El mito político administrado: I Coloquio Internacional “Fidel: Legado y Futuro”

Entre el 10 y el 13 de agosto se celebró en La Habana el I Coloquio Internacional “Fidel: Legado y Futuro”. El evento fue concebido por el Centro Fidel Castro Ruz, junto con una amplia red de instituciones estatales, académicas y culturales cubanas, como una de las piezas centrales del centenario del nacimiento de Fidel Castro. La convocatoria fijó como sede principal el Palacio de Convenciones y articuló el encuentro alrededor de diez ejes: el pensamiento político, el internacionalismo y el antimperialismo, el legado humanista, la estrategia militar y la concepción cultural, entre otros conceptos adjudicados al exmandatario. 



Miguel Díaz-Canel inaugura el coloquio. Imagen: Resumen Latino (2026).


En paralelo, se celebraron foros de juventud, salud, política exterior, economía, solidaridad, comunicación, cultura y actividad parlamentaria, donde participaron más de 1 000 delegados procedentes de más de 60 países. La composición del cónclave no fue especialmente académica, sino que mostró una mezcla definida por partidos comunistas, organizaciones juveniles afines, movimientos de solidaridad y plataformas antimperialistas que ya compartían, en buena medida, el marco interpretativo que el encuentro pretendía legitimar. 

Así, la cita estuvo estrechamente conectada con las redes partidarias y de solidaridad internacional del Estado cubano. Su logística también aprovechó una reunión anterior para aunar mayor membresía, ya que apenas un día antes de su inauguración había concluido en La Habana el 24.º Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, convocado bajo el lema de “Defender y Honrar” el legado de la Revolución cubana en el centenario de Fidel Castro. En una tan favorable ocasión para el discurso oficial, se anunció un posterior encuentro de las Cátedras Fidel Castro Ruz, un Simposio sobre la Revolución Cubana y otros posibles proyectos que serían gestionados por la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad y de la Internacional Antifascista. 



Delegaciones reunidas en el Congreso. Imagen: Cubadebate (2026).


La suma de estos eventos buscó la monumentalización fidelista desde ámbitos como el activismo político y la academia, pero también desde lo literario y artístico. Por ejemplo, se presentaron Obras Escogidas en 23 volúmenes, que incluyeron 690 documentos, con un volumen completo dedicado a la correspondencia entre Fidel Castro y Hugo Chávez, y más de 3.000 impresiones; se abrieron exposiciones con un centenar de carteles conmemorativos; además de diferentes galas político-culturales, conciertos y foros cívicos. En adición, se vincularon actividades con la Feria Internacional del Libro y se actualizó el sitio digital memoria “Fidel, soldado de las ideas”.



Viñeta del sitio fidelcastro.cu (2026).


Radiografía del coloquio como espacio de mito y canonización política

Aunque Fidel Castro rechazó supuestamente el culto a la personalidad, voluntad legislada en el 2016, el Coloquio, como tantos otros ya celebrados, muestra una modalidad diferente y más sofisticada de la administración del mito político, esta vez desde la personalización, como brújula, referente del futuro y fuente legitimadora de la actual práctica política en el país mediante las redes (instituciones, grupos, editoriales, etc.) creadas para la canalización de esta narrativa. La convocatoria oficial fue emitida por el Centro Fidel Castro Ruz con el Palacio de Convenciones y una extensa red institucional. Entre los coauspiciadores figuraron la Academia de la Historia de Cuba, la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe, la Casa de las Américas, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), el Instituto de Historia de Cuba, el Centro de Estudios Che Guevara, el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (ISRI), la Oficina de Asuntos Históricos, la Oficina del Historiador de La Habana, el Programa Martiano, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), el Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, el Ministerio de Finanzas y Economía, y el Banco Central, entre otros organismos subordinados al aparato partidista y estatal.

En la inauguración estuvieron presentes las máximas autoridades del país: Miguel Díaz-Canel, primer secretario del PCC y presidente de la República; Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado; Manuel Marrero, primer ministro; Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del PCC; y Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores. René González Barrios intervino como director del Centro Fidel Castro Ruz. Incluso las delegaciones extranjeras tuvieron altos cargos en su representación; por ejemplo, la comitiva china estuvo encabezada por Liu Haixing, jefe del Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista de China; mientras que varios exmandatarios enviaron saludos por videoconferencia o misivas, como Dilma Rousseff, Rafael Correa, Vladimir Putin y Luiz Inácio Lula da Silva. A su vez, los medios oficiales desplegaron una amplia cobertura sobre el evento: GranmaCubadebateJuventud RebeldePrensa Latina, MINREX y Presidencia se hicieron eco del léxico usado, acuñando reformas y el legado de Fidel Castro como hechos históricos. 

En medio de la crisis más profunda vivida en tiempos recientes por la sociedad cubana, así como frente al rechazo de la administración vigente y su diseño de capitalismo de Estado[1] por la opinión pública, la apuesta de las autoridades no es la sacralización formal, sino una instigación a repensar la figura de Fidel Castro como “brújula” y guía para afrontar la debacle, ofreciendo una clave normativa de lo que debe hacerse según su “pensamiento”. Pero, más que una invitación, resulta una camisa de fuerza el hecho de que la estructura comunicativa del Coloquio no ofreciera espacios visibles para interrogar críticamente este imaginario.


