Si a algún norteamericano del siglo XXI le preguntaran sobre Cuba, la mayoría de historias que llagarían a su mente serían las de la Crisis de los Misiles, el mundo al borde del colapso nuclear, y la represión de libertades contra los habitantes de la Isla por una tiranía socialista. Y tienen razón.
Pero las ricas conexiones entre la Isla y Estados Unidos no solo se limitan a los últimos casi 70 tormentosos años. Existe toda una corriente de nexos previos, en los que primó la solidaridad y la alianza entre vecinos regionales.
Sobre ellos conversamos con el historiador cubanoamericano Octavio de la Suarée, quien fuera por años profesor y jefe del Departamento de Lengua, Literatura y Cultura de la William Paterson University, en New Jersey, y que preside la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio.
Acá parte de esa larga charla por los 250 años de los Estados Unidos.
¿De qué modos cubanos contribuyeron a la Guerra de Independencia de Estados Unidos?
La contribución de los cubanos a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos entre 1775 y 1783 fue muy importante, aunque a menudo poco reconocida. Como colonia española que era y con su cercanía a los Estados Unidos, Cuba apoyó a las Trece Colonias a través de España, que entró oficialmente en guerra contra Gran Bretaña en 1779.
Sus aportaciones se destacan de diversas maneras, pero quizás, la más poética de todas, fuese la famosa colecta de las damas habaneras, cuyos donativos ayudaron a sufragar la campaña militar que culminó en la batalla de Yorktown en 1781, considerada decisiva para la victoria estadounidense. Varias fuentes se refieren a la gran cantidad de joyas personales que, al ser vendidas, contribuyeron a alcanzar las cifras requeridas para sufragar ese combate.
Otro cimiento económico substancial fue las grandes sumas de dinero que se recolectaron desde toda La Habana para ayudar a financiar al ejército independentista.
Asimismo, otro refuerzo militar de consideración fue el hecho de que Cuba sirvió como base estratégica para operaciones contra los británicos en el Caribe y en el Golfo de México. Tropas, milicias y recursos cubanos participaron en acciones de campaña como la toma de Pensacola, que debilitó a los británicos.
Y entre los apoyos logísticos se encuentra la situación de los puertos cubanos en la Isla, desde donde se enviaron armas, pólvora, alimentos y medicinas a los rebeldes norteamericanos. Por igual, La Habana fue un centro clave de abastecimiento naval para las fuerzas aliadas contra Inglaterra.
Hubo figuras que se destacaron en ese momento histórico, ¿cierto?
Sí. Solo voy a mencionar aquí dos figuras hispanas claves en la guerra de independencia norteamericana contra los ingleses.
Bernardo Gálvez, por ejemplo, fue persona esencial en la independencia de los Estados Unidos, aunque es una figura poco conocida en este país. Este político y militar español nació en Macharaviaya, España, cerca de Málaga, en 1746, y se destacó como estratega militar durante la guerra entre España y la Gran Bretaña. Era gobernador de la Luisiana española durante el conflicto y luchó contra los británicos en muchas ocasiones.
Gálvez ayudó a las Trece Colonias de forma decisiva, sin declararlo abiertamente al inicio, enviando armas, pólvora, dinero y suministros a los rebeldes que recibía de La Habana. Más adelante, participó y dirigió importantes campañas militares contra los ingleses, entre ellas, la de Baton Rouge, Mobile y Pensacola en 1781, en esta última lideró un ataque naval muy arriesgado y fue donde adquirió su lema de “Yo solo”, porque entró con su barco donde otros militares pensaban que era imposible hacerlo.
Estas victorias no solo lograron expulsar a los ingleses de la región, sino que a la vez evitaron que los rebeldes fuesen atacados desde el sur. Gálvez terminó su brillante carrera como virrey de Nueva España (actual México).
En 2014 el Congreso de los Estados Unidos lo nombró Ciudadano Honorario Estadounidense (un honor rarísimo). Hay una estatua de Bernardo de Gálvez en Washington, D.C., cerca del Departamento de Estado.
El otro personaje importante fue Juan de Miralles, un comerciante y diplomático español del siglo XVIII, conocido por su papel durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. En pocas palabras, fue el principal enlace informal entre España y los revolucionarios estadounidenses.
Miralles nació en España y más tarde se estableció en La Habana, que en ese momento era un centro fundamental del comercio español. En poco tiempo se convirtió en un rico comerciante con amplias redes en el Caribe y Norteamérica. Fue amigo personal de George Washington y vivió durante un tiempo muy cerca del cuartel general del Ejército Continental. Desde ahí, ayudó a canalizar sostén financiero, suministro y armas a los rebeldes, de forma discreta. A la vez, servía como observador y consejero político para España, informando sobre el desarrollo de la guerra.
Juan de Miralles falleció en 1780, durante la guerra. George Washington asistió a su funeral, un gesto muy significativo que muestra el respeto que le tenía. Aunque no es muy conocido hoy día, Miralles fue un individuo sustancial en la diplomacia secreta que ayudó a que la independencia estadounidense tuviese éxito y se convirtiese en realidad.
En resumen, aunque Cuba no participó directamente como nación independiente, su apoyo económico, militar y logístico fue crucial para el triunfo de las colonias americanas. Sin estos recursos, especialmente en la etapa final del conflicto, la independencia de los Estados Unidos hubiera sido mucho más difícil de lograr.
En las guerras de independencia de Cuba en el siglo XIX, varios nombres de norteamericanos destacan; pero quizá el más conocido es Henry Reeve, también conocido como “El Inglesito”. ¿Cuál es su historia?
Muchos norteamericanos participaron en las Guerras de Independencia de Cuba y dentro de los nombres que sobresalen se encuentra Thomas Jordan, general de los Estados Confederados, que ocupó el cargo de jefe de Personal del Ejército Mambí en 1869. El coronel Federico Fernández Cavada, del Ejército de la Unión, quien fuera comandante en jefe del Ejército Mambí por un tiempo. Su hermano Adolfo, que fue coronel y William A. C. Ryan, fusilado en Santiago de Cuba, entre otros.
Tenemos a la vez a Henry Mike Reeve Carroll, que fue un general de brigada del Ejército Liberador durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la Primera Guerra de Independencia de Cuba proclamada contra el colonialismo español por el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, con el Grito de Yara en su finca La Demajagua el 10 de octubre de 1868, conocido asimismo como el primer presidente de la República de Cuba en Armas.
