“Ya nadie cree en la revolución. El Gobierno de Díaz-Canel no concita ningún afecto ni respeto. El país no produce casi nada”.
“Ya nadie cree en la revolución. El Gobierno de Díaz-Canel no concita ningún afecto ni respeto. El país no produce casi nada”.
La policía ecuatoriana irrumpió a última hora del viernes en la embajada de México en Quito y sacó a un ex vicepresidente que había solicitado asilo.
Más del 56% de los edificios de Gaza han resultado dañados o destruidos desde el 7 de octubre, pero aún no está claro si Israel ha cumplido sus objetivos.
Marx era un gran fumador. “‘El Capital’ —me dijo una vez— no pagará siquiera los tabacos que he fumado mientras lo escribía”.
La esperanza y el cambio. El mensaje está claro: construir un mundo nuevo y mejor con los fragmentos del pasado.
En un tiempo donde los algoritmos persiguen tendencias y la atención se diluye, lo que sigue importando es el trabajo lento de construir una vida al servicio de la expresión.
Pongamos que el vestido le ha servido de segunda piel, aquella con la que ha podido no ya camuflarse, sino habitar desde el arte las adversidades de la emigración o el exilio.
Cuando las masas digitales comenzaron a atacar a Carlos Alberto Montaner, comprendí que algún resorte había estallado en secreto en nuestra alma nacional.
Las experiencias adquiridas durante la perestrunka le sirvieron al Estado cubano para rearticularse frente a la nueva realidad poscomunista.
Primera versión en español, para Hypermedia Magazine, de dos poemas del escritor y crítico cubanoamericano Ricardo Pau-Llosa. Traducción de Orlando Luis Pardo Lazo.
“Why do I call it a Mafia State? Because decision-making occurs outside formal organizations and institutions: that is, it is linked to clans, power groups, military structures, business agglomerates, etc., and because this situation, added to the monopoly of political power, turns the State into a criminal organization”.
Lucio Ballesteros no existe, porque siempre ha estado fuera. Mi mundo aquí es simbólico.
La historia de un rey homosexual —o bisexual— a quien se le van las cosas de las manos.
“¡Hola, hola! ¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos todos. Se abren las puertas del rancho anticomunista del chisme… ¡Y hemos comenzado!”