Hace una semana, medios de prensa mexicanos dieron a conocer que las agencias Turismo Popular, Taíno Tours y Prelasa suscribieron una alianza con el respaldo de la Embajada de Cuba en México para crear un paquete multidestino entre ambos países. Al respecto, la consejera de Turismo de Cuba en ese país, Aleinor Zerquera, afirmó que el propósito era ampliar la oferta turística regional y abrir una primera fase de proyectos conjuntos con vistas a fortalecer el flujo de visitantes, dentro de la cooperación económica y cultural que sostienen ambos gobiernos.
También precisó que el acuerdo busca conectar el Mundo Maya mexicano con Cuba, de modo que en un solo recorrido se combinen sitios arqueológicos y ciudades patrimoniales mexicanas con patrimonio de la UNESCO, ciudades coloniales, música y playas cubanas. De este modo, la zona maya mexicana, en especial el polo de Cancún, se enlazará con La Habana, Cienfuegos, Trinidad y Viñales, así como con el sector costero; para lo cual se prevén vuelos directos Cancún-La Habana a partir de agosto, en conjunto con eventos culturales en Varadero.
Anuncio de colaboración. Imagen: página de Facebook de Taki Latam (2026).
El convenio puede leerse como una apuesta por el multidestino Caribe-Mesoamérica. Sin embargo, la propia retórica de las promociones lo presenta como una vía para fortalecer vínculos históricos entre México y Cuba “a través del turismo y la cultura”; mientras que, desde la parte cubana, se formula como respuesta al endurecimiento del entorno económico externo.
México y Cuba: el acercamiento cultural, educativo…y político
En los últimos años se ha consolidado un acercamiento político México-Cuba, especialmente visible en los terrenos cultural, editorial, académico y educativo. Desde el inicio del gobierno de López Obrador, el ODC ha registrado un evidente acercamiento por la vía cultural y académica con expresiones como la apertura del Centro Cultural México-Cuba Benny Moré en Ciudad de México, el Foro Cuba-México de industrias culturales y creativas, la reinauguración del Museo de la Hermandad México-Cuba, la invitación a la Isla como País de Honor del Cervantino 2021 y su inclusión en la iniciativa “25 para el 25”, así como la activación de redes intelectuales diversas. El Observatorio ha reiterado que esas iniciativas no son neutrales, sino que contribuyen a normalizar la imagen exterior del régimen cubano, a canalizar fondos y oportunidades de financiamiento, y a ampliar su capacidad de influencia en el continente.

Presentación en el Capitolio Nacional de La Habana, por parte de autoridades cubanas y gestores de “25 para el 25”. Imagen: página de Facebook de Casa de las Américas (2025).
Según la organización Consorcio Justicia, en los últimos cuatro años se ha firmado al menos una veintena de contratos con marcos jurídicos poco transparentes o parcialmente divulgados entre México y Cuba en áreas como la salud, la educación, el deporte, el turismo, la energía y asistencia humanitaria. En lo turístico, el Programa de Acciones de Cooperación Turística (2025-2028), aprobado por la secretaria mexicana de Turismo Josefina Rodríguez, y el ministro cubano Juan Carlos García, incluye la creación de rutas conjuntas, la capacitación en gestión hotelera, la formación de guías, el marketing y la promoción digital, y el intercambio de experiencias institucionales. Sin embargo, no existen registros de los recursos presupuestarios comprometidos, de los indicadores de resultados ni de los mecanismos de evaluación, lo que induce a una ayuda directa, teniendo en cuenta que gran parte de la infraestructura turística cubana está controlada por GAESA y su subsidiaria Gaviota, conglomerados vinculados a las Fuerzas Armadas. En este caso, la cooperación sectorial podría fortalecer de modo directo la economía turística militarizada, cuyas cuentas no son auditables.
En este sentido, la objeción no es contra todo intercambio cultural, sino contra una modalidad específica en la que el único interlocutor legítimo reconocido por los socios internacionales es el Estado cubano y sus organizaciones satélite, haciendo oídos sordos a las vulneraciones a los derechos socioculturales en el país. El patrón de cooperación autoritaria que gobiernos como el mexicano aseguran a Cuba ofrece redes diplomáticas, ONG afines, grupos solidarios e instituciones extranjeras que cooperan con el aparato cultural oficial de La Habana de una forma que, en la práctica, refuerza las estructuras del poder, excluye a la sociedad civil independiente y contribuye a la legitimación internacional del régimen.