Henry Reeve, por su parte, nació en Brooklyn, Nueva York, el 4 de abril de 1850 y participó como tamborilero de la Unión desde muy joven en la Guerra Civil norteamericana (1861-1865), donde se forjó una fuerte oposición a la esclavitud y tres años después, al enterarse de la revolución en Cuba contra España, se sintió obligado a unirse al Ejército Mambí.
¿Es cierto que no hablaba español?
Sí. Aunque no hablaba una sola palabra de español, Reeve se embarcó en el vapor “Perrit” en 1869 con el alias de Henry Earl y llegó a las costas cubanas en el puerto de Nipe, ocho meses después de comenzada la guerra. Al día siguiente entró en combate con el enemigo, donde fue capturado con varios de los expedicionarios y fueron llevados a ser ejecutados seguidamente.
Reeve resultó herido de bala cuatro veces, que le perforaron el cuerpo, con la suerte de que ningún proyectil hiriese un órgano vital. Recobró el conocimiento más adelante y logró escaparse de sus captores de noche. Caminó sin rumbo cierto durante dos días hasta que encontró el destacamento mambí del general Luis Figueredo en el campo El Mejías, donde le brindaron asistencia médica.
Al mes siguiente, Henry Reeve recibió el rango de Sargento Segundo del Ejército Mambí y en octubre del mismo año fue nombrado ayudante de campo del general Thomas Jordan. Jordan, sin embargo, renunció poco después y el joven se unió al primer escuadrón de caballería de la brigada norte de Camagüey, bajo las órdenes del general de brigada Cristóbal Acosta. Durante todo ese año intervino en varios encuentros con el enemigo, incluyendo las batallas de Tana, Imías y Jagua, donde fue herido otra vez.
Reeve peleó en la isla bajo el mando del legendario abogado que peleó en unas 100 batallas, Ignacio Agramonte…
En marzo de 1871, Reeve fue transferido a la unidad de caballería de Ignacio Agramonte, con el rango de capitán. Luchó en las batallas de Estrada y Mulato, antes de tomar parte en el rescate del general de brigada Manuel Sanguily, el 8 de octubre de 1871, dirigiendo una carga al machete de la caballería de Agramonte contra unas fuerzas españolas superiores.
Agramonte había seleccionado un pequeño grupo de 35 jinetes, capitaneados por el comandante Reeve, para ejecutar el atrevido rescate, que resultó en un éxito rotundo. Más adelante, el joven comandante participó en las batallas de Plátano, La Redonda, San Ramón de Pacheco, Santa Deo, La Matilde y Sitio Potrero, y, en noviembre de 1871, fue herido otra vez.
Al año siguiente, el 29 de noviembre de 1872, recibió una herida en el abdomen durante la batalla en El Carmen, una herida que le causaría problemas por el resto de su vida.
En 1873, Reeve participó en las batallas que tuvieron lugar en Ciego de Najasa, Soledad de Pacheco y Cocal del Olimpo. Su osadía y valor en la batalla de Jimaguayú, el 11 de mayo de 1873, en la que falleció Ignacio Agramonte, le valieron aún más distinciones. Durante este combate, Reeve asumió brevemente el cargo de la división de Agramonte, entregándole el control después al general Julio Sanguily. Cuando Agramonte fallecía en Jimaguayú, Reeve ya ostentaba el rango de coronel.
Después del fallecimiento de Ignacio Agramonte, Henry Reeve fue reasignado a las órdenes del Mayor General Máximo Gómez y fue nombrado Jefe de Caballería para la Primera División el 27 de julio de 1873. Gómez describía a Reeve como un oficial excepcional, destacando “su probada valentía, su incansable dedicación y su estricta disciplina militar”.
El norteamericano Henry Reeve fue un azote para las tropas españolas durante la Guerra de los Diez años, en Cuba. ¿Es así?
Las unidades de Reeve frecuentemente superaban a las fuerzas españolas y a menudo derrotaban contingentes enemigos mayores por medio de tácticas audaces y una determinación implacable. Su experiencia de combate como veterano norteamericano le ofrecía ventaja en la batalla y su intrepidez le adquiría una merecida reputación entre los revolucionarios cubanos.
En un combate notable, Reeve saltó afanosamente sobre una batería de artillería enemiga para ayudar asegurar la victoria, una hazaña que le aseguraría su ascenso a Brigadier General en 1873. Durante la totalidad de la guerra, Reeve sufrió más de diez heridas. Se le tenía en gran estima junto a líderes militares cubanos de leyenda, como los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo.
Henry Reeve siempre capitaneaba a la cabeza, el primero de la fila, demostrando así un valor excepcional en la batalla. El brigadier general intervino en varias batallas durante este período, incluyendo los enfrentamientos de Las Yeguas y La Luz. El 28 de septiembre de 1873, durante el combate de Santa Cruz del Sur, en una de sus hazañas más notables, personalmente dirigió el asalto a una batería de artillería española, capturándola en lucha cuerpo a cuerpo.
¿Fue durante ese combate donde sufrió una herida brutal?
Exacto. Fue devastadora. La metralla del fuego de la artillería española le estropeó severamente su pierna derecha cerca de la cadera y fue seguidamente trasportado a un hospital militar en Najasa. La herida, la oncena en combate, le dejó incapacitado de montar a caballo sin asistencia.
Después de un período de seis meses recuperándose, volvió a unirse a la lucha contra el enemigo, habiéndose ajustado su herida con una prótesis de metal y con un equipo de montar especializado para asegurarlo a su caballo, lo que le permitía continuar mandando a sus tropas en cargas de machete contra las fuerzas españolas.
El 20 de junio de 1874, a Reeve se le dio el mando de la Primera División y fue herido nuevamente durante la batalla de San Antonio de Camujiro, el 4 de julio de 1874. En enero de 1875, Reeve proporcionó cobertura de artillería para las fuerzas cubanas que cruzaban la línea defensiva española conocida como la Trocha de Júcaro a Morón, permitiéndole al contingente invasor de Máximo Gómez avanzar hacia el oeste.
Después, durante ese año, Reeve solicitó participar en la invasión al oeste y fue reasignado a Las Villas el 5 de noviembre de 1875. Reconociendo sus habilidades de liderazgo, el general cubano Máximo Gómez le encomendó el mando de la Segunda División, responsable por las caballerías Camagüey y Villareño, encargándole extender la guerra a las regiones occidentales de la Isla.
El 30 de noviembre de 1875, Reeve condujo un escuadrón de caballería a cruzar el río Hanábana, convirtiéndose en la vanguardia de la fuerza invasora. Asimismo, desempeñó un papel clave en la primera invasión de Cuba occidental, marcando así su participación en la batalla de Las Guásimas.
