Cuaderno azul, 11,5 × 17,5 cm, invierno-primavera de 2026.
1
Una capacidad fantástica de supervivencia. Tiene que ser una habilidad obtenida gracias a vivir 27 años en un país comunista. Mes a mes, día a día, un rato contento y otro preocupado, 31 años recién cumplidos y cuando lo digo no me parece estar hablando de mí. No tengo trabajo, o sí. Una tonelada de pequeños encargos que me dejan el brazo desbaratado y las ganas de escribir en cero. Nueve novelas. Me gustan (soporto) solo tres. He abandonado otras (cuatro). Esos son los números. Empiezo a convertirme en un personaje de Daniel Clowes, es decir, un cliché freudiano, estudioso de ocultismo en un mundo satánico.
2
Clase con Guichard. Calva de bebé, barba, ojos de animalito, chaqueta de pana verde, camisa verde, pantalón verde. Es un villano de Batman. Víctor, un colega. Blancura vampírica, barba valáquica, sombra draculínea, nervioso, a veces bondadoso. Maestras extrañas, gente de ojos grises, pasos imperceptibles. No voy a la facultad; voy a un colegio de magia.
3
Al parecer, Guichard es tan experto en papirología que puede detectar cuándo un escriba se detuvo, cargó su cálamo con tinta y siguió escribiendo. Desplegamos un papiro en el aula. Luego un códice con tapas de madera. El papiro cruje como una tusa de maíz. El niño Guichard nos trae sus juguetes para que juguemos con él.
4
Aspiro a una vida utópica, solo posible si me convierto en monje. Pero ahí entonces la meta sería Dios, no la literatura.
5
Me encontré una moneda de dos euros con la cara de Dante. Me la dieron en un vuelto. La fregué, la puse bien bonita. Ahora es mi moneda de la suerte.
6
“Suelto amarras en todo; me he desprendido de ya de todo el mundo, salvo de mí mismo”. Ensayos, I, XIX.

7
Sé que tengo una inconformidad esencial con la vida. ¿Pero cuál es la raíz y la solución de esa inconformidad?
8
“Poseemos un alma que puede replegarse en sí misma; puede hacerse compañía; tiene con qué atacar y con qué defender, con qué recibir y con qué dar. No temamos, en esta soledad, pudrirnos en el tedio del ocio. En estas soledades, sé una multitud para ti mismo”. Ensayos, I, XXXVIII.
9
Choca un autobús en Salamanca. Era la ruta 7 y llevaba a Prosperidad.
10
Una mujer delgada y amarillenta habla con una muchacha rubia y muy bonita. La piel de la primera es traslúcida; la de la segunda, tostada y porosa, aunque no deja de ser linda. Hay rasgos que permiten identificar a la primera mujer como el destino de la otra —¿a lo mejor es su hija?— y a la segunda como el pasado de su madre. Al salir del mercado miran el recibo y calculan y discuten. ¿Son dos puntos de la pobreza? ¿El punto A y el punto B de la línea de la pobreza?
11
Me compré un chaleco que me hace lucir como un mariscal soviético. ¿Había mariscales en la Unión Soviética? Estoy perdiendo facultades, como las perdería un mariscal soviético. Soviets por todas partes. Hay una kazaja —pelo negro, gabardina verde, gafas, menciones a una resaca que todavía le dura— que aborda a mi mujer y le dice: “¡Eres soviética!”.
12
Un verso de Parra: “Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto”.
13
Lo único útil que he aprendido desde que volví a la universidad es que, si uno va a Egipto y encuentra una lámpara de la época romana, no debe recogerla y sacudirle la arena. Ni siquiera frotarla para que aparezca el genio. Sino sostenerla por el asa cuidadosamente y esperar a que caiga un escorpión. Al parecer es una constante.
14
Con 31 años, sigo siendo un estudiante pobre. Novelista laureado, me dijo un profesor el otro día. Pero pobre. Con la mano jodida, canas, alergia, sin haber publicado ficción desde hace meses, y pobre. Casado, exiliado, pasado por todos los oficios, pero en esencia un estudiante pobre.
15
La mujer ucraniana que se monta con su hija todos los días en el autobús está evidentemente de luto por su país. La niña es muy rubia y ella no solo se tiñó el pelo de negro, sino que toda su ropa es negra excepto la bufanda, violeta. Yo pensaba que esos gestos eran cosa del siglo XIX, o por lo menos del XX.
16
Mensaje de E. sobre el cementerio hebreo de mi pueblo: “Averigüé muy poco. Los que están enterrados ahí eran sefarditas, como me habías dicho. Según supe, las tumbas tenían la estrella de David y antiguamente se creía que los enterraban de pie”.
