Se había caído el país. El gobierno seguía en pie.
“La frase martiana que sí se podía leer en toda aula cubana era aquella que prescribía la finalidad que debía tener la cultura: la libertad. Ser cultos para ser libres”.
Terrible amanecer con la muerte. Con la noticia de la muerte de un amigo, quiero decir.
Reinaldo Echemendía continúa gozando de los privilegios otorgados a un ícono del ‘establishment’ cultural cubano, mientras sus víctimas solo enfrentan el trauma del abuso.
Las avenidas del Vedado aún conservan su traza racional, su serenidad de barrio pensado para la vida burguesa. Pero esas líneas sostienen otra historia.
Solo una transición gradual —no un cambio de régimen por la fuerza— puede restaurar la democracia en Venezuela.
Algunos solo tienen un día tras otro: la resignación o el silencio.
Capítulo de Turcos en la niebla, novela ganadora del XX Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones, que publicará próximamente Alianza Editorial.
Cuando el autor de estas líneas continúa reuniendo notas dispares sobre literatura cubana (de cualquier procedencia, fecha o condición), es porque en realidad todo lo que existió un día es, ahora mismo, el presente, y el presente contiene, forzosamente, todo lo que vendrá.
Controvertido, pero innegablemente influyente, 6ix9ine, una figura prominente en la escena Hip Hop, ha sido conmemorado con una “estatua de oro” en Cuba.
“Dos artefactos explosivos colocados a lo largo de la carretera que conduce al cementerio fueron detonados a distancia por terroristas”, según declaró un funcionario iraní.
El senador Bob Menéndez se enfrenta a nuevos cargos en una acusación revisada por presuntamente utilizar su influencia para negociar un acuerdo de inversión qatarí.
El atentado tuvo lugar en un barrio chií de Beirut, conocido por ser un bastión de Hezbolá, lo que puede desembocar en una guerra total en la frontera norte de Israel.
CNN informa de que una carpeta que contenía información en bruto sobre Rusia desapareció de la Casa Blanca durante los últimos días de Trump.
Rigofredo jamás perdía la serenidad, la parsimonia, el porte controlado y la sonrisa sardónica.
Vicenta es una mujer que no levanta la voz. Habla pausada. Con cierto dolor. Un amigo que no sabe nada de Cuba y que ve quince minutos del montaje me dice: “Vicenta es esa voz que la gente con poder no quiere escuchar”.