En mayo de 1875, había llegado hasta las llanuras de Colón y en 1876 ya había entado en la provincia de La Habana. A lo largo de un período de seis meses, capitaneó una campaña que resultó en la destrucción de más de cincuenta ingenios azucareros, tratando de paralizar la economía española que sostenía el esfuerzo de guerra.
Entre 1875 y 1876 peleó en los combates de Los Abreus, Cocodrilos, Quemado Grande, Santa Teresa, Espinal, Lagunillas y Orbea. En julio de 1876 fue herido otra vez en el combate de río Hanábana, uno de sus últimos enfrentamientos armados mayores antes de su batalla final cerca de Yaguaramas.
A pesar de estos éxitos, divisiones internas entre los revolucionarios cubanos, incluyendo el caudillismo, el regionalismo y el faccionalismo, debilitaron el movimiento de independencia. Como resultado, Reeve se encontró liderando una fuerza significativamente reducida.
El 4 de agosto de 1876 Reeve cayó en combate, ¿cómo ocurrió?
En la sabana cerca de Yaguaramas, Reeve y sus hombres se encontraron con una emboscada de tropas españolas y fuerzas guerrilleras. Durante la batalla, el caballo de Reeve murió, dejándolo varado en el campo de batalla. Su ayudante personal, Rosendo García, trató de conseguirle otra montura, pero Reeve le ordenó que buscase cobertura para evitar que lo matasen. Reeve decidió mantenerse firme en el lugar y permaneció junto a su fallecido caballo, armado con un machete en una mano y un revólver en la otra.
El brigadier general sufrió entonces múltiples balazos, incluyendo uno en la ingle y otro en el hombro. Cuando las tropas españolas se le acercaron fue alcanzado por tres disparos adicionales. Reconociendo que iba a ser capturado de momento y ya sin municiones, se quitó la vida con un disparo en la sien derecha.
Sus despojos fueron enviados a la ciudad de Cienfuegos como un trofeo de guerra y exhibido públicamente en el cementerio Reina, aunque el lugar exacto donde reposan sus huesos continúa siendo desconocido. En el momento de su muerte, portaba una chaqueta blanca con chaleco, botas nuevas, pantalones, un cinturón y un reloj fino de bolsillo. Su cuerpo presentaba numerosas heridas.
Aunque Reeve no era cubano de nacimiento, se le recuerda hoy como un Héroe Nacional cubano, un soldado que luchó desinteresadamente por su patria adoptiva.
Después del fracaso de la Guerra de los Diez Años, en 1898 ocurrió la Guerra Hispano-Estadounidense. Esta terminó con el imperio español, marcó un período en el que isleños y estadounidenses empuñaron juntos las armas en los campos de batalla. ¿Cómo llegó Cuba a ese momento?
La fallida expedición del venezolano Narciso López a Cuba en agosto de 1851 con el propósito de liberar la isla de los vestigios del colonialismo español en Las Américas va a preparar el terreno para los subsiguientes tres sostenidos conflictos armados que culminarán con el establecimiento de la República de Cuba en 1902: ellos son la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la Guerra Chiquita (1879-1880) y la Guerra de Independencia (1895-1898). Como vimos anteriormente en la respuesta a la primera pregunta, los norteamericanos participaron desde el primer momento y ahí está la actuación de “El Inglesito” Henry Reeves, y de otros.
No obstante, la entrada de los Estados Unidos en la contienda, que da motivo a la ampliación de la lucha con su poderío militar y económico, va a ser testigo de que los isleños y los estadounidenses peleasen juntos otra vez (esta vez en grupo, no individualmente), durante el corto período de tiempo que duró el enfrentamiento.
Ahí entra alguien que sería muy conocido luego en la política estadounidense, al punto de convertirse en presidente: Theodore Roosevelt.
Como dices, la figura y el destacamento que sobresalen en esta lucha son el coronel Teddy Roosevelt y los Rough Riderso “Los domadores de caballos” o “Jinetes duros”. Roosevelt y sus hombres pelearon con valor y gallardía durante su estadía en la Isla en los dos o tres meses que duró la pugna.
Theodore Roosevelt era un asistente del Departamento de la Marina de los Estados Unidos y tuvo la visión de crear un cuerpo de voluntarios para ese enfrentamiento y le presentó su concepto a su superior. Como su experiencia de combate era muy limitada, Roosevelt sugirió que un héroe de anteriores luchas y amigo suyo asumiese el mando de esta nueva unidad y él se ofrecía para ser su asistente.
Su propuesta fue aceptada de inmediato, Roosevelt renunció a su posición en el departamento y poco después el coronel Leonard Wood y el teniente coronel Teddy Roosevelt se encontraban estudiando más de 23 mil solicitudes recibidas de candidatos interesados en servir. El desigual grupo que fue seleccionado a la carrera, llamado ahora la Primera Caballería de Voluntarios de los Estados Unidos, se componía de jugadores de polo, cazadores, vaqueros, nativos americanos, y amistades atléticas de Roosevelt durante su estadía en la universidad.
Este grupo heterogéneo y desorganizado de casi 1,000 hombres se reunió en una finca en Texas y los pocos militares de carrera que se encontraban entre los participantes sirvieron de oficiales de entrenamiento al resto de los voluntarios, ya que estos últimos no tenían una idea de lo que consistía la vida militar.
Entre ellos se encontraba el capitán Buckey O’Neill, de Arizona, que era el alcalde de la ciudad de Prescott, un alguacil famoso en todo el oeste por sus hazañas victoriosas contra los Apaches y conta los bandoleros y asesinos; otro era Allyn Capron, que era, en conjunto, el mejor soldado del regimiento.
Roosevelt opinaba que él representaba el modelo ideal de lo que un oficial del ejército debía ser. Era el quinto en descendencia de padre a hijo de su familia que servía en el ejército de los Estados Unidos y, tanto en su cuerpo como en su mente, estaba equipado para cumplir sus funciones a la perfección.
Alto y delgado, un caminante y boxeador excepcional, un jinete de primera con buena puntería, parecía lo que era, el arquetipo del hombre luchador. Los dos tenían bajo su mando compañías y eran extremadamente respetados y admirados por sus hombres, por su entereza y disciplina.
Una batalla naval y una batalla en el Oriente de la Isla fueron clave para finalizar la guerra Hispano-Estadounidense…
La guerra Hispano-Estadounidense se considera, en conjunto, una contienda patéticamente unilateral. El acorazado estadounidense Maine, explota en la bahía de La Habana como resultado, según se creía entonces, de una mina. Y los Estados Unidos le declaran la guerra a España.
