La gallina pescuesipelá siempre mira a mami, como si se riera de ella, como si le dijera burra con esa cara de burra que tienes. Se le están cayendo las plumas desde hace un mes y cacarea desde hace un mes como si tosiera, tiene un cujo cujo, dice mami, esa gallina ronca y pescuesipelá con los ojos salíos. Mami no la quiere, dice que es fea, mami también le grita burra, gallina burra que ni huevos pone y siempre con hambre, gallina burra, qué me miras, qué quieres que te dé, qué quieres ¿eh?, con el pico sucio abierto, mirando siempre de reojo.
Yo sé que mami quiere matarla, romperle el pescuezo pelado y hacer sopa, arroz, comida para una semana, pero Javi le pidió que la cuidara. Cuídamela, por favor, no te la comas, así le dijo, porque nosotros sabíamos que los humanos comemos animales, nos lo contó un niño en la escuela, eso y que para comerlos había que matarlos, retorcerles el pescuezo, más o menos así, pones las manos y así, rápido, le das vuelta y se quedan temblando, calientes.
Papi nos dijo que tiemblan sin querer, le preguntamos si era verdad y dijo que sí, que, aunque la gallina esté muerta todavía tiene nervios en el cuerpo, espasmos, dijo, como si estuviera viva, hasta que se queda quieta quietecita. Y por eso antes de irse, Javi le dijo a mami que le cuidara la gallina, que no se la matara. Pero mami se está cansando y cuando mami se cansa de las cosas dice lo del río, un día de estos me voy a tirar al río, lo dice bajito, de momento, y yo nunca sé qué hacer cuando ella quiere tirarse al río. Y a eso le dice mami estar cansada de verme la carota embelesada mirando el patio o de ver a la gallina pescuesipelá con los ojos salíos pidiendo comida.
Por eso yo creo que mami le va a decir a Javi que la gallina se enfermó y va a llamar a papi para que resuelva todo, lo sé porque cuando mami dice que papi es de oro es porque está cansada y papi ha venido a resolver cosas, papi ya no quiere a mami, pero yo creo que sabe que si se tira al río de verdad, él tiene que quedarse conmigo para siempre, y llevarme a su casa, pero él no sabe prepararme la comida ni el baño, ni bajarme la fiebre, por eso siempre viene a salvar a mami y ella dice que papi es de oro, ese hombre es de oro, dice, y hasta quiso a Javi como si fuera su propio hijo, pero el otro, ese hijo de, y mami se calla y la gallina pescuesipelá cacarea en el fondo del patio, porque todo el mundo sabe que el papá de Javi está lejos y que mami se quedó solita y apareció papi y después aparecí yo y así hasta que nos volvimos a quedar solitos, son cosas que pasan, me dice la maestra cuando no puedo aguantar las ganas de llorar y lloro más por no poder aguantar.
Pero Javi se lo había dicho, no la mates, mamá, no la mates y ella qué va a hacer, es que no me atrevo, dice cuando la gallina cacarea y la mira con ojos de pollo degollado, porque la gallina pescuesipelá seguro debe extrañar, que sí, que los animales extrañan y esas mismas cosas que nosotros, que reconocen voces, yo podría reconocer la voz de Javi donde sea, en cualquierita lugar, lo juro, hasta por teléfono, se lo aposté ese día, ¿qué te juegas?
Fue cuando el documental, cuando Javi todavía estaba aquí y me decía mira, Tico, mira lo que están diciendo y no teníamos más nada que hacer que ver la televisión, a veces muñequitos, a veces las teleclases o programas de esos que a Javi le gustaban, programas de gente grande, y allí vimos lo de que los animales también extrañan y ese día nos sentamos en el patio, aquí mismo, al lado del cilantro, a mirar a la gallina pescuesipelá, pensando si lo iba a extrañar y después vino la otra pregunta y yo le dije a Javi que sí, que más o menos, porque los hombres no lloran y eso, normal, Javi, normal, pero nos quedamos así juntos, aquí, arrancando las punticas del cilantro, que pinchan muchísimo, mirando el patio, callados, hasta que mami nos gritó desde la cocina que hiciéramos las tareas, y ya era muy aburrido eso de la escuela en casa, por culpa del virus, que desde la pandemia no habíamos ido más a la escuela y mami no estaba trabajando y yo creo que no nos alcanzaba mucho el dinero, porque mami a cada rato decía que estaba cansada y se iba a tirar al río, y nos miraba desde la máquina de coser haciendo nasobucos para vender, todo está oscuro con esta pandemia de mierda, decía mami.
Gris con pespuntes negros, eso lo decía también, mientras cosía y cosía y cosía, mientras nosotros veíamos las clases en la televisión y hacíamos las tareas en la mesa de la cocina y jugábamos en el patio donde la gallina pescuesipelá se escondía detrás de una palangana oxidada y desde allí asomaba las plumas, como riéndose con nosotros.
Digo yo que es normal que mami se canse y se quiera tirar al río y lo diga, a veces yo también me quiero tirar a un río, pero desde que Javi no está, mami lo dice a toda hora, aunque después se da cuenta que estoy delante de ella y se pone a llorar, entonces le paso la mano hasta que se queda suavecita y se seca los ojos rojos, y dice ya ya, y se pone a hacer la comida, para que yo venga al patio a jugar, así como ahora, pero es medio aburrido.
