“Es poesía. Nostalgia, su Orlandostalgia. La anunciación de un destino… cambiable, perfectible”.
“Es poesía. Nostalgia, su Orlandostalgia. La anunciación de un destino… cambiable, perfectible”.
Ningún texto se escurre entre mis dedos y ya no siento las contorsiones enmascaradas de la muerte. Estoy en la cima de algo, en la raíz de nada. Todavía estoy viva.
La directora de la Casa de la Moneda de los Estados Unidos, Ventris C. Gibson, presentó el diseño final del “quarter” que exhibirá la imagen de Celia Cruz, un ícono destacado de Cuba. Esta moneda comenzará a circular en 2024.
Nunca supe por qué me buscó. Quizás por el miedo o la soledad en que vivía. Tal vez porque parecía un cura con mi calva. O un tipo asexual, por haber perdido cuatro dientes.
Foreign Policy: “Los dos candidatos se enfrentaron sobre la guerra de Rusia en Ucrania, la guerra entre Israel y Hamás, la inmigración y la imagen global de Estados Unidos”.
Vanity Fair: “¿Cómo? ¿El Donald Trump que incitó una insurrección porque no pudo admitir que perdió la última elección?”.
Washington Post: “El presidente tropezó repetidamente, y el expresidente hizo afirmaciones falsas repetidamente”.
WSJ: “Una actuación titubeante en el debate desata la confusión en el partido sobre el candidato para 2024”.
“Por pura coincidencia, he estado leyendo a Fina García Marruz durante este mes en que se cumplen dos años de su muerte. Leyendo unas cartas suyas a Julián Orbón”.
A pesar de la circunstancia que estamos viviendo, me siento motivada y convencida de que los proyectos en los que actualmente trabajo pronto verán la luz. Creo que todo en la vida puede dejarnos una enseñanza, y la situación actual no será la excepción.
Aquel cyber-character era nada más y nada menos que el insospechable Lil Puñeta. El protagonista de la exposición El octavo círculo, el lord Voldemort de la nómina de Magela Garcés, el infamous Dalai Lama del deepfake cubano. No se trataba de otro disfuncional show virtual en tiempos de COVID-19.
Mi problema con la alteración, creo yo, deviene de mi problema con la temporalidad. En un nivel uno, comienzo a mezclar los eventos reales y los imaginados. En un nivel dos, comienzo a dar prioridad al tiempo imaginal. En un nivel tres, la temporalidad imaginal comienza a afectarme más que la real.
Esta vez, para desconectar por un ratico del encierro, la carestía en aumento, la crisis del agua, la incertidumbre, las colas y matazones diabólicas, el calor abyecto, las fechorías de ETECSA, el money que se evapora y demás infamias asociadas a la COVID-19, les propongo la relectura de un cuento no muy difundido: “El ritual de los Musgrave”.