento más mortífero desde 1948, con más de 1130 víctimas mortales en solo tres días.
La avalancha de videoclips que provocaron los accidentados y populistas festejos por el medio milenio de La Habana, terminan reduciendo la tan llevada y traída cubanía o cubanidad a una panda de fantoches danzantes adictos a la adrenalina, la testosterona y el estrógeno, que fluyen a mares en las paroxísticas cumbanchas.