Acabar con la Revolución Cubana sería un golpe de efecto para el único presidente yanqui que ha ocupado durante dos períodos no consecutivos el 1600 de la Avenida Pennsylvania.
Acabar con la Revolución Cubana sería un golpe de efecto para el único presidente yanqui que ha ocupado durante dos períodos no consecutivos el 1600 de la Avenida Pennsylvania.
Si algo enseña la historia, es que las aventuras de cambio de régimen de Estados Unidos casi nunca terminan bien.
“Su derrota sería un punto de inflexión para Hungría y un golpe para la derecha dura internacional”.
Irán no bloquea la coerción estadounidense hacia Cuba; bloquea la ilusión de que esa coerción aún pueda convertirse libremente en un proyecto político maximalista.
No hay avances concretos, ni explicaciones claras, ni un horizonte definido.
Se presumen libertades, alegrías y narrativas de desarrollo que no se corresponden con el caos de las guerras, las censuras y la represión social disfrazada de respeto al otro.
“Esto es peor de lo que pensabas, Pablo”, piensa el ex eurodiputado Iglesias Turrión.
Por todo el mundo hay un montón de copias del ‘Homeless Jesus’ de Timothy Schmalz. En Cuba no hay. En Cuba hay bronces ambulantes.
Fragmentos del libro ‘La Cuba del siglo XIX’ (Editorial Betania, 2024) de la académica española Inés Ceballos Fernández de Córdoba.
La exposición del pene del hombre negro resulta ya una especie de ritual en el que su imagen no logra liberarse del mito racista.
Cuando empezaron a salir mis primeros pelillos, mi madre tuvo una seria conversación conmigo: “No te los toques porque te van a salir más y, sobre todo, no los afeites. Mira lo que le pasó a tu prima: se afeitó y ahora está cerrada en barba”.
“Es difícil concebir una tierra más hermosa y más desolada por las malas pasiones de los hombres”.
“En Kafka, la K puede ser un aleph deformado, torcido, pero en plenitud de poderes. Aleph, letra infinita, también es el sonido de un ahogado. El asma de Dios”.
La tensión oculta de las cosas, como observa Balthus. De los cuerpos, digamos.
El anuncio, hecho público a través del registro del Ministerio del Interior, supone la primera vez que Rusia pone en su punto de mira a un dirigente extranjero.
Nicaragua emerge como el puente crucial en la ruta migratoria hacia EE.UU. para africanos, cubanos y haitianos. En Managua, una red de servicios y guías facilita el trayecto.
El filme ‘Plantadas’ de Lilo Vilaplana se proyectó en Harvard, reuniendo a cineastas, exprisioneras políticas y la comunidad cubano-americana en un emotivo evento.
Ambas protestas son reflejo del descontento de la población cubana, pero, ¿cuáles son sus semejanzas?, ¿y sus diferencias? ¿Existe un punto en que ambas se encuentran?
¿No presenta la Rusia de Putin la paradoja de una ideología nacionalista que vive del usufructo de dos personajes tan disímiles como Nicolás Romanov y Stalin? Un hipotético regreso político del exilio a Cuba, de perseverar el mapa ideológico que ha deslindado el fenómeno del trumpismo, podría provocar una de esas raras fusiones posmodernas.
“No tocar” a Fidel Castro, como ordena el mandato estatal, supone mantenerlo en un circuito público controlado donde no tiene lugar la crítica; un circuito higienizado y “securitizado”, a prueba de riesgos, atravesado por la retórica de la amenaza y el control de daños.