El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos.
El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos.
El analista John Spencer relata los horrores de la masacre del 7 de octubre, luego de acceder a una proyección privada y revela espantosos detalles del ataque dirigido por Hamás.
Se agrava la crisis humanitaria y aumenta el desplazamiento de civiles, tras intensificarse los combates en Jan Yunis.
La pujanza íntima de su obra, su estilo, esta magnífica fusión de sabiduría ancestral y conciencia contemporánea.
Lo que debes saber sobre las vacunas y el autismo, según el Centro de Educación Vacunal del Hospital Pediátrico de Filadelfia en 2019.
Existía en La Habana un espacio donde una mujer abría a cualquier hora las puertas de su pequeña casa para recibirnos a todos.
Elon Musk, con el respaldo de Trump, desmantela la burocracia federal a través de DOGE, un equipo sin control legal que impone recortes y purgas en el gobierno de EE.UU.
Estos tipos son como una tropita de choque, una avanzada de vanguardia para partirle las patas al ángel Orlando Luis. Para reventarle las bolas al demonio Pardo Lazo.
Este régimen me ha convertido en una mala persona, motivada por la venganza y los pensamientos más turbios. En un enemigo del perdón.
La imagen desafiante de Maykel Osorbo con el brazo en alto y las esposas rotas en la muñeca, es la viva estampa del cimarrón, del esclavo que se liberta a sí mismo, y por extensión la revelación simbólica de la plantación-presidio que es Cuba.
‘Mujercitos’ te presta cualquier cosa que ayude a liberarte: un dedo para vomitar, una idea para reventar el país, una mano para masturbarte, una garganta para gritar y unos dientes para morder. A falta de carne, pieles para canalizar la rabia.
Ha muerto una persona en una de mis películas, no lo puedo creer. Su rostro estará conmigo mañana en el rodaje, y en la edición, y en la película por siempre.
“Llegó el momento en que me animé a escribir, y era un proceso muy religioso: cada ocho días teníamos que someter un texto nuevo. Ya no solo discutíamos los libros, sino que se revisaban nuestros textos, pero en una carnicería misógina increíble”.