La editorial Betania publicará este otoño todas las cartas de Gastón Baquero a Lydia Cabrera, en una edición preparada y prologada por Ernesto Hernández Busto.
La editorial Betania publicará este otoño todas las cartas de Gastón Baquero a Lydia Cabrera, en una edición preparada y prologada por Ernesto Hernández Busto.
Esa fuerza innegable que ha tenido la cultura para resistir a tantos años de opresión y falta de libertades. Ha logrado escapar, adaptarse, emigrar, pactar, encontrar formas ingeniosas para eludir la censura.
Messi debuta en LA con una lista impresionante de asistentes: desde el Príncipe Harry, Leonardo Di Caprio, Selena Gómez, Gerard Butler, el cantante Liam Gallagher hasta el astro del baloncesto LeBron James.
BBC News: “La oposición venezolana tachó de fraudulento el anuncio del CNE y prometió impugnar el resultado”.
WAPO: “La oposición del país, durante mucho tiempo fracturada y asfixiada por el gobierno autocrático, ve su mejor oportunidad en más de una década”.
“Pensaba en lo avergonzada que se sentiría si tuviera que llegar a explicarle a algún colega que ella, doctora en Ciencias Bioquímicas, estaba considerando un remedio mágico para su hermana”.
“Es poesía. Nostalgia, su Orlandostalgia. La anunciación de un destino… cambiable, perfectible”.
“Sin garantías para el ejercicio ciudadano de la sociedad civil es imposible la reclamación de derechos y similares oportunidades para todos”.
“El ‘ennui’, ese tedio o desgaste vital desencadenado por la tiranía de lo mucho, se ha transformado en una sutil, lucrativa e instigadora estrategia mercadotécnica”.
“La crítica debe ser un proceso consciente y reflexivo. Para no vagar de una opinión a otra, es preciso establecer una idea clara de lo que se pretende, aunque en un primer momento resulte superficial o ambigua. Al fin y al cabo, la última palabra la tiene el propio artista”.
Nuestros dirigentes tienen mucho que aprender. Algunos están a tiempo. Solo hay que poner las manos atrás, como cuando se entra a un museo. Escuchar y quitarse la careta. Sincerarse y decir: “Sí, sé que en este momento la policía está dando golpes, pero yo no puedo hacer nada, porque tengo miedo, porque también tengo una hija”.
Dentro de ese autobús, los policías intimidaron, golpearon, gritaron, arrebataron pertenencias. Probablemente aquella guagua, después de las 12, volvió a ser una calabaza. Y ellos tal vez volvieron a ser ratones. Ojalá que se trate de miedo e indolencia, que siempre son enmendables. Yo necesito creer que así es.
En sociedades proletarizadas y represivas, los activistas sufren el triple fardo de la represión gubernamental, la insolidaridad de sus pares globales y los listones normativos de quienes, desde la opinión pública, les reprochan no elegir mejores aliados. No cuidar sus palabras. No ser un arquetipo de pureza política.