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El nombre de la calle

La desgracia de Tamara es infinita; más difusa que la bola del mundo, más caliente que la arena del Sahara, más pesada que la Antártida; más profunda que la desesperación, la desolación y la desesperanza, todas juntas.

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Roldán es nombre de cabrón

Saca el carné, al vuelo leo las letras DSE que aluden al órgano represivo que más miedo ha metido entre los cubanos y a mí, por primera vez, no me da nada.
No siento nada, estoy como el pollito del cuento que se metió una raya de cocaína y empezó a decir que no sentía nada.
A estas alturas del interrogatorio no siento ni las piernas, ni el corazón ni el salto en el estómago, yo no siento nada.

Texto escrito especialmente para la antología El compañero que me atiende.