The Economist: “Pero, si es nominada, eso no descarta que derrote a Donald Trump”.
The Economist: “Pero, si es nominada, eso no descarta que derrote a Donald Trump”.
Inter Miami confirma a Sergio Busquets, sumándose a Messi en la MLS. Jordi Alba y ‘Tata’ Martino podrían unirse pronto, buscando revivir la época dorada del Barcelona.
Espionaje, cambios de poder y estrategias de dominio global chocan en una partida de ajedrez geopolítico.
El Confidencial: “La buena y la mala suerte siguen contando más en nuestras desgracias que los —a menudo— ilusorios sistemas de prevención”.
Gaztelu, el llamado “cura de Orígenes”, que había tenido numerosos contactos con los ‘barbudos’, era de los que apostaban por mantener el apoyo al gobierno revolucionario.
¿Por qué, a pesar de la popularidad de algunas de sus narrativas, Rusia ha fracasado en su guerra informativa contra Occidente?
“Cuba se ha plegado excepcionalmente a los designios del Kremlin, en busca de un socio clientelista de mayor peso financiero ante la crisis multifactorial que padece”.
AP: “La escritora nacida en Moscú y destacada crítica de Putin fue acusada de difundir información falsa sobre el ejército”.
Newsweek: “Los inmigrantes ilegales han sido deportados en cifras récord en los últimos dos meses, según muestran los datos oficiales”.
Al llegar a París sentí que el metro me acogía, que los rostros ajenos me miraban de soslayo y que todos los inmigrantes, los refugiados e indocumentados pisoteados por la Unión Europea y maldecidos por el mar y las fronteras, entendían que mi amor por la humanidad estaba embarrado por el repudio y la tristeza.
Algunos cubanos en la Isla y en la diáspora no estuvieron contentos con el último desfile de la marca independiente Clandestina, y así lo expresaron en las redes sociales. ¿En qué momento, se preguntan, una firma iconoclasta y popular se puso a coquetear con referentes de la moda global, comercial y mainstream?
En torno a la resistencia de la izquierda melancólica a aceptar el fracaso, a obviar sus causas y excusar sus consecuencias para no injuriar lo sagrado, es que la risa totalitaria radicaliza su imaginario: su violencia se vuelve sardónica. Así se convierte, la risa de Castro, en el síntoma del Estado cubano.
El Comandante seguía ante las cámaras, frente a toda la nación por horas y horas, con una jerga nacionalista trasnochada, desconectada de la realidad. El traje de verde oliva y la barba desmenuzada lo hacían lucir cada vez más anacrónico. Era un hombre del siglo XX, de la Guerra Fría, aferrado al poder.