¿Qué se ama cuando se ama un país? ¿Un territorio, una lengua, una memoria, una costumbre? ¿O una idea que exige permanencia?
¿Qué se ama cuando se ama un país? ¿Un territorio, una lengua, una memoria, una costumbre? ¿O una idea que exige permanencia?
Esperar que a partir del 20 de enero las aguas vuelvan a su nivel y la retórica de perros ladrándose patio de por medio vuelva a ser lo corriente.
Me digas lo que me digas, baile contra quien baile, yo siempre voy a subir la apuesta y a trastocar la lógica del juego, maldita sea.
Cuando las circunstancias precisas lo exigen, todos somos capaces de relativizar el apego a la ley moral y al concepto universal de lo bueno.
Nos vamos a abrazar llorando. De hecho, ya estamos llorando abrazados.
Aspirar a una revolución verdadera desde la distancia se asemeja a un acto de crueldad.
No fue el final que muchos esperaban, pero sí fue el día en que el autoritarismo dejó de moverse sin costos y sin testigos.
Alicia Borinsky (1946). Académica, poeta y escritora de narrativa. Profesora de Literatura latinoamericana y contemporánea, y directora del Programa Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Boston. Ha publicado extensamente en español e inglés, tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica y Europa.
La misma Norah Jones que comparte el premio Grammy con artistas como Maykel Castillo “Osorbo”, actualmente condenado a nueve años de prisión, o Yotuel Romero, quien tiene prohibida la entrada a la isla.
Benjamín Netanyahu promete un control de seguridad indefinido sobre Gaza tras la guerra, lo que hace temer una ocupación permanente.
La BRI de China se expande por todo el mundo, suscitando el debate sobre su objetivo: crecimiento económico o estrategia diplomática para atrapar la deuda.
Seis atletas cubanos habrían abandonado su equipo en Chile tras los Juegos Panamericanos; aún no se ha solicitado asilo.
Lewiston, Maine, conmocionado tras un trágico tiroteo que deja 16 muertos y decenas de heridos. Las autoridades inician una persecución del sospechoso, Robert Card.
Apareció la oportunidad: las apps de citas. Para asiáticos, latinos, para toda “raza”, denominación o creencia. Hace un año, la aceptación de este tipo de cosas en EE. UU. era de un 29 %. Pero en un país donde no hay tiempo para casi nada, no importa la aceptación. La usas y ya. “Es un entretenimiento, qué puede pasar…”.