La cultura oficialista cubana ha servido como
La cultura oficialista cubana ha servido como
Florida se prepara para el impacto a medida que la tormenta tropical Idalia se intensifica, apuntando a la costa del Golfo con amenazas de huracán de categoría 3.
Esa sumatoria de obstrucciones, aún sobre el cuerpo de los cineastas y sobre su salud mental, a veces habilita nuevas estrategias y usos del lenguaje.
“Es poesía. Nostalgia, su Orlandostalgia. La anunciación de un destino… cambiable, perfectible”.
“Sin garantías para el ejercicio ciudadano de la sociedad civil es imposible la reclamación de derechos y similares oportunidades para todos”.
“El ‘ennui’, ese tedio o desgaste vital desencadenado por la tiranía de lo mucho, se ha transformado en una sutil, lucrativa e instigadora estrategia mercadotécnica”.
“Hay una lección que aprender sobre el amor cuando uno se adentra en el tejido perentoriamente material del deseo”.
Las bibliotecas personales forman parte de la memoria personal y afectiva de quienes las crean. Cuando sus dueños migran o son forzados al exilio, quedan atrás, sin nadie que las cuide.
AFP: “El Comité Olímpico de Cuba exigió el martes la expulsión del ciudadano Fernando Jorge, campeón de piragüismo de velocidad”.
En Cuba la ilusión dura poco. No es el calor: es la impotencia. Existen espacios que quieren resistir, espacios para que uno se imagine por un instante que está en Madrid, en Roma, en Japón, o en la Cuba del futuro. Pero esa oportunidad solo existe para una clase social muy específica.
Ya se sabe: estatismo, encadenamiento, y un paisaje vigorosamente renovado para que todo siga, con Lampedusa, en lo mismo con lo mismo: recelos, discursos y más discursos, promesas, cálculos, maniobras. Una vecina exclama: “No sé adónde repinga vamos a parar”. La palabra “repinga” despliega un señorío inmediato.
El nuevo artivismo es una alternativa necesaria para frenar o transparentar las injusticias, la fuerte censura, la falta de libertad de expresión, que también hace mella a quienes nos quedemos indiferentes. Estoy seguro de que producirá cambios, por el crecimiento cada vez mayor de nuestra inconformidad y nuestra demanda de respeto.
Soñar con Virgilio Piñera, con Francis Alÿs y con una Habana ideal, me hizo lanzarme a la calle en el verano. Recordé que me gusta lo que la ciudad me dice, aunque esté hecha polvo y me derrita su calor. Recordé que la luz del trópico es brutal, pero me gusta. Y recordé, sobre todo, que La Habana es hostil, pero no es su culpa.