Cómo fabriqué noticias para dictadores, magnates y políticos.
Pablo Pacheco Ávila (Puerto Padre, Cuba, 1970) es periodista independiente y opositor al régimen cubano. Miembro del grupo de los 75 condenados de la Primavera Negra. Fue desterrado a España y vive actualmente exiliado en Miami.
30 bebés prematuros, que se encontraban en el hospital Al Shifa, de Gaza, fueron evacuados con urgencia a Egipto para recibir atención.
Apocalipsis y singularidad representan dos absolutos: nuestro futuro tendrá que situarse en algún punto dentro de ese amplio espectro.
¿En qué época estoy viviendo? ¿En qué época estamos viviendo? ¿Y cuál es la época que ahora vive el Estado cubano?
El ODC vuelve a llamar la atención sobre el sistemático secuestro de las instituciones culturales cubanas bajo una fachada democrática.
En la Cuba real, cualquier alegría tiene que ver más con un deseo que con un estado mental donde existan motivos comprobables para el júbilo.
El castrismo y su continuidad están colimados por una crisis poblacional equivalente a un golpe demográfico.
Los grandes descubrimientos muchas veces comienzan como pequeñas ‘casualidades’.
“Muchos de nosotros hacemos periodismo y a la par hacemos activismo. Uno lo que tiene es que diferenciar los roles, y sobre todo ser consecuente con la ética de la profesión. Yo no voy a mentir. Sea cual sea la causa que defienda, mi compromiso es con la verdad, no con un partido político, no con una causa”.
En esta lista se excluyen conscientemente clásicos archiconocidos como ‘King Kong’ (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), ‘Tiburón’ (Steven Spielberg, 1975) o ‘Depredador’ (John Mc Tiernan, 1987). Tampoco está ‘Godzilla vs Kong’ (Adam Wingard, 2021).
“Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, y así es el teatro: aunque se repita la obra, las funciones serán diferentes. Ese es el reto, puesto que el público será distinto, y tampoco uno será el mismo de ayer. El teatro es como la vida: lo que importa es el momento presente”.
Padura dosifica la denuncia en sus libros, no solamente para verlos publicados en Cuba, sino para garantizarse la adhesión de unos lectores extranjeros a los que les disgustaría que su denuncia fuera a más. De hacerse incisivo, Pablo Iglesias y Lula da Silva dejarían de leerlo.