En la decadente y glamurosa Habana de los años 50, el único lugar donde había que estar era Tropicana.
En la decadente y glamurosa Habana de los años 50, el único lugar donde había que estar era Tropicana.
Alejandro Cardozo-Uzcátegui (Mérida, Venezuela, 1978) es historiador, investigador y politólogo. Profesor en la Universidad Sergio Arboleda, en Colombia. Es autor de ‘Hugo Chávez. El huérfano de la Guerra Fría: una biografía política’, publicado por la Editorial Hypermedia, en 2023.
Preferir es un acto que se inserta, pues, en la cadena de los imposibles. Preferir presupone la escogencia. Esta se expresa en la libertad de elegir.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski no “hizo su tarea” antes de entrar a la Oficina Oval con el presidente Trump y su vicepresidente, JD Vance. ¿Qué salió mal?
La deferencia de Trump hacia el dictador ruso se ha convertido en una imitación total.
Los Estados Unidos continuarán siendo un país maravilloso porque su gente es maravillosa.
Increíble. Las Leylands eran la civilización occidental hecha guagua rodante sobre el asfalto de La Habana.
El plan tiene un costo estimado de $25.000 millones y recomienda tácticas agresivas para deportar rápidamente a 12 millones de personas.
La imagen Cuba que los medios oficiales han reproducido ha tendido siempre a lo paradisiaco, a la hipérbole épica, la movilización triunfal, el entusiasmo, el agradecimiento y la confianza casi ciega en el poder y sus líderes; en fin, el ‘kitsch’ político.
“Esta es una profesión de altibajos y la única forma de sobrevivir es ser una línea recta. No dejar que el éxito o el fracaso se te suban a la cabeza o te destruyan, sino siempre enfocarte en lo único que importa: la próxima película”.
La ficción del proyecto social cubano despojó de sentido a palabras y conceptos. De tanto uso, Castro el mayor logró que revolución o soberanía fueran palabras tan vacías como patria o, incluso, muerte.
Lo que queda de la comunidad judía de Cuba es poco: unos cuantos centenares de personas, quienes, en su mayoría, sueñan con abandonar el país. Damaris Betancourt ha querido fotografiar a los que, a pesar de todo, se quedaron, tal vez contra su propia voluntad.
No he conocido a una sola mujer que no haya sido violentada de una manera o de otra.