El Hombre Nuevo muere de irrealidad y aburrimiento.
El Hombre Nuevo muere de irrealidad y aburrimiento.
Este aumento, el primero desde 1908, se debe principalmente a los emigrantes que huyen de las crisis políticas y económicas de Venezuela y Cuba.
Ruth Baza, de 51 años, presentó una denuncia penal en España contra Depardieu, afirmando que éste la violó en París el 12 de octubre de 1995.
Piñera, a pesar de haber sido ostracizado luego, mantuvo antes, en efecto, una actitud de sumisión, cuando no de complicidad temprana, con la política cultural del gobierno revolucionario.
Siempre quedará como un enigma por qué Reinaldo Arenas permitió que le tomaran esa foto con la que entró en la Historia marcado por el Tiempo.
La edición 2024 de los Latin Grammy omitió a artistas cubanos durante el homenaje a la salsa, un género que tiene profundas raíces en la cultura de la isla.
A un año de la muerte del escritor Edmundo Desnoes, nuestra revista comparte un capítulo del libro ‘Landing in New York’, de Felicia Rosshandler, pareja del escritor. Traducción, revisada por la autora, de Orlando Luis Pardo Lazo.
Con gafas de escolta, bigotín de la KGB, pañuelito de Luis Vuitton (¿regalo de Ana de Armas?) y su impecable look de chulo con traje y corbata, desde un poster de autopropaganda nos sonríe feliz.
El virus de la indiferencia poética se ha convertido ya en una epidemia. Tal vez por eso un gran poeta como Andrea Zanzotto sigue siendo uno de los grandes desconocidos de la literatura italiana.
Estos son los cambios vitales y urgentes que necesita el pueblo ahora, por justicia y para impedir que se siga consumando el cambio fraude.
La escena del árbol con Carlos Massola y Mariana Alom tiene menos de dos minutos en pantalla y tardó seis días filmarse debido a la luz.
Como en el final del cuento “El muñeco” de Virgilio Piñera (durante décadas censurado por Virgilio Piñera en Cuba), los cubanos aguardamos ahora estúpidamente ser despedazados por las manos de nuestra propia inocencia.
“En la biblioteca de la Casa de las Américas había un cuaderno colgado de un armario con un lápiz incluido. Allí debían anotar su nombre y sus datos los que quisieran leer ‘Tres tristes tigres’”.