Exilio, esa es una palabrita venenosa. Tan venenosa como la palabrita Patria.
Me di cuenta del potencial que se ha perdido en décadas, por culpa del decadente sistema socialista de enseñanza.
Las aventuras y desventuras de “un raro Quijote eslavo” en La Habana.
No pudo ser mejor. Él era mi Humbert Humbert. Y yo, su Lolita. Treinta y tres años contra catorce.
Es la Uneac, la organización que acompaña proyectos que coartan la libertad creativa, la que atropella a mujeres intelectuales; la que ideologiza y politiza el consumo culturaly educativo de las niñas y los niños cubanos.
No hay eventos a los que acudir: ni tertulias, ni festivales, ni espacios de opinión donde se pueda debatir qué se debería hacer con las estatuas, una vez que el sistema se desplome.
Todas mis patrias arraigan en mí. No hay bandera, himno o geografía que las nombre completas, ni frontera que alcance a limitarlas. Dos patrias tuvo el poeta. Mas no eran menos por ser más de una, ni eran mejores, ni más puras, ni exclusivas. Patria es también la poesía. Patria es también el horizonte.
Mi madre ha comenzado a escribir y, como era predecible, en menos de una pandemia su obra es ya más voluminosa que la mía. Para colmo, quiere publicar en Cuba sin decir que es la madre de Orlando Luis Pardo Lazo, porque ella también me tiene miedo. De noche, a la luz del alma, entiendo que en dos o tres vidas anteriores yo fui José Martí.
De cuando la Plaza de la Revolución quiso parecerse al Kremlin pertenece a la serie Notas al margen, del artista Reynier Leyva Novo, para la sección La Fracción.
El Estado cubano, en franca descomposición, pondrá zancadillas a la administración Biden-Harris en su cometido de seguir el camino abierto por Barack Obama. Lo hará hasta el último estertor, porque de ello depende su sobrevivencia, porque el poder totalitario depende de una ideología que justifique la nación en pie de guerra.