El espacio “Dialogar, dialogar”, la mímica del debate en Cuba

Hace unas semanas, el Salón de Mayo del Pabellón Cuba acogió una nueva edición del espacio “Dialogar, dialogar”, una iniciativa conjunta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y la Red de Intelectuales y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH). El debate, que tuvo como tema principal “Cuba, Estados Unidos: peligros y posibles caminos en el contexto actual”, fue conducido por Magda Resik, vicepresidenta primera de la UNEAC, a quien acompañaron los investigadores Ernesto Limia y Abel Enrique González Santamaría. Asistieron, además, Elier Ramírez Cañedo, vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido; Marta Bonet, presidenta de la UNEAC; Yasel Toledo Garnache, presidente de la AHS; así como escritores, artistas e intelectuales afiliados a ambas organizaciones. 



Panel “Cuba, Estados Unidos: peligros y posibles caminos en el contexto actual”. Imagen: página de Facebook de Yasel Toledo (2026).


El Gobierno reactiva la cultura como espacio simbólico de trinchera, confrontación y legitimación en un marco de supervivencia donde la falta de combustible impacta el sector doméstico (ciclos de 2 horas con corriente cada 40 horas continuas sin electricidad), la cadena de servicios públicos (desabasto de agua potable, petrificación de los servicios comunales) y el desarrollo del país (producción agraria, planificación de jornadas lectivas, desempeño sanitario, etc.), presentando este evento como una urgencia política del Estado cubano. En ese tono, los ponentes defendieron a Cuba como referente de dignidad para América Latina y el Caribe y resaltaron el carácter “justiciero” dentro de la identidad nacional, así como “la vocación histórica de los cubanos hacia la defensa de la independencia y la dignidad”. 

Pero, ante la emergencia nacional y el manejo escenográfico de espacios intelectuales en un diseño de comunicación política, ¿desde dónde se ha enunciado por años la soberanía cubana?, ¿qué muestras autónomas e independientes de conciencia nacional han logrado abrirse camino en contraste con el discurso institucional?, ¿cuán diversas e inclusivas han sido la memoria cultural y la identidad nacional en las últimas seis décadas?



Panel “Cuba, Estados Unidos: peligros y posibles caminos en el contexto actual”. Imagen: página de Facebook de Yasel Toledo (2026).


“Dialogar, dialogar” y las premisas de un debate orquestado

Hace al menos una década que en Cuba no puede siquiera hablarse de un debate conducido, donde la inclusión de actores críticos servía para modular una “válvula de escape” dentro del amplio sector intelectual en el país. En paralelo a una crisis económica que dio sus primeras señales de mayor impacto en 2018 —mucho antes de la pandemia y como herencia del cúmulo de políticas fallidas—, el discurso cultural comenzó a cerrarse hasta llegar a prácticas de asedio, represión y exilio asistido. Así, el espacio “Dialogar, dialogar” no celebra “logros” y “conquistas”, sino que, sobriamente, intenta una conciliación, un lavado de manos de la debacle actual. 

El “diálogo”, orquestado, remite más a un acto político que a un análisis diverso: ninguno de los presentes se refirió a las precarias condiciones actuales, resultado de la combinación de un modelo de planificación centralizada ineficiente, un proceso de toma de decisiones personalista y partidista, la emigración masiva de fuerza de trabajo calificada por falta de oportunidades y pluralidad, y una jerarquización del poder que no ha dado paso a mínimas libertades que aseguren programas sociales dignos a la población. En esta zona ya cacofónica, ninguno de los actores orgánicos mencionó a los artistas presos, las iniciativas asfixiadas por la censura, el éxodo de artistas independientes o la coerción que han sufrido sus antiguos colegas.

“Dialogar…” no puede leerse como un foro intelectual independiente, sino como el reporte de reafirmación de una posición gubernamental. La propia prensa nacional hizo eco del evento, definiéndolo como “la voluntad de resistencia ante embates imperialistas”. Sin embargo, la organización que convoca y dirige es la misma que practica la evasión total de la realidad y las necesidades específicas de la sociedad cubana en términos socioculturales; la disposición sistemática para reinterpretar pautas internacionales de derechos humanos, resignificándolas según su monopolio de sentido; la ejecución preferencial de las instituciones culturales como criminalizadoras y ejecutoras validadas de represión; y el moldeo del subconsciente colectivo y del imaginario social a partir de ensayos de identidad y cultura politizados.



Cierre de Congreso UNEAC. Imagen: Prensa Latina (2024).


