En ese instante, me percaté de que la mayoría de las conversaciones con mis amigos giran en torno a la felicidad y en cómo alcanzarla.
En ese instante, me percaté de que la mayoría de las conversaciones con mis amigos giran en torno a la felicidad y en cómo alcanzarla.
La medida es fruto de la intensa presión ejercida por los demócratas neoyorquinos y pretende aliviar los servicios sociales, al tiempo que ofrece a los inmigrantes una vía hacia el empleo.
Las revoluciones de colores no pretenden cambiar de un patrón de legitimidad coherente a otro, sino defender el patrón de legitimidad coherente inicial de la democracia derrocando a un autócrata corrupto.
No hay eventos a los que acudir: ni tertulias, ni festivales, ni espacios de opinión donde se pueda debatir qué se debería hacer con las estatuas, una vez que el sistema se desplome.
La atención a la migración cubana es una deuda de solidaridad que la región aún no ha saldado.
La pérdida de otra vida en la más absurda cotidianidad de una nación sin rumbo y sin destino.
Veo cada detalle, oigo lo que se dijo y se calló, toco en mi mente la mano temblorosa de mi padre que hasta aquel día no sabía que existía.
No tenemos que caernos bien. No tenemos que ser amigas. No tenemos que coincidir en todo. Pero les presto la catana que he usado para mi harakiri. Ojalá que otras se animen a mostrar sus vísceras, junto a las que reciben golpes o están encarceladas por reclamar derechos que nos asisten a todas, sin que sepan a pie juntillas lo que significa sororidad.
“La pregunta ‘¿Por qué se separaron Los Carpinteros?ʼ está equivocada. Más bien sería: ¿cómo conseguimos trabajar juntos durante veinticinco años? Cualquier cosa puede separar a una persona de otra; el tema está en el tiempo de unión, en mantener ese trabajo durante todos esos años. Ese es el milagro”.
¿Se puede anular la experiencia vivida por medio del cambio? ¿Podremos rebasar sin traumas, aquí en la isla, la llegada de una lógica de consumo apresurado, donde se vive de desechar constantemente? ¿Estamos preparados para renunciar a esa memoria afectiva por los objetos a la que nos ha acostumbrado la precariedad?
La gente adora los objetos porque los desea. Las frutas de una naturaleza muerta dan ganas de cogerlas del cuadro y comerlas. Los sneakers Balenciaga y Yeezy dan ganas de tenerlos, aunque cuesten 1200 dólares; si no puedes permitírtelos, compras imitaciones y punto. Lo mismo pasa con el arte contemporáneo.