No te sientas solo, Maduro. Todos permaneceremos aquí, encarcelados o carceleros, al alcance de la mano.
No te sientas solo, Maduro. Todos permaneceremos aquí, encarcelados o carceleros, al alcance de la mano.
Alfonso Quiñones es un poeta y periodista cubano. En noviembre de 2024, presentó su antología ‘Segundo libro de los olvidos’ (Hypermedia).
Israel es odiado no por haber usurpado territorios que los árabes consideraban suyos, sino por ser la punta de lanza de Occidente en ese ámbito del Oriente Medio enquistado en el despotismo y el atraso.
Un secreto a voces, entre el pueblo cubano y la insolencia de su gobierno.
No es la democratización de la creatividad y el conocimiento, sino la merma acelerada de su calidad y la pérdida de paradigmas idóneos.
Vio la ciudad inundada por el mar. Se vio flotando junto a su padre muerto.
Cuando la tecnología deja de ser neutral.
Cáigansenos los brazos antes de herirlo, porque nos herimos a nosotros mismos.
Algunos de estos poemas de Néstor Díaz de Villegas podrán ser leídos como afrentas a la moralidad o a las buenas costumbres. But who cares?
Lionel Messi gana su octavo Balón de Oro, reavivando la histórica rivalidad con Cristiano Ronaldo, quien reacciona con emojis de risa.
¿Es la revolución noruega del coche eléctrico una hoja de ruta hacia la sostenibilidad o un obstáculo para objetivos de tránsito más amplios?
La intensificación de los ataques aéreos israelíes contra un dirigente de Hamás causó cientos de víctimas en el campo de refugiados de Jabalya, densamente poblado.
Los cárteles de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa se disputan el control, intensificando la violencia y proyectando el terror sobre funcionarios y residentes.
Los líderes mundiales, encabezados por el presidente francés Macron, se manifiestan en apoyo a Israel, al tiempo que subrayan la necesidad urgente de proteger a los civiles.
Abracemos el contagio, convirtámonos todos ahora en la amenaza, que nuestros cuerpos se conviertan ahora en las propias bombas, que nuestras venas se conviertan ahora en los conductos y nuestra sangre en la dinamita, que nuestra propia respiración se convierta en lo que activa el mecanismo detonante.