Opinión pública, vacío de liderazgo y erosión de los mitos

Varios sondeos independientes de observatorios y medios como El ToqueFood Monitor Program o CubaDatademuestran una insatisfacción abierta con el sistema político dominante de más de 70% entre miles de participantes. Un porcentaje similar consideró urgente un cambio político en estos estudios; así como el rechazo a describir a Estados Unidos como el mayor causante de los daños directos a la población cubana. Recordemos también que hace menos de un mes ODC informaba del incendio deliberado de espacios oficiales de la historiografía revolucionaria, así como de numerosas respuestas de rechazo tras el fallecimiento de una de las figuras canónicas del proceso. Estos análisis reflejan una sociedad mucho menos unívoca de lo que sugiere la liturgia institucional, así como un divorcio generacional en lo que concierne a la memoria de Fidel Castro. 

Por tanto, ante la escasez material y el deterioro de servicios en la Isla, el repertorio simbólico estatal adolece de identificación o movilización política, en especial sobre una población absorbida por la supervivencia cotidiana que, en el mejor de los casos, percibe esos símbolos como envejecidos o no representativos. Por demás, la degradación de condiciones, antes maquilladas mediante estrategias de colaboración regional y clientelismo político, no termina en el análisis crítico de la gobernanza en el país, sino que incluye la revisión y deconstrucción de mitos de lo “revolucionario cubano”, ya expuestos por ODC.

Más allá de la estructura institucional que el gobierno cubano intenta mantener en pie, el déficit de liderazgo en medio de este agotamiento no ha dejado más camino para sostener el mensaje oficial que el de administrar una herencia hasta ahora irrevisable por cualquier otra personalidad política interna. La falta de recursos simbólicos es tal, que se muestra irónica: en medio de tanto colapso, el único supuesto camino a la innovación se formula como regreso —a destiempo— al fundador. A su vez, es tan histriónica esta parafernalia en contraste con el abandono de responsabilidades por parte del Estado neopatrimonialista, que debe buscar interlocutores exteriores que soporten su narrativa a falta de eco interno. 



Poster promocional. Imagen: Bohemia (2021). 


Ante el agotamiento de la práctica y el lenguaje revolucionario, del ímpetu de “conquistas” pasadas, el mensaje se limita a admitir “uno de los momentos más difíciles de la Revolución”, pero sin prescindir del mito. Por ejemplo, en el marco del Coloquio, la secretaria general de la UJC afirmó que miles de pacientes esperaban operaciones, actualización de vacunas o acceso a equipos especializados. A pesar del crítico estado del servicio de salud, junto a otros también en colapso, hay que subrayar que incluso su denuncia toma el mismo lugar que la ya asentada tendencia de fetichismo estadista por parte de la narrativa oficial. En este sentido, el fetichismo estadista muestra el uso acrítico de datos, indicadores abstractos y cifras triunfalistas emitidos por el poder estatal. Así, se ha empleado como recurso propagandístico para legitimar regímenes o políticas, presentando estimaciones burocráticas como verdades absolutas e inobjetables.



Ejemplo de fetichismo estadístico. Imagen: Cubadebate (2026).


Dicho contraste busca catalogar la acción estadounidense como crimen de lesa humanidad, genocidio y exterminio, al tiempo que idealiza el pensamiento de Fidel Castro por subvertirlo a toda costa. Sin embargo, a pesar del impacto directo de las políticas estadounidenses sobre el cubano de a pie, ha sido la tendencia a la administración dependiente de pactos ideológicos y a reformas parche, entre otras aptitudes gubernamentales, la que ha provocado el profundo deterioro de la realidad cubana. Evitar la rendición de cuentas y toma de responsabilidad al respecto vuelve al discurso histriónico de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, incluso al punto en el que, analíticamente, se convierte casi cualquier modificación (centralización o descentralización, restricción o apertura privada) en continuidad fidelista. ¿Qué legado celebrar sin programa concreto, sin resultados constatados y sin conclusión visible? 

La disonancia es todavía mayor al bajar el peso simbólico y doctrinal a la escasez material inmediata que sufren los cubanos. El propio Díaz-Canel admitió en el evento apagones de días, inflación, escasez de combustible, una canasta básica diezmada y una población crecientemente envejecida. Un mes antes del Congreso, los residentes en la Isla sufrieron el impacto de tres colapsos de la red eléctrica en tan solo nueve días; una de las fachadas más evidentes de una crisis acumulada y apenas sostenida en una infraestructura envejecida y fallos internos. 

