La batalla por el significado del 4 de julio de 1776

Una pregunta que podemos hacemos sobre el 4 de julio es qué provocó realmente esta revolución. La fecha tiene una significación que sobrepasa la de certificar la independencia de Estados Unidos. Fue, históricamente, un referente para las luchas anticoloniales del continente, pero también el verdadero modelo de una revolución liberal, en el sentido clásico. 

Al respecto, conviene revisar lo acontecido más de dos siglos atrás. La idea que la historia que se enseña en las escuelas norteamericanas es antipatriótica o al menos poco patriótica ha estado presente en el debate político norteamericano desde el primer periodo de Donald Trump. En este punto, conocer las causas de la principal fecha patria, el 4 de julio, contribuye a entender el pasado y en qué sentido se ha montado una mitología sobre él, en dependencia de la ideología de los que la hayan propagado. 


La tesis de Gerald Horne: esclavitud y revolución

Comencemos por The counterrevolution of 1776 como caso de estudio de este pretendido antipatriotismo del historiador norteamericano contemporáneo. Basta encontrar en esta obra que lo ocurrido en 1776 se explica por:

La proclamación de Lord Dunmore bloqueó de hecho toda posibilidad de reconciliación rebelde con Londres. Como lo formuló un analista posterior, “el pueblo se alzó en rebelión ante la idea de un ejército compuesto” por africanos… El “reino de terror” que esto presagiaba “despertó a toda la colonia como ninguna otra cosa habría podido hacerlo” y, en pocas palabras, “forzó la guerra” (Horne, 234). (Lord Dunmore’s proclamation effectively barred any possibility of rebel reconciliation with London. As one subsequent analyst put it, “the people rose in revolt at the idea of an army composed” of Africans… The “reign of terror” this augured did “arouse the entire colony as nothing else could have done” and, in some many words, “forced war”).

Es decir, que el antagonismo respecto a los impuestos, que venían enfrentando a colonos y autoridades de la metrópoli, llegaron a un punto de no retorno con esta proclama que concedía la libertad a los esclavos de los colonos rebeldes si se unían a Inglaterra en la lucha contra ellos. 

La tesis de que la revolución de 1776 tenía como trasfondo la esclavitud sorprende a quien estuviera familiarizado con la historiografía de hace unas cinco décadas. Tradicionalmente los puntos de vista en competencia eran los propios de discusiones clásicas: si fue más importante el desarrollo capitalista de las Trece Colonias o la moral puritana; los beneficios del comercio triangular o los sermones del Great Awakening, si las afectaciones provocadas por las Leyes Intolerables o los argumentos de Tomas Paine. 

Todavía historiadores como Robert V. Rimini consideraban no hace mucho, a la manera hegeliana, que los norteamericanos habían recibido de las prédicas de los movimientos revivalistas el sentido de independencia personal que echaría abajo el régimen colonial. (A short history…, 26). Sin embargo, como veremos, esto no quiere decir que estas tesis tradicionales hayan de ser desechadas. 

El interés relativamente reciente de estudiar los procesos históricos como una totalidad ha traído nuevas hipótesis. Una de las preguntas que subyace al estudio que aquí comentamos es: ¿por qué si los impuestos de la corona sobre sus súbditos americanos afectaron tanto a las Trece Colonias como a las islas inglesas del Caribe, en estas últimas no se dio una revolución? Jill Lepore explica que “en el continente, los blancos superaban en número a los negros en una proporción de cuatro a uno. En las islas, los negros superaban en número a los blancos en una proporción de ocho a uno” (on the mainland, whites outnumbered blacks, four to one. On the islands, blacks outnumbered whites, eight to one) (These truths, 84). De ahí el conservadurismo de las élites en las Antillas inglesas. 

La idea, sin embargo, de que la conservación de la esclavitud pudo motivar un movimiento político importante es de larga data. Se da en la historiografía cubana actual. Sucede así con el anexionismo que floreciera en Cuba entre 1840 y 1851 motivado, en parte, por los temores ante el abolicionismo inglés y la debilidad española ante el mismo. 

Algunos otros historiadores norteamericanos actuales suelen reconocer en sus análisis de la revolución de 1776 la importancia de la esclavitud. Jill Lepore, en este sentido, explica en un reciente libro que la decisión del gobernador de Virginia de dar la libertad a los esclavos que se incorporaran al ejército inglés hizo desaparecer la reticencia de los delegados de esa colonia al segundo congreso continental de proclamar la independencia:  

“No fueron los impuestos ni el té, ni los disparos en Lexington y Concord, ni el sitio de Boston; fue, más bien, este acto —la oferta de libertad a los esclavos hecha por Dunmore— el que inclinó la balanza a favor de la independencia estadounidense” (94). (Not the taxes and the tea, not the shots at Lexington and Concord, not the siege of Boston; rather, it was this act, Dunmore’s offer of freedom to slaves, that tipped the scales in favor of American independence). 


