Taiger, Taiger: un pingú. / Cuéntame la historia tú: / Isla, exilio a contraluz; / Hombre, música, ataúd.
Taiger, Taiger: un pingú. / Cuéntame la historia tú: / Isla, exilio a contraluz; / Hombre, música, ataúd.
En medio de la invasión rusa de Ucrania, la enigmática letra “Z” emerge como un potente símbolo que evoca fervor, desafío y misterio en la narrativa en evolución de la guerra.
Un devastador terremoto de magnitud 6,8 sacude el oeste de Marruecos y causa más de 2000 muertos y miles de heridos. El peor seísmo en un siglo deja Marrakech sumida en el caos; la ayuda internacional espera luz verde.
Detrás de las glamurosas ceremonias y la fama de los laureados, se esconde una historia sabrosa en detalles, personajes olvidados y decisiones polémicas.
Las aventuras y desventuras de “un raro Quijote eslavo” en La Habana.
No pudo ser mejor. Él era mi Humbert Humbert. Y yo, su Lolita. Treinta y tres años contra catorce.
Es la Uneac, la organización que acompaña proyectos que coartan la libertad creativa, la que atropella a mujeres intelectuales; la que ideologiza y politiza el consumo culturaly educativo de las niñas y los niños cubanos.
Tengo 26 años y cuatro abortos. La primera vez que oí a una muchacha decir que se había hecho cuatro abortos, me alarmé y pensé lo peor de ella. Yo no tenía entonces ni quince años. Ni número de seguridad social, ni una casa propia, ni otras propiedades a mi nombre. Tampoco los tengo ahora.
“A simple vista, se puede ver que es un espejismo. Los altos edificios del downtown se reflejan en la bahía y hacen que casi parezca una ciudad. Cuando la ves desde arriba, Miami Beach parece un herpes cuadriculado que brota en medio de la mancha oscura del pantano”.
Como la palabra muerte es fuerte y retumba en los oídos de alguien que pronto morirá, yo le decía a mi abuela esta frase en alemán que ella nunca supo qué significaba, pero que la calmaba. Gemüse ist längst gestorben: las verduras han muerto hace mucho tiempo. A todo lo que tuviera que ver con muertos, yo le respondía con la misma frase.
La noche de la filmación me pareció interminable. Tuve que andar desnuda por ese pasillo infinito, desde el crepúsculo hasta la madrugada. Hubo un momento en que el padre de Carlos subió a darle de comer al gato y tuve que esconder mi cuerpo debajo de las sábanas azules de la película.