Perico tiene 19 años. Es de esos que piensan que si la realidad no coincide con su idea, va a ser peor para la realidad. Las circunstancias lo morderán del todo.
Perico tiene 19 años. Es de esos que piensan que si la realidad no coincide con su idea, va a ser peor para la realidad. Las circunstancias lo morderán del todo.
La histórica ciudad de Lahaina, en Maui, ha sido arrasada por el incendio forestal más mortífero de Estados Unidos en más de un siglo. El número de muertos asciende a 93 y surgen preguntas sobre la preparación ante catástrofes.
The Athletic: “Mijaín López, luchador cubano de 41 años, se convirtió el martes en el primer atleta en ganar cinco oros olímpicos consecutivos en la misma prueba individual”.
“Gran enemigo, gran pretexto, gran alternativa, gran dispositivo sociocultural y sociopolítico, la droga es un monstruo que no muere”.
The Economist: “Frente a una alternativa más audaz pero más divisiva, el gobernador de Minnesota era la opción más fácil”.
La exposición de Abela en la Galería Zak fue uno de los episodios que sirvieron para la elaboración de la noción de arte cubano moderno.
“Si alguno de estos militantes conmovidos por la experiencia de “lo cubano revolucionario” se aventurara a preguntar o criticar más allá de la ruta establecida, sería expulsado y vetado en el país”.
Las actas electorales venezolanas “son, sin duda, el tiro de gracia a la izquierda latinoamericana y, por extensión, a las izquierdas internacionales que callen ante semejante canallada”.
“Ellos” reconocieron mi intelecto y me convirtieron en un ciberagente de la Seguridad del Estado, un funcionario millennial, un combatiente de las redes sociales. Cada semana me encuentro menos lozano y más temba, cretinizado frente a la pantalla. Tengo el cerebro atrofiado, en mi cuerpito de 35 años.
Los cubanos que viven en Cuba son como yo: tenemos onda, tenemos swing, somos cool, pero no estamos a la moda. Imagínense, no es culpa del gobierno, es por el bloqueo… Entonces me di cuenta de que sí, de que se usaba esa app, Telegram. Y yo dije: “Ohhhhh, qué novedad. A ver, la bajaré”.
El falso documental o mockumentary, más que género o subgénero fílmico, es una estrategia de entrampe perceptual que ha revelado, como pocas, las connotaciones empáticas de los públicos, así como los grados de estereotipación alcanzados muchas veces por los pactos de lectura consensuados entre emisores masivos y receptores-masa.
La chapucería diplomática de la dictadura cubana es equiparable al nivel de maldad que se empeña en alcanzar cuando de represión se trata. A muchos, como a los hermanos Urquiola, les ha tocado poner el cuerpo y la mente en juego.