¿Qué estará haciendo Javi ahora mismo? A lo mejor está viendo documentales, y seguro llama por la noche, me habrá comprado un Mickey Mouse vaquero, con sombrero y cinto vaquero, qué rara es la cabeza de la gallina pescuesipelá, es dura y caliente, se siente como un brazo arrugado, un huequito, abro un huequito en la tierra, hundiendo el dedo, tratando de dibujar los ojos de la gallina.
Desde hace un mes es así, después de las teleclases vengo al patio y me siento a mirarlo todo, siempre hay mucho calor, como hoy, sudas como un animal, dice mami, y las tripas me suenan, pero me quedo aquí al lado del cilantro, mirando el patio enyerbado y la mata de limón, entonces le grito a mami que hay que cortarla y mami mira por la ventana y se da cuenta de nuevo que la mata de limón también se secó de tanto calor y los gajos parecen espinas gigantes, y cuando responde mañana le pido a tu papá que venga y lo haga, yo ya no puedo aguantar el llanto de nuevo, se te olvidó regarla, digo bajito, y mami grita que va a matar a esa gallina, qué miras, burra, cállate, y la gallina pescuesipelá corre lejos y cacarea con hambre, como cuando Javi le daba la comida y le cambiaba el agua y recogía los huevos y me decía mira, Tico, un limón blanco y yo iba corriendo hasta el patio a ver el limón blanquísimo junto al limonero y después era para morirse de la risa porque claro que eso no es un limón blanco y Javi que sí, que es un limón y yo que un huevo y Javi que si fuera un huevo estaría en el nido y yo que esa gallina estaba loca y ponía donde le daba la gana, y Javi que él había visto cómo se caía el limón blanco de la mata, y yo ¿qué te quieres apostar? A ver, tíralo a ver si se rompe; y mami que con la comida no se juega, no se juega, muerta de risa.
Digo yo que está pescuesipelá porque extraña, nos pasábamos el día aquí en el patio, para no contagiarnos del virus, jugábamos a las carreras de caballos y gritábamos como en películas de esas que me gustan y que veía con Javi en el mismo canal donde dan los documentales que a él le gustan, así hasta que mami nos llamaba y a bañarse y hacer las tareas y después comer, que cuando terminábamos eran como las nueve de la noche y ella estaba muerta muerta de cansancio que no es muerta de risa, ni el mismo cansancio de cuando dice: qué cansada estoy, un día de estos me tiro al río, más desde que Javi se fue en el avión humanitario ese que pusieron, que no sabemos si es un avión normal, o más bueno, o más rápido, pero de todas formas, así cansada, mami nos dejaba ver muñequitos hasta las nueve y media de la noche, cuando entraba la llamada y ella gritaba Javi coge el teléfono que es tu papá y yo trataba de escuchar qué decían, pero solo oía ajá, ajá, y después ok, cuándo, ok, ¿pero tiene que ser ahora?, que sí voy a firmar, y esas cosas que a veces yo entendía y a veces no.
Como las películas, no las entendíamos, pero sabíamos que en algún momento aparecería una pistola o un vaquero en un caballo a terminar con todo, y ya, todo acababa bien, y como me aburría de oír la conversación me iba a la sala a seguir viendo muñequitos, el de Mickey Mouse en el oeste montado en un caballo yijaaaa y Javi me decía que cuando su papá se lo llevara, me iba a mandar un Mickey Mouse vaquero, que allá vivía Mickey, o mejor un caballo, o mejor me mandaba a buscar en un avión humanitario, que todavía no sabemos qué cosa es, y el otro día Javi me contó que es como uno normal, pero Javi nunca había montado avión, igual que yo, ¿tú qué vas a saber? ¿Qué te apuestas a que no?
Entonces me quedaba pensando en que mejor no, porque si yo me voy con Javi a mami le va a dar de nuevo el cansancio y ahí mismito se tira al río, pero el río de verdad, así que le apretaba el brazo a Javi y le decía chico llévate a la gallina y nos acordábamos del limón blanco, riéndonos, riéndonos hasta no aguantar más el dolor en la barriga y mami que nos calláramos y nos fuéramos a dormir, muerta de risa, así era hasta hace un mes, que Javi se fue y no pudo llevarse a la gallina pescuesipelá en el avión, mami no me la mates, y aquí está el bicho ese, mirándome con los ojitos salíos.
¿Qué mirará la gallina pescuesipelá esta? ¿Eh? Qué mirará con esos ojos, si mañana no pones, te mato, se ponen las manos así, rápido, así, y después cuando mami me pregunte le digo que te moriste de tristeza como aquel perro del documental que su dueño se fue a la guerra y no regresó y el perro iba todas las tardes al tren a ver si lo veía pero nunca volvió y el perro se murió y cuando Javi llame también le digo que te moriste de verdad aunque ahora me mires con los ojitos salíos me mires y yo siga jugando con el dedo en la tierra más y más hacer un hueco con mis manos más y más y más grande.
Un hueco de verdad.










