No hay puentes sanos. Se ha hecho inconcebible el diálogo entre Ana de Armas y los cubanos.
No hay puentes sanos. Se ha hecho inconcebible el diálogo entre Ana de Armas y los cubanos.
El presentador de Univisión Jorge Ramos critica la entrevista de la cadena a Trump, planteando
Mientras Kcho se codea con la curia pontificia, en Cuba hay artistas presos por intentar ejercer su creatividad y sus derechos.
“El opio es el mejor desayuno para no sentir el impulso de llorar por la luz que no ha llegado”.
“Al siguiente día de mi primer encuentro y conversación con Reinaldo Arenas, llegué a la casa de la doctora Elia Calvo de Stalin”.
La victoria de Donald Trump ha dejado consternado a muchos que, desde distintas zonas del espectro político, lo denunciamos como un agitador con irreprimible vocación autoritaria.
Oscar Grandío Moráguez es historiador y politólogo. Autor, entre otros, del libro, ‘Mejor no me callo. Notas ante una transición en Cuba’ (Hypermedia, 2024).
“Puede que no nos dirijamos hacia un colapso general, sino hacia una época tan horriblemente estable como los imperios esclavistas de la antigüedad”.
Ya sé que no tienen ni la más puta idea de lo que hablo. Por algo no son lectores ilustrados, mucho menos ilustres. Por algo no han leído nada de nada, nunca. Por algo me siguen leyendo a mí, compulsivamente.
(De la novela inédita Que la patria os covfefe orgullosa, de próxima aparición por Editorial Hypermedia).
Recupero este fragmento de mi novela inédita ‘En clave blen blen’ (2011), sobre la vida del rumbero cubano y compositor Chano Pozo, tras la repentina muerte de mi amigo Emilio Ichikawa (1962-2021).
Dijeron que no a la democracia, al derecho de pensar diferente, a la posibilidad de ser ciudadanos, a que la dignidad plena del hombre sea el culto soñado por Martí.
Digo No a la Bienal de La Habana mientras haya un artista preso en cárceles cubanas o bajo detención domiciliaria.
Se tantean los límites del lenguaje, un reclamo a la coescritura, la participación despierta, la completitud que exige cierto talante o competencia literaria. La exigencia, en suma, de un lector comprometido.