El joven poeta teme convertirse en El Escachalatas. Por eso lo visita. Porque en ese temor hay una verdad más honda: ya es él.
Columnistas
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Se me ve en la pluma: la dictadura se mudó conmigo
Quienes hemos vivido en una dictadura llevamos una especie de tatuaje invisible. Uno de esos que no se hacen en la piel, sino en la forma de mirar el mundo.
Días finales en la Casa Frente al Mar
¡Quién lo hubiera dicho, que la Gran Utopía, ahora muerta, ofrecía la imagen de su desnudez, su imagen real, y no era más que un camelo despreciable!
Una nana para el Mundial de Fútbol
En la política-fútbol, que es una poética, las rivalidades hacen extraños compañeros de cama. Y compañeras también.
‘Estamos conectados’: Luis Manuel Otero Alcántara y el 11J
El país que tenemos hoy parece muy cercano a otra protesta de gran escala. ¿En qué condiciones ocurrirá y quiénes la protagonizarán?
Yo amo el recuerdo (chamamé a Esperanza Gómez)
“Fuck me, fuck me, rájame la concha”. Violentos golpes de cadera. Calor, gemidos. La nieve a punto de fundirse. “Cógeme más duro, mother fucker”.
La insoportable levedad de ser demasiadas cosas
La sociedad necesita clasificarte porque, si no te clasifica, se le desordena el almacén. Y no hay nada que asuste más a una institución que un almacén desordenado.
Un tajo de agua del Tajo
En la Protesta de Baraguá también había chinos, chinos manigüeros con sus ojillos opiáceos, escuchando un doblaje al mandarín del reguetón de Antonio Maceo.
Tremendo ‘ostine’ (maniobras para llenar el vacío insular)
Una sociedad fallida necesita y hasta exige cuerpos útiles, productivos, medibles.