17
Después de la comida, pongo sobre la mesa los soldaditos de plomo que he ido coleccionando desde hace años y que en realidad ya no busco ni colecciono. Van desplegándose por estratos sobre la mesa. Inmediatamente me da un ataque de nostalgia, pero no digo nada, claro. Ayer canjeé tres tabacos por los cuentos completos de Cortázar. Nada más natural. Ahora me levanto temprano y me pongo a leer. Paso horas, por fin, leyendo sin que nadie me joda o me interrumpa, con un café con leche en la mano. Leo el malísimo prólogo de Saúl Yurkievich a la obra de Cortázar y saco en claro solamente dos cosas: por alguna razón, Yurkievich se apoderó de la silla de Cortázar, en lo cual no deja de haber una pesada metáfora de la relación entre el escritor y la crítica. Segunda: que Cortázar ponía sus lápices en un vaso a su derecha y su pipa a la izquierda, como yo y probablemente como cualquier persona razonable.
18
“Tengo que comprender de qué manera me atrae el lugar que ocupa el monstruo, el hereje, a fin de descubrir lo que mi obra significa para mí”. Daniel Boyarín.
19
Clase de griego en la facultad. Tribu de chiquitos ansiosos que miran todo el tiempo sus teléfonos. Me sentí un viejo de mierda. Estoy bastante seguro de que soy más viejo que la profesora. Ella me trata de usted y me pregunta nerviosa si la clase me fue útil. En realidad, fue una pérdida de tiempo, pero le respondo que “la dinámica funciona”, una frase idiota.
20
Me dice N. que no debería escribir más novelas sino volverme el crítico de mi generación. No me interesa ese oficio, que algún dinero me ha dado. Dice Steiner que las épocas de idolatría crítica se denominan alejandrinas o bizantinas, nombres que no estarían mal para designar a dos pandillas de guerreras drag.
21
Visita de tres días de K. Me paso todo su viaje haciendo de adivino. Juego con fuego. Hago profecías y se cumplen. Tiro las cartas. Hablamos de lo que ha sido de nuestras vidas en estos seis años, cuando nos conocimos en la India. Ahora los dos tenemos más de treinta años y seguimos buscando cosas, esperando cosas. Días vividos como un sueño raro.

22
El domingo abro mi consulta de I Ching para los amigos. Están K., A., G. y E. Decido crear atmósfera y K. me pone uno de sus pañuelos como turbante. Además, prendo la pipa. Soy el doctor Tsimtsum. Mi imaginación está desbocada y me sumerjo en el personaje. Traigo mi piedra-aleph para que me sirva de pisapapeles. Empiezo con G. y el oráculo es en general favorable (☴ y ☴). Luego viene A., que secretamente había preguntado si moriría poco después de cumplir treinta. Pronóstico nefasto, dice el hexagrama. La palabra clave del hexagrama de K. fue “seguir”. Todos se van perturbados. ¿Por qué le dieron tanta importancia a la lectura si les advertí que era solo azar y matemáticas? Cada uno se llevó lo que buscaba.
23
Los editores idiotas de una revista idiota publican una lista de escritores cubanos posteriores a 1959 y me atribuyen una novela llamada El año del cordero. Dicen, además, que nací en 1991. Escribo un articulito burlándome de ellos. En medio de este año de mierda —del cordero—, alguien me fabrica un clon de 35 años, cuando uno de mis problemas es precisamente lo viejo y lo muerto que me siento.
24
Tratando de ser joven voy al cine con los amigos. Al regreso preparo carbonara y fumamos hachís. Efecto: muy poco. Se me relajan los hombros y el cuello, pero el porro no sabe a nada. Enseguida me aburro y busco mi tabaco. La boca reseca. A cada rato, una cachada de hachís. Nada. Leemos a Lezama. Me entra una tristeza total con El pabellón del vacío, como si compartirlo me matara. Ayer me fumé un total de tres tabacos y le di cachadas ocasionales a seis porros de hachís. Suficiente juventud. Como Petrarca, voy recogiendo los trozos dispersos del espíritu. Voy recogiéndolo todo.
25
Bobería dicha ayer con los pulmones llenos de humo: “Traten de leer a Lezama como si tuvieran los ojos cerrados”. Otra bobería: oculi in vitro cum capsula.
26
Converso con K. sobre la relación de los europeos con su cuerpo, diametralmente opuesta a la de un americano. Creo que los europeos nos vieron en cueros en 1492 y nunca nos recuperamos de la pena que pasamos. Ahora las europeas andan sin ajustador y a mí me encantan las gabardinas. Si hay una colonización, un trauma de la colonización, es ese.
27
Un congreso aburridísimo. Voy el primer día y ya no logro volver. Hoy me quedé durmiendo. Es poco probable que me parezca bien, algún día, la vida así. Es poco probable que los demás no vean en mí a un enemigo de su ficción. Voy por la tarde al Corte Inglés a comprarme un par de zapatos y me dan unos beneficios de seguro médico. La gestora del seguro se asusta al verme, porque mi ficha dice que tengo 66 años y que mi apellido es Carponell. ¿Por qué no Karponelli o Arponell? Es como el envejecimiento que querían perpetrar los de la revista, pero a escala empresarial. Me querían aplicar el corte inglés, el finish him.
