Monika Fox brilla por fin ahora en la internet cubana, para recordarnos que no conocemos las dimensiones groseras de nuestra debacle. Ni tampoco, lo grotesco de nuestro carnaval.
Monika Fox brilla por fin ahora en la internet cubana, para recordarnos que no conocemos las dimensiones groseras de nuestra debacle. Ni tampoco, lo grotesco de nuestro carnaval.
Una Cuba cubierta de harapos pintorescos, poblada por sujetos serviles, desesperadamente xenófilos, humildes al borde de la miseria y siempre listos a gritar ‘¡Bienvenido, Míster Marshall!’
La ley de transparencia educativa obliga a los centros de enseñanza primaria y secundaria a inventariar digitalmente los libros y lleva a los distritos a recurrir a costosas soluciones.
“¿Eres menos hombre si no eres padre? Esa pregunta me ha acosado durante décadas. Pero he aprendido a amar mi vida sin hijos”.
“No había ningún motivo para charlar con Leonardo Padura y los había todos. No tenía ningún libro que promocionar, y por eso hablamos a pierna suelta de casi todo”.
Un testimonio de la política cultural española al final del periodo socialista.
“El Ministerio de Cultura le invita a uno, por primera vez en veinte años, a un viaje al extranjero, a Cuba en este caso. El escalafón se mueve. Esto es el éxito”.
El bollo ʻrealistaʼ de una modelo real o el bollo ʻidealʼ del pintor.
¿Cómo hubiera sido esta Isla sin ese desvío impuesto por un experimento demencial?
‘Convertidor’ es una entrega de la serie ‘Cosa seria’, una columna de opinión del artista Omar Santana, en Hypermedia Magazine.
“Me obsesioné con la basura como un objeto encontrado, como material para hacer arte, como algo que necesitamos desesperadamente mirar y repensar. Cuando regresé a Panamá, después de dos años de estudiar en Baltimore, lo hice con una mirada hacia los desechos como evidencia de nuestro comportamiento humano”.
Víctor Betancourt ha estudiado la lingüística, la filosofía y la liturgia yoruba como pocos. Es considerado un transgresor porque, entre otras cosas, desarrolló un proyecto con mujeres a las que consagró como Iyá Oní Ifá y les enseñó muchos de los secretos del sistema de adivinación de los babalawos, hasta entonces reservado a los hombres.
En La Habana sobreviven los actos de repudio y se asiste a una resurrección de los poderes de la muerte civil. No hay desintegración en el polvo de las tumbas, ni huesos desperdigados, ni trozos de piel pegados a los ataúdes. Las formas de la muerte son ahora muchas, demasiadas, y el lenguaje apenas alcanza.