El primero de mayo de 1898 el comodoro George Dewey destruyó la flota española en dos horas en la batalla de la Bahía de Manila en las Filipinas, y la capital fue ocupada por las tropas estadounidenses en agosto.
Mientras los mambises cubanos luchaban en tierra junto a los voluntarios y regulares estadounidenses, la flota española en el Caribe bajo el mando del almirante Pascual Cervera se encontraba en el puerto de Santiago de Cuba, cuando fue descubierta por los estadounidenses.
Un ejército de tropas regulares y voluntarios bajo el general William Shafter, incluyendo a Teddy Roosevelt y a su Rough Riders desembarcó en la costa este de Santiago y lentamente avanzaba hacia la ciudad, con el propósito de que la flota de Cervera abandonase el resguardo del puerto y tuviese que salir a alta mar.
Cervera se vio forzado a sacar su escuadrón poco después y trató de escaparse hacia el oeste a lo largo de la costa. En la batalla que tuvo lugar de inmediato, sus embarcaciones fueron atacadas por los cañones de los Estados Unidos y todas ellas quedaron varadas en poco tiempo, quemándose o hundiéndose. Su flota fue destruida.
“En la toma de las colinas de San Juan nuestras fuerzan sumaban cerca de 1,000 hombres frente a unos 4,500 soldados españoles”, reportó Roosevelt. “Nuestras pérdidas en total fueron de 1,071 entre muertos y heridos”. De la división de caballería de unos 2,300 hombres, entre oficiales y soldados, hubo 375 heridos y muertos. Los Rough Riders capturaron también multitud de prisioneros.
El Tratado de París concluyó la guerra Hispano-Estadounidense y fue firmado el 10 de diciembre de 1898. ¿Cuál fue su principal consecuencia?
Con el Tratado de París, el Reino de España renunciaba todos sus derechos sobre Cuba, le cedía Guam y Puerto Rico a los Estados Unidos y le transfería la soberanía de las Islas Filipinas a los Estados Unidos.
La guerra Hispano-Estadounidense fue un punto importantísimo en la historia de los dos antagonistas. La decisiva derrota de España le hizo cambiar la atención al país de sus aventuras coloniales del exterior hacia una mirada interna sobre sus necesidades domésticas, un proceso que la encaminó hacia un renacimiento cultural y literario y a dos décadas seguidas de un desarrollo económico muy necesitado en España.
Los victoriosos estadounidenses, por su parte, emergieron de la guerra como un poder global con posesiones exteriores distantes y una nueva participación en la política internacional, que los encaminaría a desempeñar un papel determinante en los asuntos de Europa y en el resto del mundo.
Durante la República, Cuba pasó a ser un aliado cercano de los Estados Unidos en lo que a acción militar se refiere. ¿De qué maneras quedó más evidenciado entre 1902 y 1958?
La República de Cuba fue un aliado incondicional de los Estados Unidos desde su fundación hasta su exterminación en 1962, con la llamada Declaración de La Habana, y el subsiguiente establecimiento del primer país con sistema socialista en el mundo occidental.
El papel que la república democrática y soberana de Cuba (hoy día no es ninguna de esas dos) desempeñó en la Primera Guerra mundial fue pequeño, pero simbólicamente muy importante para el hemisferio.
En primer lugar, Cuba le declaró la guerra a Alemania el 7 de abril de 1917, el mismo día que lo hizo los Estados Unidos, reflejando así los estrechos lazos políticos y económicos que unían a los dos países. La República no envió tropas de combate a Europa, ya que su participación fue mayormente naval y defensiva, enfocada en la protección de rutas comerciales en el mar Caribe, acompañando y vigilando la seguridad de buques mercantes.
Hay que tener presente que Cuba era un productor de azúcar considerable, una mercancía crítica en tiempos de guerra, y sus exportaciones de azúcar ayudaron a sostener el esfuerzo aliado de la guerra, especialmente en los Estados Unidos y en la Gran Bretaña. Asimismo, los puertos cubanos y su infraestructura eran muy útiles para la logística aliada y su continuo abastecimiento en el Caribe.
El apoyo que Cuba les brindó a los aliados reforzó el arreglo con los Estados Unidos y su posición en el orden internacional que surge después de la guerra. En resumen, Cuba no fue un poder militar en el campo de batalla de la Primera Guerra Mundial, pero ocupó lugar señero como socio de la seguridad regional, un abastecedor económico y un símbolo del apoyo panamericano para los aliados.
Cuba fue miembro fundador de la Liga de las Naciones después de la guerra.
¿Durante la Segunda Guerra Mundial, Cuba tuvo un rol similar al lado de los Estados Unidos?
Sí. Le declaró la guerra al Eje (Alemania, Italia y Japón) el 9 de diciembre de 1941, inmediatamente después del ataque as Pearl Harbor por los japoneses. Fue de los primeros países hispanoamericanos que lo hizo y estuvo firmemente aliada con los Estados Unidos durante la guerra.
Una de sus contribuciones más importantes fue que las fuerzas armadas de la Marina y de la Aviación ayudaron a patrullar las líneas marítimas alrededor de la Isla, previniendo que así que los botes-U alemanes (U-boats) atacasen impunemente a los barcos aliados.
En mayo de 1943, un buque de patrulla cubano de la Marina (CS-13), en cooperación con la inteligencia de los Estados Unidos, ayudó a hundir un submarino alemán tipo U-176 cerca de la Isla. Esta es una de las pérdidas del Eje confirmadas, ocurrida a causa de la actuación de un patrullero cubano.
Cientos, si no miles de cubanos y cubanoamericanos, se ofrecieron de voluntarios o vivían ya en los Estados Unidos y sirvieron en el Ejército, la Marina, y la Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos. Lucharon por toda Europa, en el norte de África, y en el Pacífico, como cualquier otro recluta estadounidense.
Marinos cubanos sirvieron en buques mercantes aliados, que era una labor extremadamente peligrosa. Varios buques mercantes cubanos fueron hundidos por submarinos alemanes, con pérdida de vidas. La protección de cargamentos de azúcar, algo crítico para la economía aliada durante la guerra, era una preocupación de mayor envergadura.
Más allá aún de los soldados individuales, Cuba era una base clave para las operaciones aliadas en el Caribe. Su puertos, aeropuertos e instalaciones de radares contribuían a asegurar las rutas de envíos. La producción del azúcar cubano fue de importancia capital para el esfuerzo de guerra.
