“No habrá que emplear la fuerza, ni habrá que andar con fusiles por la calle, ni metiéndole miedo a nadie”.
“No habrá que emplear la fuerza, ni habrá que andar con fusiles por la calle, ni metiéndole miedo a nadie”.
En el poderío de la desnudez no sólo existe esa sinceridad acogedora, sino también el hilo del deseo, la hebra recóndita de la que uno tiraría de forma distinta.
Susan Eckstein sabe que, en un terreno clientelista, donde su peregrinación política ha cumplido función, no enfrentará la más velada crítica, sino que será alabada y aplaudida.
Nos ordenaron ponernos frente a una pared, apoyando nuestras manos en ella y separando los pies hasta que el cuerpo adquiriera la forma de una X.
Una invitación voluptuosa y celebratoria para cerrar 2024. Que, en medio del páramo, el espíritu de la Navidad los arrope en los tiempos por venir.
Si un padre muere de súbito en La Habana, y uno está literalmente del otro lado del espejo, ¿dónde se produce o acontece o se hace el dolor?
Para qué medir la felicidad, si la infelicidad y el desatino son el gran nudo, la perfecta armonía de este país.
La obra de José Ángel Vincench a inicios de la década del 90 parecía orientarse a la abstracción, su idea no era arraigarse como pintor abstracto —aunque tampoco ello quedaba descartado—, sino actualizar y redireccionar experiencias antes compartidas sobre la abstracción en Cuba.
“Nuestro tiempo fue un tiempo de poesía; para nosotros era fundamental, en todo. Tú escuchas la música de Adalberto Álvarez con Son 14, a Van Van, y es música bailable, pero es pura poesía”.
“El acceso a Internet ha facilitado en gran medida que la cultura del ‘tattoo’ en Cuba se abra, que las personas tatuadas y los profesionales del tatuaje tengan acceso a más información y recursos de aprendizaje y visuales”.
La intelectualidad colaboracionista —inútil como motor de cambio, y a la Historia los remito—, se acoge a la fórmula de la crítica postiza: lo que se dice no incide, lo que se dice divide, lo que se dice no sirve.