Por tanto, reducir la crisis solo al embargo es tan inverosímil como promover el signo fidelista como brújula de la experiencia social. Mientras que en el Congreso se defienden la “resistencia”, la “soberanía” y la “justicia social”, los cubanos se encuentran sometidos al mayor deterioro físico y mental conocido en las últimas décadas, apenas sobreviviendo en un terreno que poco tiene de resistente o de justo. Un ejemplo bizarro de esta dicotomía es que, en medio de un panorama tan oscuro, los delegados recibieran souvenirs, además de los halagos y actividades que representa un congreso de tales dimensiones, en medio de la profunda escasez en el país. Todavía más perjudicial es el hecho de que, aun ante el convencimiento de que la economía cubana necesita transformaciones profundas con profundo respaldo social, los hacedores de las medidas de los últimos conducen al país a un capitalismo de Estado que, irónicamente, sella su legitimidad alrededor del simbolismo fidelista. 



Souvenirs y parafernalia variada. Imagen: Cubadebate (2026).


Afectaciones directas del mito político en los espacios cultural y educativo

El campo educativo en Cuba muestra los estragos de la socialización ideológica implementada por décadas en la academia. La educación y moral revolucionarias fueron herramientas centrales para la formación política juvenil y la construcción del llamado “hombre nuevo”, que nunca fue pasada varias décadas tras su formulación. Los programas de masificación de la educación y la cultura concentraron en diferentes décadas la parafernalia de conquista, pero no evitaron la desaparición de instituciones, mientras que otros modelos de estudio fueron también casi ultimados. 

El sistema educativo cubano no llega a sostenerse fuera de la profunda politización de su contenido, del condicionamiento ideológico-político en su currículum, de la persecución de su profesorado por similares motivos, así como fuera de mecanismos de reproducción propagandística que han horadado desde sus inicios el espacio educativo. Sirva de ejemplo que, incluso en 2024, como parte del Tercer Perfeccionamiento de la Educación en Cuba, un total de 506 libros de texto y cuadernos de trabajo fueron rediseñados en un trabajo conjunto del Ministerio de Educación (MINED), la editorial Pueblo y Educación y el Instituto Superior de Diseño (ISDi), que llevaban entre sus ejercicios composiciones con los títulos: “¿Por qué nos emocionamos tanto cuando hablamos de Fidel?” y “¿Qué hace la Revolución para que los niños sean más felices?”[2]



Libro de texto de Lengua Española. Imagen: página oficial de Facebook del Observatorio de Derechos Humanos (2019).


En lo cultural, el monopolio de la legitimidad histórica niega directamente la construcción genuina de la memoria y coarta el espacio institucional necesario para estudiar contradicciones, víctimas, alternativas, errores de planificación y experiencias que no encajan en esa epopeya. En este terreno se produce un riesgo adicional de subordinación al calendario político: organizaciones, instituciones, prensa y centros de estudio e investigación tienen como programación anticipada la excepcionalidad y vigencia del legado histórico. Como monopolio al fin, la infraestructura de reproducción dominante deviene espacio de extracción y censura. 



Promoción del Coloquio. Imagen: Cubavisión Internacional (2026).


El ODC advierte sobre lo dañino de vender como “futuro” un legado vinculado a la concentración prolongada del poder, a la reducción del pluralismo político, al control y rigidez económicos y una tradición de legitimidad centrada en la toma de decisiones caciquista. Más cuando cualquier ejercicio analítico al respecto queda protegido de toda revisión o crítica. 

Asimismo, condena la participación complaciente de un activismo extranjero, militante y peregrino que disfruta de bondades que dicen combatir y acalla las voces de quienes dice defender. El Observatorio ha expuesto largamente a estas organizaciones y sus vínculos financieros con Estados iliberales que buscan subvertir la opinión pública y aparentar un quorum inexistente.

El ODC rechaza el utilitarismo diplomático y propagandístico de eventos como el abordado, capaz de articular coaliciones iliberales mientras restringe el ejercicio intelectual crítico. En medio de la crisis multifactorial que aqueja a los cubanos, la insistencia en que un dirigente nacido un siglo atrás proporcione las respuestas del siglo XXI subraya la distancia entre los principios de la gobernanza y la experiencia concreta de las generaciones de cubanos viviendo en la Isla. Por muchos coloquios que orqueste, el entramado actual no tiene capacidad alguna para organizar políticamente el futuro de Cuba.






Notas:
[1] Hace dos meses el Gobierno aprobó 176 transformaciones económicas y sociales que amplían el papel de la empresa privada y extranjera, flexibilizan determinadas decisiones empresariales y alteran elementos centrales de la economía estatal tradicional. Rupturas que, si bien ya se daban de facto, ahora son legisladas en fuerte contraste con los pilares del socialismo clásico, o al menos, el modelo declarado que caracterizó buena parte del gobierno de Fidel Castro. 
[2] OLA (2024), Nota de prensa N. 203, en: https://olacademica.org/nota-de-prensa-203?fbclid=IwY2xjawFG5O1leHRuA2FlbQIxMAABHfTmBwAcz71ehTHrs8mw5S9cV1YG1LoQqp_yfNjlbpXCHwlh9Q6dxVWTKw_aem_vfWpAZNQBBL5JWCUc98Ogw#/medios/1488.






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