Es en este campo de coalición política en el que se inscribe el nuevo circuito turístico Mundo Maya-Cuba, un episodio más de una relación bilateral en la que el patrimonio cultural se convierte en herramienta de política exterior. Sobre todo, este acercamiento se da como válvula de escape, como soga salvadora a un régimen colapsado e ineficiente cuya administración prioriza el control mayoritario tanto de la economía como de la ciudadanía.
La crisis cubana y la búsqueda de legitimidad
Se debe recordar que esta ofensiva de vinculación cultural y turística ocurre cuando Cuba atraviesa una crisis multifactorial extremadamente severa, con un deterioro profundo de los servicios e infraestructura y una producción en mínimos históricos. Valga aclarar que esta situación no es nueva, ni consecuencia única de las más recientes medidas coercitivas de Estados Unidos, ni resultado indeseado de la recesión pos-covid. Ya desde finales de 2018, mostró síntomas de deterioro, en 2019 se declaró una “Coyuntura” como forma cosmética de anunciar la crisis y, para 2023 y 2024, la economía comenzó a mostrar un crecimiento negativo aún más alarmante. Según la CEPAL, esta contracción, junto a la de Haití, ha tenido una fuerte influencia en el promedio regional de crecimiento para Centroamérica.
En específico sobre la rama del turismo por la que el convenio de marras apuesta, las previsiones tampoco son mínimamente favorables, identificando un terreno inseguro, inestable y poco atractivo para el visitante extranjero. La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) reportó que, entre enero y mayo del presente año, Cuba recibió 615 197 viajeros, apenas 52,4% del volumen del mismo período de 2025, y solo 359 491 visitantes internacionales, equivalentes al 41,6% del año anterior; en el mismo corte, la llegada de viajeros procedentes de México también se redujo de 22 407 a 14 865.
Este panorama no ha hecho más que contraerse desde enero de este año. En febrero, la falta de combustible llevó a cancelaciones masivas de vuelos, cierre o reconfiguración de hoteles por grandes cadenas. Tras la retirada o reducción de operaciones por parte de aerolíneas, se reporta una Habana Vieja cada vez más vacía.

Cafés vacíos en el Casco Histórico. Imagen: El Clarín (2026).
Una apuesta por la economía de servicios en un país sin vías, energía, ni personal especializado, con más incertidumbres que ofertas o atractivos, parece más oxígeno político que contrato realista. Téngase en cuenta que, durante la última década, los veranos han sido afectados por crecientes contagios de aerovirosis, llegando el año pasado a un colapso hospitalario y a fallecimientos asociados a la fiebre de dengue y chikungunya. Las condiciones para la proliferación de agentes transmisores incluso se han extendido conforme aumentan los vertederos de desechos en áreas urbanas y los salideros de aguas albañales.
Tanto en el sector empresarial estatal como en el privado, no existe disponibilidad de combustible para ofrecer un mínimo de disfrute de bienes y servicios con alcance para la industria turística sin que estén golpeados por la inflación y una débil capacidad de reposición y variedad. Entre enero y marzo de 2026, la ONEI registró una caída de las ventas de bienes y servicios a 76,4% del nivel del mismo período de 2025, una reducción de la producción de bienes y servicios a 94,1% y un aumento del número de entidades con pérdidas de 278 a 365.
Un escenario apagado, enfermo e inseguro sitúa a la Isla muy en desventaja en comparación con otras zonas turísticas de la región. La distinción casi “antropológica” que mantenía al país como destino de interés, siendo la distopía socialista del trópico, también se difuminó cuando el Gobierno eligió mantener su postura de control durante la promisoria etapa de apertura hacia 2016, y luego, al responder con represión sostenida contra los reclamos que emergían tras sus políticas fracasadas. El personal especializado, en gran medida joven y universitario, también ha abandonado el país durante las últimas olas migratorias. La Organización Internacional para las Migraciones identifica a Cuba como el principal país emisor del Caribe en términos absolutos, con más de un millón de emigrantes, equivalentes a aproximadamente 10%-15% de la población.
Para los que quedan, el panorama tampoco es satisfactorio. Se trata de una población cada vez más envejecida, desencantada y desapegada al supuesto proceso histórico que, por décadas, alimentó el mito de la “Revolución”. Para quienes exigen una vida digna, también hay repercusiones severas: según Prisoners Defenders, a finales del mes pasado se contabilizaban 1 306 presos políticos en Cuba, con un promedio de hasta una treintena de nuevos casos al mes, en su mayoría procedentes de manifestaciones ciudadanas.
