En una torre abuhardillada, perteneciente a una de las viejas casas del reparto Kohly de La Habana, se hace ahora historia en el teatro cubano. Todo alrededor huele a enfermedad terminal y a renacimiento en esta primavera de 2026. Todavía no se sabe cómo ni cuándo llegará el final de la opresión. Pero está en el aire. La salida de El Ciervo Encantado del redil institucional de Ministerio de Cultura, en febrero, se suma a los síntomas del ocaso y a la esperanza del cambio.
Nadie ignora que El Ciervo Encantado es de los mejores grupos de artes escénicas que permanecen en Cuba después de la estampida de 2021. Tercamente, sus fundadoras Nelda Castillo y Mariela Brito decidieron continuar el rigor estético a pesar de la adversidad material y, sobre todo, de la represión que arreció después de las protestas.
En una cruzada por devolvernos el miedo que tan resueltamente habíamos perdido aquel domingo del 11 de julio de 2021, las autoridades redujeron los límites de la expresión tolerable. Actuaron en todas las dimensiones de la sociedad. En el arte, en especial, hostigaron al Ciervo Encantado, para quienes la actualidad política o la salud de la nación siempre ha sido un tema de inquietud.
El grupo en general nunca fue muy querido por las instituciones (de ahí que escamotearan el Premio Nacional de Teatro a Nelda Castillo sucesivamente). La sede de Línea y 18 era una ruina que los integrantes mismos de El Ciervo habían remodelado. Sin embargo, el espacio técnicamente pertenecía al Estado, así como la subvención salarial que recibían. Subsidios que el Ministerio de Cultura confiere a cambio de palabras, signos, e incluso movimientos del artista, y que no olvida cobrar.
El punto de giro que disparó el acoso habría sido la performance de Alexander Diego Gil titulado “El corcel de mi esqueleto” en 2023, donde el actor exorcizaba su experiencia como preso político del 11J que fuera interrogado durante 34 días por la policía secreta y luego sometido a vigilancia.
La performance era visceral, sencilla, apenas se llegaba a las palabras. Sin embargo, cuando el artista cometía el atrevimiento de pronunciarlas, estas nombraban por ejemplo a “Yaser”, el seudónimo del agente de la Seguridad del Estado encargado de perseguir al actor, protagonista de la experiencia traumática.
“No se puede mencionar a la Seguridad del Estado en el escenario”, dice la actriz Yindra Regüeifero, subida en el punto más alto de esa casa de Kohly, durante la primera performance independiente del Ciervo Encantado, llamada “Culebrilla”.
Se ha estrenado en abril pasado en el nuevo espacio de la promotora Sandra Ceballo (Clinical Art), donde se quiere involucrar la sanación y el arte. El público es escaso porque así lo han decidido las artistas. Pero desde allí se escuchan los enunciados de la opresión a la que fueron sometidos en estos dos años: “Esto no es una censura, es una preocupación”, “No pueden programar nada por su cuenta”, “Nos piden nombres de todos los que aparecen en las fotos, sobre todo los que están presos”.
Como correctivo por tanto atrevimiento, a mediados de 2023 le impusieron al Ciervo Encantado una comisión de inspectores que evaluaría cada obra antes del estreno y redactaría informes para que el Consejo de las Artes Escénicas autorizara o no las puestas. Dos obras fueron “canceladas” en ese período: “Madres” y “Acción 14. Las Brujas de Uruguay”. Todas fueron discutidas con evaluadores absurdos.
En “Culebrilla”, Mariela Brito se sube en una pequeña escalera rodeada de imágenes que registran su reciente dolencia y va evocando las marcas en su cuerpo mientras avanza la obra.
La culebrilla es un virus doloroso. Se trata de la varicela que regresa en forma de herpes si el sistema inmunológico baja demasiado. La angustia puede bajar el sistema inmunológico. La creencia popular cubana dice que, si la culebrilla llega a hacer un círculo completo alrededor del cuerpo, la persona muere. La ciencia afirma que, si se acerca al cerebro, lo compromete. A Mariela Brito le empezaron los primeros brotes con las inspecciones estatales.
Cuando la Comisión decía “Pueden cortar de aquí hasta aquí y la obra sigue siendo la misma” o el Consejo de las Artes Escénicas respondía que “no había respuesta aún” sobre la aprobación de una obra, la pequeña sierpe roja se revelaba en el cuerpo de la actriz y salía a la superficie convertida en símbolo.
De la torpeza se pasó a la humillación. Los integrantes de la Comisión fueron disminuyendo con el tiempo su alcance intelectual. Algunos se iban y eran sustituidos siempre por alguien más ignorante.
Las últimas comisiones parecía que no hubieran nunca oído hablar del grupo que evaluaban. Le preguntaban a Castillo cuál era su nombre, la llamaban “Neldita”, “muchachona”, disimulaban las objeciones ideológicas con argumentos estéticos: “la obra no está acabada artísticamente”, le decían, “le falta trabajo”.
Tan minuciosos fueron en la torpeza, tan recurrentes en la humillación, que una diría que respondían a un guion calculado. Un plan que habría querido empujar al Ciervo Encantado fuera de la protección institucional para darle caza en la manigua o hacerle imposible la subsistencia.
Solo en casos extremos de estrés inmunológico, la culebrilla reaparece en el mismo año. En 2025, Brito la padeció tres veces: que si “no podemos permitirlo porque son personas que apoyan agendas contra Cuba”, que si “esto no es una comisión de evaluación, esto es un taller de aprendizaje”. Últimamente, el placer estético estaba siendo desplazado por la tortura intelectual.
Es así que, en febrero de 2026, año del 30 aniversario de El Ciervo Encantado, las artistas deciden salir al descubierto y romper la tóxica relación de protectorado con el Ministerio de Cultura.
La sede de Línea y 18 que, con tanto trabajo levantaron ellas mismas a partir de una ruina, las paredes con los grafitis de Yulier P y los nombres de los seres queridos que abandonaron Cuba, que un día escribimos después de una puesta en escena de “Normalización”, serán ahora botín de la desidia y la estulticia que se ha apoderado de Cuba.
“No continuaremos sometiendo nuestra obra a las normas, regulaciones y mecanismos de evaluación y aprobación practicados por estas instituciones hacia nuestro trabajo”, escribe el grupo el 3 de febrero de 2026 en su página de Facebook.
Unas tijeras enarboladas por la directora del legendario Ciervo Encantado se levantan después de comprobar que el público también comparte la enfermedad de todos. En una actuación memorable que dura menos de un minuto, combina la incertidumbre, la tristeza, la resolución, la esperanza y el subtexto de la sabiduría popular que aconseja que “la culebrilla hay que cortarla para salir de ella”.
Que tenga la mejor de las carreras El Ciervo Encantado, en una tierra donde las talanqueras del amo hayan desaparecido.

Los intelectuales de la Guerra Fría
- I. El liberalismo contra sí mismo
- II. Judith Shklar: Contra la Ilustración
- III. Isaiah Berlin: El Romanticismo y la plenitud de la vida
- IV Karl Popper: Los terrores de la historia y el progreso
- V Gertrude Himmelfarb: Cristianismo judío
- VI Hannah Arendt: La libertad blanca
- VII Lionel Trilling: Atrincherar el yo
Por Samuel Moyn








