“La patria existe donde esté mi hijo, donde estén él y mi esposa, donde la angustia sea expulsada por el cariño y la paz”.
“La patria existe donde esté mi hijo, donde estén él y mi esposa, donde la angustia sea expulsada por el cariño y la paz”.
Un ataque israelí contra un campo de Gaza causa 38 muertos; las conversaciones sobre el alto al fuego se estancan.
“Bohemian Rhapsody”, la icónica epopeya rock de Queen, rompió barreras en la música y la cultura. En su 45 aniversario, celebramos su legado.
Oscar Grandío Moráguez es historiador y politólogo. Autor, entre otros, del libro, ‘Mejor no me callo. Notas ante una transición en Cuba’ (Hypermedia, 2024).
“Puede que no nos dirijamos hacia un colapso general, sino hacia una época tan horriblemente estable como los imperios esclavistas de la antigüedad”.
No estoy incitando al pueblo hastiado de tanta miseria a armarse. Aunque, pensándolo bien, ¿y si cada cubano se construyera una…?
La locura es un territorio al que han sido desterrados millones de seres divergentes del constructo cultural conocido como “normalidad”.
Ya mi país-hogar, tal como lo recordaba, se esfumó. También emigré, aunque mi cuerpo permanezca.
No hay peor astilla que la del mismo garrote. Y después se preguntan por qué las campanas han doblado por Trump.
‘Politiquerías’ es una entrega de la serie ‘Cosa seria’, una columna de opinión del artista Omar Santana, en Hypermedia Magazine.
Con la modernidad, el cuerpo y la sexualidad se convirtieron en instancias de imaginación política y contribuyeron al diseño de técnicas de control. En Cuba desempeñaron un papel fundamental en la organización del totalitarismo revolucionario.
A raíz del estreno del filme ‘Plantados’ (Lilo Vilaplana, 2020), aparecieron en las redes discusiones entre estéticos y pragmáticos. El estético contempla la película y sus claros defectos de forma y contenido. El pragmático puede conceder que la película sea deficiente y aún concentrarse en la fuerza moral que esta evoca. Ambos tienen razón.
El año nos cayó como un largo día con muy pocas pausas. En los primeros meses, los muros de la privacidad se desplomaron con el confinamiento. Fue un avance perverso de lo que pudiera ser una sociedad distópica. Recuerdo reuniones en Zoom de hasta ocho horas, con ese ojo colectivo directo a la cara.