La Maravillosa Utopía: dos bolas de helado y un trocito de cake


Para Virgilio Piñera, el escritor más grande de Cuba, 
en el 70 aniversario de 
Cuentos fríos.
Para Calvert Casey, el hombre de San Isidro.


Uno.

Noche insular.

El Gordo y el Flaco. Dos hambres. El Flaco se come al Gordo. El Gordo y los pasteles de guayaba. El Flaco y los espaguetis de los jueves, durante los intermedios del juego de canasta.

Jardines invisibles. Jardines imposibles.

Ay, Lezama…


Dos.

Alguien les preguntó a los músicos cómo se llamaban. 

—Amanda y Joseíto —dijeron al unísono. 

Joseíto era gordo y tímido. Amanda era flaca y atrevida. Bromearon extensamente acerca de ellos mismos. No tuvieron reparos en decir que a veces les gritaban “El Gordo y La Flaca”.

—El gordo amenaza siempre con comerse a la flaca —reveló Joseíto. 

—Pero la flaca termina por comerse al gordo —aclaró Amanda.

Risas y demás. 

—¿Ustedes cantan? —preguntó el pintor. 

—Y recitamos —contestaron. 

—Boleros y esas cosas, ¿eh? —indagó el crítico. 

—Canciones —precisó Joseíto—. Poemas convertidos en canciones. 

—¿Poemas escritos por ustedes? —quiso saber el crítico. 

—Muchos no son nuestros —explicó la flaca—. Por ejemplo, Muerte de Narciso

—Eso es imposible —dijo sobresaltado el crítico. 

—¿Qué tú crees, Amanda? —propuso Joseíto mordisqueando un tabaco—. ¿Cantamos mi versión de Muerte de Narciso o le explico qué es un poliedro branquial o una hipnótica anémona tumefacta?


Tres.

Antes había aquí dos flamboyanes enanos, pero la basura los mató. Ahora solo se ven bolsas plásticas, gatos, ofrendas que se pudren y mierda de perros.

Ayer por la tarde, asomado sobre el tramo de calle que el basurero aún no ha devorado, vi a dos viejos. ¿Que la miseria es muy fea? Bueno, ese lugar común se repite en Cuba de modo obsceno y se adentra en el mundo de la abyección.

Hay que repetir eso cuando escuchas frases de optimismo que, además, piden optimismo con mucho empaque y gran honorabilidad. Existen un montón de posibilidades de que me equivoque, pero hoy el optimismo procede de mentes catatónicas o de mentes del Absoluto-No-Empático.

“La parte de rutina es mucho mayor que la parte de sufrimiento”, escribe Piñera.

“¿Quién renuncia a una querida costumbre?”, pregunta Piñera.

Me gusta pensar que soy un Viajero del Tiempo, un testificador de La Enfermedad Total. Cáncer. Metástasis. Renovación de fases. 

Pero cáncer viviente, reproductivo. Cáncer con un hambre insaciable. Al cáncer le gusta comer carne joven y sana, por ejemplo.


Cuatro.

Los viejos eran dos ejemplos tangibles (y audibles) de la desdicha. Dos viejos temblorosos, como asediados por el miedo. Dos viejos pánicos

Hay algo significativo cuando ves a un viejo en camiseta y con short harapiento, manejando dos bastones, caminando lentamente, sin hablar (o murmurando), junto a una vieja que maldice tan alto que puedes oírla. 

La vieja se mueve agitando los brazos y tiene una especie de vestido largo que fue rojo alguna vez.

—Ese dinerito…, mira, mira…, ese dinerito…, yo lo que quiero es comerme dos bolas de helado con un pedacito de cake… ¡eso es lo que quiero, chico! Y se lo dije, tú sabes que se lo dije —exclama la vieja. 

El viejo la sigue en silencio. Su andar se hace más lento.

Espero que La Maravillosa Utopía no los abandone. Porque La Maravillosa Utopía no abandona a ninguno de sus hijos.

Espero que haya dos bolitas de helado por ahí.

Espero que aparezca un trocito de panetela.


Cinco.  

El insomnio es una cosa muy persistente. La gran metáfora de Virgilio Piñera sigue en pie. 

Porque te mueres y sigues sin poder dormir. Porque hay mosquitos, calor y no puedes encender el ventilador. Porque te tragas una Benadrilina y es como si nada. No lo consigues.

Luego de empezar a sospechar que las tinieblas irían en busca de su refinamiento (un apagón de 24 horas bien ordenadas, consecutivas, muy lindas y muy exactas), el Viajero del Tiempo escucha la algarabía y detecta canciones románticas: voces matizadas por el alcohol, voces jóvenes. 

De acuerdo con lo que puede escucharse, no hay violencia allí. La madrugada empieza y hay un calor monstruoso. El Viajero del Tiempo mastica ahora un somnífero (el antihistamínico no ha producido el menor efecto) y aun así el sueño no llega.

El Viajero del Tiempo ha pensado en acudir al médico. Lo hará en algún momento, escéptico.

“Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme”, apunta Piñera.

Abre el balcón. Mira. Escucha. Las voces cantoras están a unos 100 metros. Es una suerte, porque la esposa del Viajero del Tiempo descansa.

Se aparta del balcón. Hay moscas. Cierra los ojos un instante. No se deja vencer por la contumacia de lo real (lo real como irrelevancia escolástica y como cuchillo de carnicero).


Seis.

Antes ahí crecían las frondas de los flamboyanes enanos. Antes. Mucho antes. En el parterre. Flores como diminutos y hermosos incendios.

Ahora crecen la gallina muerta y la indecencia. Y, unos metros más allá, el hedor de la fosa séptica, que habla fuerte a los caminantes.

La fosa séptica, los niños curiosos, el camión que trae los instrumentos de la destupición, los espíritus de la gente muerta antaño (en la misma cuadra donde vive el Viajero del Tiempo) atrapados allí, ancorados por la devastación, la tristeza y la oscuridad.


Siete.

La fe es el arma de los fieles, compañeros.

En una fábula sobre cautivos, tan extraña como providencial, titulada “Un fogonazo”, Piñera escribe: “Sonrían. Hagan como si estuviesen en el mejor de los mundos posibles. Recuerden: la posteridad los juzgará por esta sonrisa. De modo que llénense, amigos, de felicidad. El tiempo apremia”.

Tener fe en el fiel de la balanza, de la pesa (si no ha sido alterada). Dubito, ergo cogito, ergo sum

Descartes no descarta el débito ergonómico, la miseria que pútrida se extiende, la moribundia, los cogollos de las palmas, los cogollitos felices de la gente rica. Suma todo, ¿y qué da? 

Cuba, 2026.

El Viajero del Tiempo recomienda la lectura de El pescador, de John LanganPiranesi, de Susanna ClarkeAhí afuera gritando (antología de Black Horror del cineasta Jordan Peele)Cacheo, de Dennis CooperZona, de Mathias Enard, y, por supuesto, Cuentos fríos, de Virgilio Piñera.

Leer y no morir. Leer y soñar. Y esperar.

To sleep: perchance to dream…

Tener a Shakespeare a mano. Mejor así.






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