En esta alianza liderada por Estados Unidos contra los poderes del Eje en la Segunda Guerra Mundial, ¿Cuba contribuyó en algún golpe militar?
A diferencia de otros países, Cuba no posee muchos héroes mundialmente famosos de la Segunda Guerra Mundial, pero los militares cubanos han ganado condecoraciones militares de los Estados Unidos. Algunos hasta llegaron a convertirse en importantes figuras más adelante en la política y en las fuerzas armadas.
Uno de ellos fue oficial de la Marina de Cuba y se llamaba Mario Ramírez Delgado, y era comandante de un cazador de submarinos CS-13. En mayo de 1943, su buque ayudó a situar y a hundir un submarino alemán U-176 en la costa norte de Cuba y se convirtió de esta forma en uno de los pocos destructores cubanos de submarinos de que haya noticia y a la vez confirmación del hecho. Se convirtió de la noche a la mañana en un héroe militar nacional. Esta acción fue con toda probabilidad la acción de combate mejor documentada relacionada con un oficial cubano.
Otro fue Carlos J. Finlay III, cubano de nacimiento y oficial del Ejército cubano. Era el nieto de Carlos J. Finlay, el científico cubano que descubrió cómo se propagaba la fiebre amarilla. Es un gran ejemplo de familia cubana acomodada que contribuye directamente al esfuerzo aliado durante la guerra.
Desi Arnaz no fue un héroe bélico en el sentido tradicional de la frase, pero sí fue un militar cubano muy documentado. Fue actor y músico y sirvió en los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en la producción de películas de entrenamiento para las tropas. No era un soldado de primera fila, pero sí formaba parte de la maquinaria militar guerrera.
Aunque muchos nombres se han perdido para la historia, se sabe que cientos de cubanos y cubanoamericanos sirvieron en el Ejército, La Armada y en la Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos. Algunos volaron en misiones de bombardeo sobre Europa, otros pelearon en el norte de África, en Italia y en la guerra del Pacífico y varios recibieron condecoraciones militares de los Estados Unidos.
Más allá de la lucha en las dos Guerras Mundiales, ¿hubo algún otro momento en que militares cubanos participaran juntos en batalla con tropas estadounidenses?
Lo hubo. Un grupo de cubanos sirvió en la guerra de la península de Corea en la década del cincuenta del pasado siglo, como militares en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Algunos de ellos eran emigrantes o cubanoamericanos que se inscribieron en el Ejército, la Marina o la Fuerza Aérea.
Pelearon como parte de las fuerzas de las Naciones Unidas bajo el mando de los Estados Unidos. Algunos pilotos cubanos con entrenamiento volaron con las fuerzas de los Estados Unidos. Otros cubanos sirvieron también en funciones de médicos o de logística con las fuerzas de las Naciones Unidas.
Con la llegada de la revolución socialista a Cuba, muchos exiliados encontraron apoyo en el gobierno de Estados Unidos para intentar recuperar su patria. Quizás el momento cumbre de ese temprano período fue el desembarco de Bahía de Cochinos. ¿Qué conexiones hubo entre las fuerzas exiliadas y las militares estadounidenses?
La batalla de Bahía de Cochinos, llamada también invasión de Playa Girón, fue una invasión militar fallida contra Cuba en abril de 1961, organizada por los Estados Unidos y ejecutada por exiliados cubanos anticastristas, con el objetivo de derrocar el gobierno de Fidel Castro. Terminó en un fracaso total para Estados Unidos y en una victoria política y militar enorme para el gobierno cubano.
En 1959 Fidel Castro derroca a Fulgencio Batista, un dictador apoyado por los Estados Unidos. Al principio, los Estados Unidos no se oponen abiertamente, pero pronto Castro nacionaliza las empresas estadounidenses en la Isla y se acerca políticamente a la Unión Soviética. En plena Guerra Fría, esto alarma muchísimo a los Estados Unidos.
Los Estados Unidos se enfrentan entonces con la disyuntiva de querer derrocar a Castro y evitar un gobierno socialista a solo 90 millas de la Florida, pero no están seguros sobre qué medidas se debe tomar para tratar de provocar un levantamiento popular contra el régimen cubano. Todo sin una intervención militar directa, para mantener una “negación plausible” sobre su participación.
Existía a la vez el gran temor de una expansión del comunismo en América. Se llegó al acuerdo de preparar una invasión diseñada por la CIA durante el gobierno del presidente Eisenhower. Se entrenaron unos 1,400 exiliados cubanos, la llamada Brigada 2506, en Guatemala y Nicaragua, con un desembarco proyectado en Bahía de Cochinos, al sur de Cuba.
El 15 de abril de 1961 se bombardearon los aeródromos cubanos por pilotos cubanos y otros estadounidenses, que actuaban por su cuenta, pero no logran destruir la aviación de Castro. Al día siguiente tiene lugar el desembarco en Playa Girón y en Playa Larga. Aparte del lugar escogido para el asalto, que no era nada favorable para los invasores, estos no reciben el apoyo aéreo prometido y quedan atrapados, debido quizás al cambio de gobierno de una administración republicana a otra demócrata.
Los atacantes se tienen que enfrentar al ejército cubano, las milicias y la policía y todo resulta, como era de esperarse, en una derrota total para la Brigada 2506. Todos los aviones invasores fueron destruidos y sus pilotos muertos en batalla, menos uno de los cuatro aviadores norteamericanos, que resultó prisionero al caer su dañado avión en tierra. Hubo muchos muertos y más de 1,100 prisioneros y todo había concluido en menos de 72 horas.
¿Qué consecuencias hubo después de que la invasión no fructificara?
Cavilando sobre las razones que ocasionaron el fallo de la invasión, se cita frecuentemente el lugar geográficamente desfavorable, la cancelación del presidente Kennedy del apoyo aéreo prometido y la mala inteligencia de los responsables de la planificación estadounidense, ya que el pueblo cubano en ningún momento se rebeló contra Castro o no tuvo la oportunidad de hacerlo. Subestimaron grandemente el apoyo del pueblo a Castro y la efectiva respuesta militar cubana.
Como consecuencia del fracaso de Playa Girón, Castro consolidó su posición (poco antes había declarado oficialmente el carácter socialista de la Revolución) y adquirió mayor prestigio internacional; a la vez reforzó su alianza con la URSS.
Por su parte, Estados Unidos tuvo que enfrentarse con una derrota militar y política y con una humillación internacional por la pérdida de su credibilidad y su prestigio, y el presidente Kennedy no tuvo más remedio que asumir públicamente la responsabilidad de lo ocurrido.
