“En el centro de un huracán todo tiene el tinte o la tesitura de la calma, mientras te mantengas alejado de las paredes del ojo”.
“En el centro de un huracán todo tiene el tinte o la tesitura de la calma, mientras te mantengas alejado de las paredes del ojo”.
Las autoridades revelan que los procesos de ‘parole’ para inmigrantes de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela han reducido la migración irregular en un 89%.
Quiénes inventaron Tlön? ¿Quién programó a Abulafia? ¿Para quién se escribió el Plan? ¿Cuántos fieles acudirán al Péndulo, si alguien los convocara ahora?
“Me sentí como si estuviera hablando con León Trotsky en los años previos a la Revolución rusa”.
Mis amores de los setenta / están cumpliendo sesenta. / Algunos apagaditos como florcitas sin agua / —la sal charchaleando en la herida— / quijotes unos buscando molinos / amargados por el exilio muchos / amañados otros con los sandinistas.
Adiós, Centurión. Mártir de la ajenidad. No dejaste ni quince minutos de fama en YouTube.
Diré que —como mucha gente— yo nací en La Habana. Aclararé, además, que la ciudad donde vine al mundo ya no existe.
Habría que repetirlo con todas las sílabas, como un mantra: el 2 de julio de 1920 nace en La Habana Eliseo Diego, uno de los nombres mayores de la lírica del idioma. Útil por siglos, Eliseo Diego es el poeta cubano arquetípico, hijo noble de una época de esplendor de la palabra en la patria.
Todo fue una treta. Hacking No. 2, de Lil Puñeta, fue un ensayo llevado a la praxis. Un experimento similar al de Hacking No. 1, su antecedente inmediato en El octavo círculo, curada por Magela Garcés. Participa, como todos los ensayos de esta columna, de diferentes hipótesis sobre algunos fenómenos corrosivos de Internet.
El camino de la represión es largo, pero tenemos que reconocerlo en nuestra historia, en nuestros cuerpos, y desde esas huellas restaurar nuestra dignidad, y mostrarla. Podemos estar dañados, pero no podemos creerle al poder.
Hasta hace unos meses, llevar un burka en cualquier sitio del espacio europeo, además del rechazo social que generaba, era un delito anticonstitucional. Hoy, con la crisis desatada por la COVID-19, el delito se ha invertido: llevar el rostro descubierto atenta contra la seguridad social al permitir la propagación del virus.