“Cualquier mortal que ame el deporte y tenga sangre en las venas veneró a Mireya Luis”.
“Cualquier mortal que ame el deporte y tenga sangre en las venas veneró a Mireya Luis”.
Solicitantes de asilo navegan por la inmigración de Estados Unidos, desafiando ideas erróneas sobre el estatus y los derechos en la frontera.
Irán estrecha sus lazos con Latinoamérica y
Ucrania ha lanzado un ataque con drones dentro de Rusia, destruyendo una parte clave de su disuasión nuclear y revelando graves vulnerabilidades en la seguridad militar rusa.
Carlos D. Lechuga publica ‘Sórdida tropical’, “el ‘American Psycho’ de la Cuba de la transición”.
Cuando Chris Nash, decidió iniciar ‘In a Violent Nature’ con una conversación fuera de campo, sabía que estaba haciendo una declaración de principios.
El desmayo es una suspensión del yo. A eso hay que aspirar en la escritura, aunque se hable en primera persona.
Como Dexter, la mayoría de los escritores en Miami llevan una doble vida: por el día trabajan en un oficio cualquiera y en las noches regresan a la página en blanco de una novela que no logran terminar.
La insólita contribución que el barrio de la ficción puede hacer a la memoria colectiva de la Isla sin rebajarse a los clichés habituales.
Completamente desnudo, recostado a medias contra la pared, vuelto sobre sí mismo, abrazándose, como si tuviera frío.
El reparto es una consecuencia del orden estructural cubano, dada la verticalidad existente entre las funciones internas de su dinámica social y sus poderes hegemónicos.
Abraham Jiménez Enoa (La Habana, 1988). Es columnista en The Washington Post. Ganó el premio Libertad de Prensa Internacional del Comité para la Protección de Periodistas. ‘La isla oculta’ es su primer libro.
Un hombre blanco mata a tiros a tres negros en un Dollar General. El atacante, motivado por ideas extremistas, se suicidó más tarde.
Con la intervención de CMQ en septiembre de 1960, empezó a consolidarse el totalitarismo informativo en Cuba.
Hace poco mi madre me preguntó si yo de niño me abochornaba de ella. En las graduaciones y fiestas de la primaria, según mi madre, yo trataba de que ella no fuera. En ese momento, como en una película austriaca, yo no pude decirle a mi mamá: “No seas boba”. No. En ese momento yo solo me hice el ofendido. Hubiese sido más fácil decirle: “Te quiero”.