La política de Estados Unidos también se radicaliza ahora contra Cuba como demuestra el endurecimiento del embargo y luego se produce la crisis de los misiles, el momento más peligroso de la Guerra Fría. Estos hechos inspiraron movimientos revolucionarios de izquierda en la América hispana, aumentó la desconfianza hacia los Estados Unidos y fortaleció la imagen de “líder” del antiimperialismo.
Una nota destacable en los sucesos de Bahía de Cochinos es la historia heroica de un piloto norteamericano, que dio apoyo aéreo a los cubanos, pero cuyo avión fue derribado en combate. Cayó prisionero y Castro secuestró su cadáver durante 18 años, hasta 1979.
Los cuatro pilotos norteamericanos que se conoce perecieron en la batalla de Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961 fueron Riley Shamburger, su copiloto Wade Gray, Thomas
Willard “Pete” Ray y su copiloto, Leo Baker, todos ellos miembros de la Guardia Aérea Nacional de Alabama, en Birmingham. Los dos primeros murieron al estrellarse su avión en el Mar Caribe, al ser derribados por la metralla de un avión de combate T-33 de la fuerza aérea de Cuba. Los otros dos navegantes del segundo avión abatido, Thomas Williard “Pete” Ray y Leo Baker, lograron aterrizar con vida, pero fueron rodeados por milicianos cubanos de inmediato y fallecieron subsiguientemente por los balazos de sus adversarios.
Y así es que empieza la insólita e interesante historia del cadáver del tripulante del segundo avión, el del piloto Thomas Willard “Pete” Ray. Como el líder cubano sabía que los refugiados cubanos que vivían en los Estados Unidos no podían haber invadido la Isla sin el expreso consentimiento del gobierno estadounidense, y que esa administración negaría totalmente su participación en el ataque, Fidel Castro consideró una buena idea preservar el cadáver del fallecido piloto (de tez blanca y ojos verdes, por más señas), como evidencia de la participación del gobierno norteamericano en la invasión a Cuba. Con su copiloto, Leo Baker, como era de piel canela y podía haber pasado por cubano, no era necesario hacerlo.
La hija de Thomas Willard “Pete” Ray fue alguien vital para completar una historia de redención…
Exactamente. Ocurrió una historia que demuestra la estrecha relación que existe entre un padre y su hija.
El régimen cubano almacena el cadáver de Thomas Willard “Pete” Ray en una morgue, en el Instituto de Medicina Legal en Cuba, durante un período de 18 años consecutivos, aún después de reconocer los Estados Unidos su participación en los preparativos de ataque de Playa Girón, quizá porque Castro quería conservarlo como un trofeo de guerra.
Su hija, Janet Ray, que fungirá como la protagonista de esta historia al tratar de recuperar los despojos de su padre, tenía a la sazón 6 años escasos y comienza su odisea buscando y colectando información sobre su padre. Ya desde el colegio comienza a darse cuenta de que sus compañeros la miraban de reojo sin comprender el por qué, hasta que aprende años más tarde que a su padre se le acusaba de pertenecer a un grupo de mercenarios pagados que buscaban fortuna al atacar la isla de Cuba.
Desde los ocho años Janet dejaba su grabadora activa escondida bajo el sofá en la sala de su casa para conseguir información sobre su padre, información que su familia le escondía para evitar que ella se enterara de su muerte violenta y de los rumores que circulaban. Así aprende nombres de amistades, colegas y de personas relacionadas con su padre, que ella escribe religiosamente en una libreta de la que no se separa ni un solo momento.
Sacaba papeles que su madre desechaba en la basura de su casa en su obsesión por informarse del paradero de su padre. Casi tres años después de su desaparición, escuchaba en la televisión que Castro liberaría a algunos prisioneros que habían capturado en Bahía de Cochinos y Janet soñaba encontrar a su padre entre los prisioneros.
Durante mucho tiempo recuerda cómo ella y su madre miraban ansiosas la televisión durante el canje de prisioneros por alimentos y tractores entre Cuba y los Estados Unidos, buscando el rostro de su padre entre el grupo de hombres que Kennedy recibió en la Florida, pero sin ninguna suerte. Ella seguía sin comprender tanto secreto, sin que comprendiese el porqué del gobierno estadounidense que hacía todo lo posible para que ella no supiera dónde se encontraba su padre, según se imaginaba Janet.
Fue en ese momento cuando inició una misión que duraría diez y ocho años y siete meses: encontrar la verdad, traer a casa los restos de su padre y asegurar que fuese honrado en su propio país.
Más adelante asiste con frecuencia a bibliotecas y librerías locales, leía archivos, documentos, libros, todo lo que le pudiera dar un indicio, para tratar de aprender más sobre el caso de Cuba y la muerte de su padre. En varias conversaciones que entabla con miembros de la Guardia Aérea de Alabama se da cuenta de que la gran mayoría evitaba darle información.
Por fin, un día alguien finalmente le dijo: “Ah, él cayó en Cuba cuando lo de Bahía de Cochinos”. Por entonces el presidente Kennedy ya reconoce la participación de su gobierno en el asunto, pero niega que personal militar americano hubiese entrado en el territorio cubano.
Diez años más adelante nos la encontramos en la universidad y es durante esta estadía de cuatro años que viaja frecuentemente al sur de la Florida, donde se da cuenta por primera vez que a su padre se le consideraba un buen piloto en la lucha contra el dictador Castro y no un mercenario delincuente.
En un viaje subsiguiente a Miami, alguien le contó que había rumores de que en una morgue en La Habana había el cuerpo de un estadounidense y fotografías que habían tomado después de su muerte. Poco después, Janet contrae matrimonio con Mike Weininger, un piloto de la fuerza aérea con quien comparte su preocupación y quien se une a quienes deseaban ayudarla.
¿Llegó Janet a hablar con la Agencia Central de Inteligencia (CIA)?
Ya entrada la década de los setenta, se entera de que algunos miembros de la CIA, que hasta ese momento había guardado religiosamente la participación de su padre en el proceso de Bahía de Cochinos, se encuentran asequibles a compartir su conocimiento sobre el tema.
En abril de 1979, justo el día que se cumplía el aniversario de la desaparición de su padre, Janet Ray Weininger escuchó que tocaron a la puerta de la casa donde vivía entonces, en la base aérea de Hahn, en Alemania, con su esposo, un piloto militar.
Al abrir la puerta se encontró un sobre que le enviaba Peter Wyden, un periodista con el que se había entrevistado unos meses antes y que estaba escribiendo un libro sobre la invasión de Bahía de Cochinos. Contenía fotos de su padre muerto.
