“Es una mala etapa, pero hay que seguir sin quejarnos. La queja atrae negatividad”.
“Es una mala etapa, pero hay que seguir sin quejarnos. La queja atrae negatividad”.
¿Ha convertido Bukele a El Salvador en el país más seguro de América Latina o en un laboratorio autoritario donde la seguridad avanza a costa de la democracia?
Mirta Ojito se atreve a narrar desde un lugar más profundo: el del corazón humano herido por la historia.
“Si es para que tumben esto de una vez y por todas, aguantamos un poco más”.
Ningún organismo puede vivir eternamente en alarma sin pagar un precio fisiológico y emocional.
Un sitio diminuto que existe a pesar del país, del olvido, de las carreteras imposibles.
“La buena noticia es que existe una pluralidad disidente enorme y tremendamente capaz, mayoritaria en la nación cubana”.
La torpeza del organismo deportivo de la Isla para conformar una selección sin mezclar la política.
“No la interrumpo / dejo que pinte / todo / lo que se vuelve tangible./ Me asusto / y respiro / para saber / si aún / soy espesor”.
Nos queda apenas sentarnos en el piso y otra vez llorar, pensando en todas las vidas adultas que nos perdimos por culpa de nuestra recondenada niñez.
Perdóname esta tristeza tan profunda que me embarga, que no es digna de la obra de todo un pueblo guiado por ti hacia el futuro”.
“Rawls es quizá el único pensador de los últimos cien años cuyo lugar en el canon del pensamiento político occidental es universalmente aceptado”.
“Es el territorio del zahorí. Hace muchos años yo quise formar parte de ese mundo y me entregaron un péndulo”.
“No estamos aquí para hacer un estudio general de la prostitución intelectual; sino para denunciar la represión”.
El Confidencial: “La buena y la mala suerte siguen contando más en nuestras desgracias que los —a menudo— ilusorios sistemas de prevención”.
“La guerra psicológica en curso es un esfuerzo de colaboración entre los servicios secretos rusos y cubanos”.
La policía de Pensilvania capturó al preso fugado Danelo Cavalcante, poniendo fin a una tensa persecución de varias semanas en los suburbios de Filadelfia.
El devastador suceso, amplificado por los efectos residuales del conflicto civil, ha convertido a Libia en una de las crisis humanitarias más graves del mundo.
Odio a Fidel Castro.
Odio a Raúl Castro.
Ese odio no es el mío. Pero es sin duda el de al menos algunas personas que están hoy en esta sala. Lo adopto simplemente por su forma. No debería darle temor a nadie.
Los hijos de este “hombre nuevo” frustrado a la larga, ahora desandan los tiempos de sus padres. Fueron niños que apenas vieron en el blanco y negro de los televisores soviéticos las batallas espaciales del Halcón Milenario y la Enterprise, y acumulan muchas dudas.
“Utilizamos nuestro cuerpo para expresarnos pero también lo usamos para ocultar pensamientos, deseos, fantasías”.
“Mi práctica gira en torno a una sensibilidad, la cual describo simplemente como tropical y caribeña. Quiero que frente a los ojos de alguien muy humilde, como mis amigos de Centro Habana, mis trabajos resuenen y representen para ellos algo lindo, algo tan rico como un buen mango de agosto”.
Caminar La Habana Vieja estos días es algo raro. Parece el escenario de una película de zombis. Hace poco, en la Mesa Redonda de la televisión estatal, estaban hablando de nuevas medidas para tratar de salvar un país que se hunde en el mar; al mismo tiempo, yo tenía a un amigo en el teléfono diciéndome: “Asere, somos sobrevivientes”.