En ese contexto, el gobierno cubano entiende que ha perdido el poco consenso interno que aseguraban las políticas de masificación y que su último sostén es buscar la legitimidad en el eco exterior, incluso cuando la narrativa de legitimación por desempeño esté tan distorsionada. Ahí entra a jugar la coproducción mexicana y su apoyo progubernamental al facilitar la naturalización de esa distorsión a través de la funcionalidad del patrimonio, el turismo y la cultura; la captación de divisas, visitantes y socios en un momento de asfixia económica; la proyección de una imagen de normalidad cultural, de inserción regional y de vida pública activa; y el enmascaramiento de la erosión del respaldo interno.
Patrimonio, turismo y autocracia desde los derechos culturales y sociales
La relatoría especial de la ONU sobre derechos culturales insiste en que el patrimonio incluye el derecho de individuos y comunidades a conocerlo, comprenderlo, acceder a él, usarlo, mantenerlo e intercambiarlo. UNESCO, por su parte, recuerda que la participación amplia en la vida cultural requiere condiciones sociales y económicas que permitan a la población no solo disfrutar de la cultura, sino intervenir activamente en su desarrollo.
En el plano de la gestión patrimonial, la doctrina internacional sostiene que el turismo debe gestionarse de forma eficiente, responsable y sostenible, articulando el valor patrimonial con el desarrollo local. En este sentido, el turismo patrimonial es legítimo cuando protege el bien, reparte beneficios, respeta los valores del lugar y reconoce a las comunidades como sujetos de gobierno, no como simple decorado.
Sin embargo, este sistema es distorsionado y reutilizado en autocracias mediante el patrimonio como una tecnología de gobierno para distinguir de forma centralizada qué pasado se exhibe, qué memorias se silencian, qué artistas o guías son autorizados, qué zonas se restauran y cuáles se dejan caer, y quién puede hablar en nombre del sitio patrimonial. Autocracias como las cubanas, venezolanas, nicaragüenses, sirias o chinas han sido señaladas por su desinterés y/o expoliación del patrimonio nacional, lo que ha resultado en la pérdida y el menoscabo de monumentos, bibliotecas y fundaciones dedicadas a la preservación de la memoria cultural. Son los mismos gobiernos sobre los que pesan acusaciones de persecuciones, detenciones, tortura y represión contra artistas, intelectuales y otros miembros de la sociedad civil.
Turista tomando foto de un monumento en Xibaipo, Hebei Province. Imagen: Global Times (2021).
En China, por ejemplo, el llamado “turismo rojo” es discutido como vitrina donde los sitios patrimoniales e históricos pueden servir para reforzar la legitimidad del régimen a través de la formación identitaria, el encuadre político del pasado y la movilización nacionalista. En consecuencia, conviene señalar algunos de los riesgos que compromete el patrimonio en autocracias:
- la selección ideológica del pasado: el patrimonio se presenta como herencia nacional común, pero en realidad se ordena para validar una narrativa estatal;
- la exclusión de actores independientes: comunidades, artistas, académicos, guías, asociaciones vecinales o proyectos cívicos solo participan si aceptan las reglas del discurso oficial;
- la captura distributiva: los ingresos, la visibilidad y la inversión se concentran en circuitos privilegiados mientras el resto del territorio soporta escasez y deterioro;
- la escenificación de normalidad: el patrimonio restaurado y el turismo activo funcionan como prueba performativa de que el sistema “funciona”.
Lo anterior no significa que el proyecto turístico-patrimonial entre México y Cuba sea, por definición, ilegítimo. Sin embargo, un corredor bien diseñado debería garantizar participación significativa de comunidades locales, trabajadores culturales y pequeños actores privados; transparencia sobre beneficios y gestión; no discriminación en el acceso y la representación; y un reparto de beneficios que no convierta los enclaves patrimoniales en islas de consumo aisladas de la precariedad circundante.
Ciertamente, la Isla necesita divisas y conexiones, y su patrimonio histórico y natural es, sin dudas, valioso. Pero mientras el Estado cubano mantenga el monopolio político sobre la representación cultural, las libertades de asociación, expresión y prensa sigan restringidas, y la población padezca una crisis de servicios básicos de la magnitud descrita, el turismo patrimonial debe analizarse como un asunto de derechos.
El ODC recuerda, por tanto, que el patrimonio no debe tratarse como una reserva simbólica del Estado ni como un simple activo de mercado. Debe entenderse como un bien vivo, cuyo sentido pertenece también a quienes lo habitan, lo trabajan, lo interpretan y lo transmiten. El Observatorio también advierte sobre la escalada en la escenificación autoritaria que busca el Estado cubano para su propia sobrevivencia, con el costo agregado de una nación espoleada y una población en supervivencia extrema.

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