Salió rápidamente a casa de una amiga que la llevó al aeropuerto para viajar de vuelta a los Estados Unidos, pero se encontró que el último vuelo del día estaba lleno, sin asiento disponible. Se las arregló entonces para hablar con el piloto y le rogó que la llevase de vuelta a su país, que su padre también era piloto, había muerto en Bahía de Cochinos y que su cadáver lo tenían en Cuba.
Como no había espacio, los dos pilotos aceptaron llevarla con ellos en la cabina del avión. Solo tenía $10.00 en el bolsillo. Con ella viajaba también el sobre que había recibido la noche anterior con las fotos de su padre muerto.
Desde sus 15 años, en 1970, Janet comenzó a escribirle cartas al tirano Castro mes tras mes, pidiéndole información sobre el paradero de su padre sin recibir alguna respuesta. En 1974, la CIA le había otorgado la Cruz de la Inteligencia, su máxima distinción, a Thomas Ray. Su familia no lo supo hasta muchos años después.
Los siguientes siete meses fueron decisivos y Janet intentó comunicarse con el gobierno de Cuba. A través de un primo periodista y junto a la madre de Pete, se logró interesar también a políticos locales en el caso.
Por otro lado, la CIA le negaba toda información, no le dieron siquiera ni las huellas de su padre para una posible identificación. Janet tuvo que gestionar con su médico sus impresiones dentales para que se pudiera identificar el cadáver.
Finalmente, análisis independientes de Cuba y del FBI con huellas dactilares y dentales corroboraron la identidad. El hombre que había permanecido por 18 años en una nevera del Instituto de Medicina Legal era Thomas Willard “Pete” Ray.
¿Cómo retornó el cuerpo del piloto Thomas Willard “Pete” Ray, que combatió junto a exiliados cubanos en Bahía de Cochinos, a Estados Unidos?
Tras gestiones del gobierno del presidente Jimmy Carter el cadáver fue retornado a sus familiares el 5 de diciembre de 1979, cubierto de barras y estrellas, en brazos de soldados rigurosamente uniformados.
Janet estaba encinta cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de Birmingham con los restos de su padre, en el mismo lugar de donde su padre había despegado hacia una fracasada invasión a Cuba, que lo llevó a la muerte y a pasar casi dos décadas congelado en la nevera de una morque de La Habana, a -10o C. Tras un breve responso en una iglesia local, pasó finalmente a cumplir su deuda postergada con la tierra. Las trompetas, mientras tanto, tocaban a duelo.
La vida de Janet desde que fue mayor de edad estuvo dedicada a restablecer el nombre de su padre muerto en combate de cualquier forma posible que se le presentase, aun después de haber recuperado su cadáver y de haber restituido su honor militar.
En 1998 encontramos a Janet en las montañas remotas del norte de Nicaragua, con las familias de dos pilotos cubanos participantes en la Brigada 2506 que murieron en el vuelo de regreso a Nicaragua. Para su nueva misión de reunir pilotos muertos con sus familiares, para ser enterrados con honor y dignidad, Janet había conseguido fondos de la CIA para una misión dirigida por el ejército estadounidense, reuniéndose con oficiales del gobierno, políticos y otros personajes de influencia en Washington, DC.
Lograron encontrar esos cadáveres cerca del pueblo de San José de Bocay en el departamento de Jinotega. A su regreso a Estados Unidos, fundó la organización Wings of Valor, Inc o Alas de Valor, una organización sin fines de lucro dedicada a restablecer vidas destruidas por la guerra, la pobreza y el desastre.
Pero, Janet no se quedó ahí…
En noviembre del 2003, mientras el gobierno de Castro golpeaba a disidentes pacíficos y escritores, Janet encontró representación legal y le puso una demanda al gobierno cubano por la ejecución de su padre y la profanación de su cadáver. Al año siguiente, los esfuerzos de Janet fueron premiados con casi ochenta y siete millones de dólares por la ejecución de su padre y la profanación del cadáver.
De ese dinero, sesenta y cinco millones fueron por daños punitivos y otros diez y ocho millones por daños compensatorios por dolor y sufrimiento. Más de tres millones y medio estaban señalados para los bienes de su padre, y a Janet como la representante de los mismos.
Sin embargo, los diez y ocho millones de daños compensatorios congelados en los Estados Unidos desde que se impuso el embargo, no estuvieron disponibles por el gobierno de Estados Unidos. Más de dos años después, en 2006, un juez federal del estado de Nueva York le ordenó al Banco de J. P. Morgan que le entregase 23.9 millones de dólares a Janet de los fondos congelados y 66 millones a la familia de Howard Anderson, que había ganado por daños en 2004 contra el gobierno cubano.
En 1962, la Crisis de los Misiles puso al mundo al borde de la III Guerra Mundial. La tensión militar entre Cuba y Estados Unidos llegó a tensiones inimaginables…
La Crisis de los Misiles o Cohetes de 1962 fue uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría y, sin exagerar, el instante en que el mundo estuvo más cerca de una guerra nuclear.
Comenzó como un enfrentamiento político y militar entre Estados Unidos y la Unión Soviética que duró trece días, del 16 al 28 de octubre, provocado por la instalación secreta de misiles nucleares en la Isla.
Recordemos que, tras la Revolución de 1959, Cuba se alineó con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y que los Estados Unidos había intentado derrocar a Fidel Castro en la invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Por su parte, la Unión Soviética, dirigida entonces por Nikita Jrushchov, tenía intención de proteger a Cuba de una invasión estadounidense y, al mismo tiempo, estaba interesado en equilibrar el poderío nuclear, ya que los Estados Unidos tenían misiles apuntados a la URSS desde Turquía e Italia.
Los aviones espía tipo U-2 de Estados Unidos tomaron fotos aéreas de las bases de misiles en Cuba y el presidente fue informado por las Fuerzas Armadas el 16 de octubre. El presidente Kennedy ordenó entonces un “bloqueo naval”, llamado oficialmente “cuarentena”, para impedir que llegaran más misiles a la Isla.
Durante días, barcos soviéticos se acercaban a la zona bloqueada. Y nadie sabía si habría disparos de uno u otro bando. Hubo varios accidentes gravísimos, como el derribo de un avión espía estadounidense en Cuba.
Se establecieron negociaciones secretas hasta que se llegó a un acuerdo y la Unión Soviética aceptó retirar los misiles de Cuba, una vez que los Estados Unidos prometieron no invadir Cuba y retiraron en secreto sus misiles de Turquía.
