Una criatura que me pertenece

Poemas Vivos: El hombre adivinado

Designios

Es difícil describir
la felicidad 
que me ha dado 
tu risa de niño borracho.

Contigo he mirado cara a cara
todas las efigies.
Sin parpadear, he aceptado
todos los designios.

Ante ti,
mi boca enmudece de sorpresa;
junto a ti,
todo pierde su peso y su espacio,
flota, en torno a tu magia.

Hasta yo desplumo 
ante tus ojos
un striptease
de sensaciones,
caricias que me da tu nombre
con pequeñas puñaladas.

Visita

Mirarte hoy ha sido 
verte y verme
en el espejo.

Tu frente planchada 
de marciano moderno,
me ha dejado dudas 
profundas sobre la realidad.

Recibir tu beso en mi mano,
besar de regreso tu mejilla,
parecieron rituales
antropológicos de una especie
extinta.

Intercambiaste tu paisaje 
por el mío;
me diste en tu embriagante café
las engreídas bacterias,
de tu risa.

Todo a tu lado es mágico,
irreal y lúdico,
hasta yo, sumergida en mi traje negro,
me siento adherida
a tu lengua 
como una estampilla.

Criatura

Una vez, y siempre
podré escribirte en las hojas 
en blanco,
todas parecen llevar tu nombre disfrazado.

Sin espacio para el vacío,
te estampas en todos mis papiros,
no entiendo el fuego que te quema,
ni por qué me mojan tus hogueras.

Sangrando de alguna parte aún no entendida
gateo bajo la mesa,
hurgo entre los dobleces, 
huelo los lienzos de tus momificados dibujos,
y encuentro una vez más que
eres una criatura que me pertenece.

No hay más, tu nombre está escrito 
en el borde de mí misma,
en la basta de mi alma.


El rumor de las cosas (Latino Book Awards, 2020)

Reflejo

Le toqué la herida,
el lado sombrío del ladrido,
el rayo luminoso de la calma.

Fui voz entrecortando telarañas,
ronco resplandor
sobre el manubrio de la casa.

Sin esperarlo vi mis cortes
reflejados en sus marcas,
huellas secretas y turgentes
que ocultas del tumulto
se hicieron líquidas
en la turbia aceptación de la sonrisa.

Descifrando el rumor

Me halló renacida
bajo la manga,
ya no cómplice amable
con sus huecos,
porque los gametos
de su aliento
fueron demasiado roce 
para mi camisa.

Entonces, 
mi nombre de moras
tornose fruto prohibido
en su boca,
árbol atado al cuello 
del lobo,
matiz de bestia 
por los poros.

Sorprende
la turbulencia 
que enciende el poeta
en el rumor.

Ochos

Abro latas,
cuido las tuyas.
¿Durarán como en la guerra?
No pienso tocarlas.

Escatimo
tu té de consecuencias
y busco evitar las horas
frente a tus páginas.

Arropada la noche pasa
con sus remilgos de olvidada,
sus trapos me rozan la boca,
buscan mi saliva 
con sus dedos entrenados.

Mientras, me consuelan
los senderos de tus cordones
pintando ochos 
por los corredores
donde los gatos 
duermen
para soñarte.






* Sobre la autora:
Linda Morales Caballero es escritora, periodista y educadora. Licenciada en Literatura Hispánica y en Medios de Comunicación, y Máster en Literatura Iberoamericana (City University of New York, CUNY). Es coeditora de la revista cultural y literaria Hybrido






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