Martí es nuestro equipo de fútbol, una suerte de grandeza manejable, a falta de la real, la de todos los días de un país normal.
Martí es nuestro equipo de fútbol, una suerte de grandeza manejable, a falta de la real, la de todos los días de un país normal.
Lili Rentería (La Habana, Cuba. 1961) es actriz, directora, productora y maestra. Ha recibido numerosos premios por su trabajo teatral y cinematográfico. Debuta en el cine en 1978, en la película ‘Los sobrevivientes’, de Tomás Gutiérrez Alea. Vive exiliada en Miami.
El sábado es el mejor día / Fresco, diáfano / Como aquellas tardes / En que mordíamos almendras / A los pies de ese árbol / Que nos protegía y nos salvaba / Del miedo a morir
La Revolución ha sido domesticada, pasteurizada, convertida en música de fondo para la sobremesa.
Silvio fue eso, un comodín ante el cual la Revolución crecía o se desmoronaba.
“Bájate un poco las mallas”, le sugiere el ministro a la modelo, “para que el agente vea cómo sale volando el cuervo”.
Ante la presencia de procesos de empobrecimiento cultural, el ODC urge a discutir la sostenibilidad de proyectos culturales emancipatorios en contextos de crisis sistémica y control autocrático.
Cuando alguien decide escribir sobre un mundo sin bondad, es como si alguien se metiera en una caldera hirviendo de la que es imposible salir.
En este escenario cargado de plomo y mango, de deseo y de estiércol, el lenguaje se convierte en una forma de resistencia.
Nada más revolucionario que la literatura de los marielitos en el sentido más esencial del término, más radical, más rebelde. Porque Mariel más que un grupo de escritores con una estética o historia común, es una actitud.
En uno de esos viajes imaginarios hacia La Española compartida, me fui a lo más pequeño, a lo más bajito. No al “Barrio”, sino a los barrios.
El imaginario visual de Umberto Peña recurre a vísceras, músculos, venas, cartílagos, estómagos, penes, gases, semen, eructos y fluidos corporales, como una estrategia discursiva que intenta reivindicar el lugar de la otredad, de esas subjetividades que la sociedad en determinados momentos considera anomalías.
Un macrorrelato básico que escapa de lo ‘reflexivo’ y la artisticidad para centrarse en el impacto de la violencia, lo terrorífico y la sangre.
Una novela sobre mí, pero no como individuo, sino como parte de algo: un grupo o una generación o un colectivo, o lo que sea.