Este enfrentamiento fue importantísimo, porque demostró lo peligroso que era la escalada nuclear y condujo a mejoras en la comunicación entre los dos poderosos países. Por ejemplo, se creó el famoso “teléfono rojo” entre Washington y Moscú, y se impulsaron nuevos acuerdos posteriores de control de armas nucleares.
En resumen, la crisis demostró que el equilibrio nuclear podría destruir el mundo en horas y que la diplomacia, incluso entre enemigos, era vital para la supervivencia mundial.
Si las negociaciones hubiesen fallado, ¿cuáles hubieran sido los escenarios posibles?
Esto no es una exageración y muchos historiadores opinan que la guerra nuclear hubiera sido casi inevitable. He aquí tres posibles escenarios realistas.
El primero, y el menos probable, pudiera haber sido un choque militar directo en el que los Estados Unidos invadieran a Cuba. Hoy sabemos que había armas nucleares tácticas en la Isla y que los comandantes soviéticos tenían autorización para usarla si fuesen atacados. Una explosión nuclear en el Caribe ocasionaría miles de muertes inmediatamente y los Estados Unidos responderían atacando la URSS. Ocasionaría una escalada global casi automática.
Un segundo escenario vería un barco disparando por error, un radar interpretando una mala señal, o un piloto actuando por iniciativa propia, todo sucediendo sin “decisiones políticas”.
Un tercer escenario tendría una guerra nuclear a gran escala. Si se rompiese el equilibrio de las negociaciones, se verían misiles lanzados desde Cuba, Estados Unidos, Europa y la URSS. Ciudades como Washington, Moscú, Nueva York y Londres serían destruidas. Como consecuencia de cualquiera de estos escenarios sucedería un colapso económico global, contaminación radioactiva masiva y hambrunas a escala mundial (lo que hoy llamaríamos “invierno nuclear”).
Lo más inquietante de todo este asunto es que Kennedy y Jrushchov no controlaban todo. Muchos mandos militares estaban dispuestos a ir más lejos de lo que los políticos querían y la humanidad dependió de decisiones individuales, de personas que no perdieron la calma ni apretaron el botón.
A partir de 1959 Cuba entró de lleno en la Guerra Fría, pero del lado soviético. La saga de espías que el castrismo ha infiltrado en territorio norteamericano convirtió a la Isla en un enemigo a seguir de cerca. ¿Aún es una amenaza en ese sentido?
Un país totalmente empobrecido como Cuba no tiene la inteligencia más poderosa del mundo, pero probablemente sí una de las más pacientes, disciplinadas e ideológicamente coherentes. No compra espías: ¡los forma y los convence! Su inteligencia es pequeña, pero muy eficaz, centrada más en calidad ideológica, que en cantidad.
Sus métodos clásicos son los siguientes:
1. Reclutamiento ideológico desde las universidades, las fuerzas armadas, la diplomacia, los movimientos estudiantiles y partidos de izquierda. Se busca gente con convicción política previa, no tanto por dinero. Su narrativa se centra en la lucha contra el imperialismo, la soberanía, la justicia social y la resistencia al poder de los Estados Unidos. Sus agentes son jóvenes y formados durante años. Se les enseña educación política intensa, disciplina militar y compartimentación extrema. Estos “agentes durmientes” durante décadas viven vidas normales de académicos, periodistas, funcionarios y empresarios. El aparato de inteligencia construye una cultura donde traicionar es traicionar a la nación, no solo al empleador. El agente cubano tiene menos recursos, son menos, pero bien posicionados. Tienen paciencia, ideología y una profunda inserción. Sobresalen por su convicción, el largo plazo con que funcionan y lo sigilosos que son. Se les ofrece identidad, sentido histórico y misión. Muchos agentes creen de verdad que están en lucha contra un enemigo poderoso. El espía cubano no traiciona. Como es un espía ideológico, soporta cárcel, exilio o décadas sin reconocimiento.
2. El estado castrista sigue siendo poderoso por la mentalidad de guerra permanente que mantiene, su paciencia estratégica a través de muchos años, su mentalidad de infiltración ideológica, su enfoque en los Estados Unidos y que trabajan en redes: cuando uno cae, suele haber otros activos o durmientes.
¿Podría ofrecernos algunos ejemplos?
Por su puesto. Hay varios.
Uno de ellos fue la Red Avispa, una red de espionaje cubano desmantelada en 1998. Infiltraba bases militares, exiliados cubanos, organizaciones políticas y centros estratégicos en la Florida. Robaba información militar sensible, vigilaba y penetraba grupos del exilio. Participó en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate. Componían la red agentes ilegales, operaban con identidades falsas, matrimonios falsos y llevaban vidas completamente fabricadas. Respondían directamente a la inteligencia cubana. Varios miembros fueron condenados a largas penas de cárcel. En Cuba fueron celebrados como héroes nacionales.
Otro caso fue el de Ana Belén Montes. Era una analista establecida en la Agencia de Inteligencia y su especialidad era Cuba. Tenía acceso a información ultrasecreta del Pentágono y espió para Cuba durante 16 años (1985-2001). Pasó información clasificada de capacidades militares de Estados Unidos y de operaciones en Latinoamérica, además de las identidades de los agentes estadounidenses. La suya era compenetración ideológica: no espiaba por dinero. Comprometió operaciones enteras, puso vidas en riego y fue condenada a veinticinco años de prisión. Su labor demostró que Cuba podía infiltrar el corazón de la defensa de Estados Unidos.
Podemos sumar también el caso de Manuel Rocha. Era diplomático de carrera de Estados Unidos y embajador en Bolivia. Ocupaba altos cargos en el Departamento de Estado. Espió para Cuba durante más de 40 años. Comenzó en los años 70. Operó a lo largo de gobiernos republicanos y demócratas. Influyó activamente en decisiones de política exterior. No era analista, era un decisor. Ayudó a moldear a gobiernos y alianzas favorables a La Habana. Su actuación confirmó que la penetración cubana estaba muy activa.
Walter Kendall Myers, funcionario del Departamento de Estado, espió para Cuba por décadas. Él y su esposa eran parte de una red familiar ideológica. Carlos y Elsa Álvarez participaron en infiltraciones en círculos académicos y políticos. Hubo (y posiblemente hay) agentes durmientes en universidades, ONGs, medios y think tanks.

Diario de la invasión (VI)
Fueron sus subordinados más fieles los que recibieron la orden de eliminar a Ramiro Valdés. Con la complicidad de su propia familia.