La REDH y la reproducción de eslabones replicadores del autoritarismo

A falta de organismos que puedan replicar estos postulados fuera de la matrioska estatal, aparece nuevamente la REDH, nacida en el clima político posterior al 11 de septiembre de 2001 y en la rearticulación de discursos antimperialistas en América Latina dentro de la llamada “Batalla de Ideas”, con firmantes oficialistas cubanos y mexicanos. Sus congresos posteriores, en Venezuela, ampliaron sus bases como plataforma de pensamiento y acción política “contra toda forma de dominación y exclusión”. Pero, quizás obviando su principio más publicitado, el grupo funciona como una red transnacional de capítulos, nodos y firmantes, cuya arquitectura política permanece conectada con el eje Cuba-Venezuela y con instituciones culturales estatales o paraestatales de ambos países. El capítulo cubano está adscrito a Casa de las Américas; mientras que, en Venezuela, ha tenido un anclaje recurrente en el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe Rómulo Gallegos (Celarg); al igual que en el ecosistema institucional cultural bolivariano. 

Esta dinámica permite que la REDH aglutine intelectuales, artistas y movimientos sociales orgánicos a los poderes autocráticos de la región, denunciando el imperialismo, el neoliberalismo, el fascismo, el embargo estadounidense a Cuba y las sanciones contra Venezuela, sin expresarse en contra de similares presiones por parte de Rusia, China y otros gobiernos afines. 

Así, la REDH es reactivada por el gobierno cubano como práctica pública para una defensa selectiva de aliados y como mecanismo de diplomacia cultural y embajadora del soft power autoritario. El espacio en que ahora participa “Dialogar…” se confirma como otra cadena de comunicación del mismo dispositivo de control social en Cuba, desde el único ámbito que el Gobierno parece aún dominar medianamente: el de la autolegitimación conexa con redes de sostén autoritario.



Reactivación de la REDH en Casa de las Américas. Imagen: Gobierno de La Habana (2025).


¿Asedio externo o represión interna? La verdadera responsabilidad del Estado cubano

Para un intercambio honesto con los postulados del panel, se debe distinguir entre la presión ejercida actualmente por el gobierno estadounidense y su impacto inmediato en los cubanos de a pie, y la larga herencia de una administración disfuncional que ya había dejado a la Isla a la deriva antes de enero de 2026. Pero, sobre todo, entender la prisión política y la persecución cultural como un engranaje de ese mismo dispositivo. 

Prisoners Defenders documentó en abril de 2026 un récord de 1 260 presos políticos, con nuevas incorporaciones, denuncias de torturas y amenazas, y al menos 14 menores de edad encarcelados. Se prevé que estas cifras aumenten con la extensión de las protestas ciudadanas y la criminalización estatal como única respuesta al hastío social. Por su parte, Freedom House ha clasificado al país como “no libre”, con apenas 9/100 puntos, donde cita la proscripción del pluralismo político, la prohibición de medios independientes, la supresión de la disidencia y la restricción severa de las libertades civiles. 

En esta cifra cuentan numerosos artistas cuyo encarcelamiento por usar su libertad de expresión ha reportado el ODC; represión, además, que no se limita al castigo penal, sino que busca disciplinar el campo artístico, producir exilio, quebrar redes familiares y laborales, y convertir la creación independiente en una zona de riesgo político permanente. Al menos 27 creadores han sido castigados por el Estado cubano por su negativa a renunciar a una voz propia en su participación cívica.[1]



Campaña de ODC #Libertad #Todos. Fuente: X: @ODC_Cuba (2026).


En este rigor, el ODC denuncia la capacidad del Estado cubano, según los intereses para la permanencia de la élite de poder en Cuba, para permitir la entrada de flotillas extranjeras vs. la prohibición de entrada de sus propios nacionales; la condena del “bloqueo” vs. el encarcelamiento de artistas y activistas cubanos; la exposición del impacto de presiones estadounidenses y el retroceso de programas socioeconómicos vs. la celebración de festivales vitrinas (inicio del verano 2026 en Varadero y Romerías de Mayo).

El ODC rechaza la conversión de demandas éticas en amenaza, así como el fortalecimiento de la denuncia “mercenarista” contra acciones cívicas necesarias en la memoria nacional cubana. Esta es una economía de la apropiación, donde el gobierno cubano sigue capturando bienes materiales e inmateriales. La disonancia de la que participan los comisarios nacionales y los militantes extranjeros tergiversa profundamente la visión de la supervivencia en la Isla. 

Por último, el ODC recuerda que, aunque parezca que Cuba adolece de un proyecto emancipador en medio de una economía política de la extracción, sostenida por pobreza interna y violencia estatal, las voluntades democráticas tanto dentro del país como en la diáspora continúan (re)pensando la nación más allá del eslogan de soberanía del Comité Central.






[1] https://rialta.org/artistas-cubanos-prisioneros-politicos-observatorio-derechos-culturales/.






diario-de-la-invasion-iv

A Marco Rubio le quedan pocos días como Secretario de Estado.

Por Orlando Luis Pardo Lazo