28
¿Mi cuadernito? ¿Escribo en un cuadernito porque vivo una vidita? No hay vidas, por tanto no hay cuadernos. Fumo demasiado.
29
El código penal cubano considera un delito contra la Seguridad del Estado “realizar cualquier actividad encaminada a seducir tropa nacional o que se halle al servicio del Estado cubano para que pase a filas enemigas o deserte de sus banderas”.
30
Petrarca. “Gozo: Es muy fuerte la urgencia de escribir. Razón: Hay innumerables maneras de locura. Unos tiran piedras, otros escriben libros. Para unos, escribir es el principio de su locura; para otros es el final”.
31
Anoche el hachís era verdoso o más precisamente verde mierda. Logro la maravillosa relajación en los hombros de la última vez, pero después viene un largo embotamiento. Juego ajedrez con A. y me gana con los ojos cerrados. ¿Qué cosa es eso? Saco el I Ching, tiro las rupias.
32
Compro un tarot de Marsella. Me paseo con él por la ciudad y llego al bar. Por la noche nos leímos las cartas. Mi carta regente fue el caballero de copas, el caballero del Santo Grial, dije enseguida. Las copas representaban la multiplicidad de los sentidos, con una copa mayor, o sea, un sentido que predomina. La carta regente de E. era La Papisa. De niño siempre soñé con tener un tarot así. ¿Qué niño sueña con ese tipo de cosas?
33
Lectura del tarot en la Plaza Mayor, con A. y G. A G. le leo las cartas según el método de Propp —un método que inventé usando las funciones del cuento—, el camino del héroe. Ella, inquieta por la vida intelectual (espadas) necesita oro y lo encuentra en las manos de un donante (reina de oros); su adversario, La Fuerza, opera en el mismo nivel, pero ella vence. En cuanto a A., la lectura lo llevó al sendero de los destinos posibles (bastos) y al temor a la mediocridad. La carta que más le llamó la atención fue La Torre. A mis amigos les gusta más el tarot que el I Ching.
34
Nada aquí es mío. ¿Qué es lo que soy realmente? ¿Un escritor que aprende latín y griego como un pasatiempo que no está en condiciones de pagar? ¿Un extranjero que finge interesarse en el mundo antiguo? ¿Un farsante que dice ser un escritor que se interesa en el mundo antiguo? Todo es una locura y no tengo dinero.
35
En realidad, sé que nos vamos a salvar. La cuestión es cuán deteriorados vamos a estar cuando llegue ese momento. Todas las fotos tienen su negativo. Yo quiero creer que con este párrafo anulo el anterior y corrijo el rumbo. Gran apoyo motivacional. El diario de una quinceañera o mi propio diario, el que quemé en una cubeta antes de irme de mi país. Luego fui a una esquina de la logia, al vertedero, y boté todo aquello, una pasta negra, unos añitos.
36
Christopher Lee en televisión. Muy joven. Dice que el mal, encapsulado en la persona de Satanás, existe desde hace miles de años. Enumera manifestaciones: satanismo, brujería, vudú, jujú, wiccanismo, etcétera. “Esta misma noche se van a celebrar ritos satánicos en Gran Bretaña”, advierte.
37
Ayer, comida con A. y G. en un restaurante japonés. Antes de ayer, comida con E. y G. en un venezolano. Vida por encima del bolsillo, muy por encima, a lo Fitzgerald, pero en este caso yo soy Zelda.
38
Leo como un loco este fin de año. Los días más fríos, según el noticiero. Me levanto temprano, me pongo a meditar, pelo y pico una piña para el desayuno, preparo las cosas para estudiar griego. Escribo una novela, pero sé que en breve se añadirá a mi lista de proyectos sin terminar. Ayer E. y yo conversamos en un bar, medio borrachos. Si vas a escribir algo importante en tu vida, me dice, será ahora.
39
“Siro y Petronio cargaron por turno con el saquito de cuero que contenía sus ropas y denarios. Durmieron al aire libre, junto a túmulos de cruces. En la noche vieron brillar tristemente las lamparillas de los monumentos funerarios. Comieron pan ázimo y aceitunas blandas. No se sabe si robaron. Fueron magos ambulantes, charlatanes de campo y compañeros de soldados vagamundos. Petronio olvidó completamente el arte de escribir en cuanto vivió la vida que había imaginado”. Marcel Schwob.
40
Último día de clases. No me despido de nadie, solo de las conserjes, mis amigas.

Diario de la invasión (IX)
Los 250 años de Estados Unidos eran equivalentes a los cero años que los cubanos hemos vivido en democracia.