Interpretaciones alternativas de 1776

Ya en la respuesta oficial inglesa a las demandas del primer congreso continental, de la pluma del escritor Samuel Johnson se les criticaba a los colonos que proclamasen su derecho a no aceptar impuestos sin su consentimiento, mientras al mismo tiempo se beneficiaban de la esclavitud. (Horne, 242) 

Otros autores consignan que entre 5-7 mil esclavos combatieron del lado de los norteamericanos, mientras decenas de miles lo hicieron con los ingleses, pero esto se explica por la reticencia de algunas colonias a ofrecerles participar en el ejército revolucionario, donde podían obtener la libertad. 

Aquí, sin embargo, hay una diferencia en la posible interpretación del hecho que nos lleva a esta pregunta: ¿fue esto el resultado de un interés por conservar los esclavos y, al mismo tiempo, obtener los reclamos sobre impuestos, pues los ingleses los ponían en la opción de obediencia o perder su “propiedad” (los esclavos)?, ¿o se trató más bien de la percepción de una desigualdad? 

Los ingleses estaban dispuestos a armar a estos esclavos y, sin embargo, confiscaban las armas de los rebeldes. La típica discusión clásica se daba aquí entre el móvil material y lo “superestructural” (el honor, la sensibilidad ofendida, etc.) y, en este enfoque, se dirime por el primero. 

Sin embargo, hay razones más fuertes para señalar el límite de esta interpretación. Por solo mencionar el ejemplo al que me refería inicialmente: La obra de Paine, Common Sense, en la que se cuestiona radicalmente la colonización inglesa, fue un éxito de ventas. En tres meses de 1776 vendió más de cien mil ejemplares (Thomas Paine). 

Solo un país que hubiera desarrollado con tan amplitud la imprenta pudo ser testigo de semejante difusión de las ideas. Y esto únicamente era posible en un país protestante, donde había una preocupación por eliminar el analfabetismo para que el hombre común pudiera leer la Biblia. 

Estos dos hechos, desarrollo capitalista y una opinión pública libre que pudiera leer y comprender ideas de teoría política, explican el éxito del libro de Paine. En las Antillas inglesas o las colonias españolas esta combinación era imposible en aquel momento. 


Historia, valores y juicio moral

La ciencia histórica desde hace varias décadas ha ido reduciendo el peso de la explicación causal de los fenómenos, en contraposición a criterios más tradicionales como el de Ortega y Gasset, que veía a las revoluciones como resultado de un “alma racionalista”, algo que por cierto contrastaría, en el caso de la Revolución Americana, con el espíritu práctico de los ingleses.

Aunque esta tesis ha triunfado en historiadores como Ferdinand Braudel, la idea de no ver un cambio acelerado en una sociedad de 1775, cuando incluso se quería algún tipo de acuerdo con los ingleses, a 1776, con una declaración abierta de independencia, puede ser vista en ensayistas y autores muy alejados de tesis marxistas o neomarxistas. 

Por ejemplo, Leonid Kochan, historiador ruso emigrado (anticomunista), en 1968 propuso la interpretación de la Revolución Rusa como resultado no del atraso del imperio de los zares, sino por sus políticas de desarrollo capitalista “desde arriba”, desde las élites del gobierno, lo que, al acelerar una modernización capitalista, provocó la Revolución de 1917 (Kochan, 22). 

La creencia subyacente es que la historia es retardaria: cualquier intento de aceleración provoca una reacción conservadora. Como puede verse, se trata del mismo “criterio historiográfico”[1]que usa Gerald Horne para explicar la Revolución Americana medio siglo después.

Todo esto, sin embargo, es una discusión entre puntos de vista de historiadores. Sea ajustada a los hechos o no, dictaminar como antipatriótica una interpretación sobre el origen de la Revolución Americana pertenece a los valores, no a las ciencias sociales. Esta discusión actual es, por tanto, ideológica o, cuando más, filosófica. Difícilmente pueda una actividad científica, como la del historiador, determinar qué juicio moral ha de ser justificado. 




Obras citadas:
Braudel, Fernand. On History. Translated by Sarah Matthews, University of Chicago Press, 1982.
Horne, Gerald. The Counter-Revolution of 1776: Slave Resistance and the Origins of the United States of America. New York University Press, 2014.
Kochan, Lionel. Rusia en revolución: 1890-1918. Alianza Editorial, 1968.
Lepore, Jill. These Truths: A History of the United States. W. W. Norton, 2018.
NCC Staff. Thomas Paine: The Original Publishing Viral Superstar. National Constitution Center, January 10, 2023, National Constitution Center. Accessed June 13th, 2026.
Rimini, Robert V. A Short History of the United States. HarperCollins, 2008.






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