MAGA invade Raúlandia: el año del pensamiento mágico

La mejor novela de dictadores latinos se publicó cuarenta años antes del boomTirano Banderas, del gallego Ramón de Valle-Inclán; y la peor de todas, en pleno boom: El recurso del método, del francés Alejo Carpentier. 

La diferencia entre una y otra no es meramente estilística: Carpentier fue el esbirro de una dictadura que él nunca se atrevió a decir su nombre y Valle-Inclán un brillante prosista antisistema.

En medio de ambas, cae la gran novela de gallegos: El conquistador de los trópicos, de Nicasio Pajares, donde los argentinos quedan muy mal parados, lo que provocó la temprana parametración de Pajares por los literatos progresistas. Me la dio a conocer el poeta madrileño Paco Layna. Y se lo agradeceré eternamente. 

Se ha dicho que El otoño del patriarca produce el mejor avatar de Fidel Castro. El dictador enloquecido, inventor del café caturra, los Diez Millones y el yogurt de ternera tomado con cuchara de plata en la Villa Crusellas baten todos los récords de permanencia en el palacio de las galleguísimas mofetas. 

De El Caballo a El Cangrejo van tres generaciones de Castros en el poder, y a la izquierda milenarista le parece poco. Hasta que no les nazca uno con cola de cerdo The New York Times continuará apoyándolos. 

Pero nada de eso se compara con la moderna fantasía que nos presenta a un general sodomita de 94 años como la única opción viable para una república bananera que, bajo su mando, olvidó cómo se cultiva el banano. “Raúl es Raúl”, pero los tostones que consume Mariela Castro vienen de Miami a través de Tuambia (Jamazón) en cajitas de los productos Goya. 

La nueva novela del dictador latino debía llamarse Casos y cosas de Castros.

El anciano sodomita insiste en seguir clavando a sus compatriotas como si fueran matas de plátanos, bajo la amenaza de una lluvia de fuego y azufre trumpista: 500.000 desfondados desfilaron en la plaza pública para ratificar su amor por quien los penetra ideológica, energética y gastronómicamente. El pueblo cubano siempre fue sadomasoquista.

Aunque, según la Biblia, en Sodoma había comida y no faltaban antorchas para alumbrarse. Los cubanos deben ser, entonces, maconditas.

A los europeos les gustaría ver cubanos famélicos cubiertos de moscas por culpa del “bloqueo yanqui”, pero los cubiches se resisten a presentarse como víctimas. Mueven los culos, crean fotogénicas caldosas, se quitan las camisas, muestran los bíceps, están siempre calientes. Hay magia en ese realismo sucio y cualquiera diría que son felices. Un africano en iguales condiciones socioeconómicas produce mucha más lástima que un cubano. 

Para los europeos, los cubanos son “nobles primitivos” que saben pintar, escribir y tocar sonatas al piano. Los parametrados de Buena Vista Social Club, bajo la experta guía de Ray Cooder, celebraron la misma dictadura que los había aplastado. ¿Quién podrá entendernos? Cuba, no Bavaria, es la fuente inagotable de fascinante fascismo

Llamemos “macondismo” al trastorno psicológico que hace pensar que una invasión norteamericana sería peor que seguir como estamos desde hace siete décadas. Es una suposición descabellada e ilógica, propia de maconditas, pero Lynn Cruz y Wilfredo Cancio han ratificado su confianza en la solución pacífica y el amor entre cubanos. 

2026 es el año del pensamiento mágico y todos esperan que ocurra un milagro. ¡Que los cubanos resuelvan la situación por sus propios medios y de manera civilizada!

La gente olvida que, en medio del Renacimiento batistiano, nuestros padres creyeron que estarían mejor bajo la bota un gallego déspota. Que en medio del Clasicismo machadista, nos hacía falta un Julio Antonio Mella. Precisamente por ser tan poco realistas, los cubanos recurrieron a la magia y fundaron partidos basados en el terrorismo. 

Fidel Castro fue el máximo exponente del terrorismo mágico. 

El macondismo enseña que es siempre mejor seguir como estamos, algo que suena como una locura al realismo MAGA predicado por el mandarín Marco Rubio. Para un realista de la escuela Real Estate“sería una locura hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”. 

Marco ha tenido la osadía de decirles a los cubanos que GAESA los explota. Créanlo o no, hay viejas pasando hambre en los opacos arrabales de Mantilla que no tienen idea dónde queda GAESA.

Invitar a Pichy Perugorría al Havana Film Festival de Nueva York es otro ejercicio en realismo mágico. Tomar al Pichy barbudo por un ejemplo de revolucionario y no denunciarlo como traidor y rompehuelgas es risible y también despreciable. Como dice el dicho: “No se puede hornear el pastel y comérselo al mismo tiempo”, y solo los cubanos se atreven a comer un pastel de su propia mierda: “Pichy es Pichy”.

Si el mago Trump desapareció a Maduro y a los siete ayatolas, y ni venezolanos ni iraníes han podido tomar el poder, ¿qué nos hace pensar que nosotros seremos distintos? Tampoco Trump es inmune al pensamiento mágico: los Tiranos Banderas son infinitamente más astutos que los librepensadores yanquis.

Hasta hace tres décadas, nos distinguían los Comandos L de Tony Cuesta, autor de Plomo y fantasía. Pero, ¡ay!, esos cubanos a prueba de balas que sabían pasar por encima del pueblo pusilánime y echar a un lado a los flojos y los indecisos, aquellos realistas que no creían en magia ni en niño muerto, hoy duermen el sueño de los gusanos en el Caballero Rivero Woodlawn Cemetery de la Calle Ocho.