Alejandro Hernández ha guionizado parte de su vida y experiencias en historias universales, en una trayectoria que tuvo su génesis en Cuba.
Alejandro Hernández ha guionizado parte de su vida y experiencias en historias universales, en una trayectoria que tuvo su génesis en Cuba.
Tras una persecución de dos días, Robert Card, el sospechoso del tiroteo masivo de Maine, fue hallado muerto. El ataque ha dejado 18 muertos y 13 heridos.
Para una ciudad cuyos ingresos provienen en su mayor parte del turismo, las consecuencias pintan ser igual o peores que la destrucción causada por el huracán Otis.
The Wall Street Journal: “En el ámbito doméstico, no es centrista. En el exterior, parece no estar preparada para los peligros que se avecinan”.
The Conversation: “Cinco razones por las que los votantes apoyan a Kamala Harris”.
The Wall Street Journal: “Frenaría la marcha coercitiva de la izquierda, pero es probable que sus políticas sean una apuesta incierta”.
The Economist: “El daño a la economía de EE. UU., a sus instituciones y al mundo sería enorme”.
Entre la reacción en cadena ante la muerte del cantante y ‘La capital del sol’ se podría armar un retrato robot del alma cubana.
Su reino era su casa y su trono un cómodo sillón desde donde enfrentó la vejez, la ceguera y lo peor.
“La cultura no separa: nos comprende. Me decía un poeta que en materia de cultura no hay pueblo subdesarrollado. El mirar desde los mundos es una pluralidad en sí. Allí habitan todas las posibilidades juntas. Ensayarlo es otra cosa: es el cómo, y en eso estoy”.
Este impasse la ha metido (conmigo) de cabeza en la jaula. Una jaula por donde se fuga, el derroche: de los días, de las cosas, de los rostros. Ahora, material de desecho, contaminado, acumulándose. Ella es casi un órgano hecho lugar: “una bolsa de miedos antiguos, una bolsa que se hincha”, dijo Rilke.
La canción protesta y el arte político son proclives a recibir el escarnio de los malos políticos. Para ellos es mejor que nadie proteste, que nadie desafine en el coro unánime. Si alguien lo hace, les causa una “indescriptible repugnancia”. Qué pena: yo he disfrutado “Patria y vida”. No encuentro nada antipatriótico en ella.
Fui al Ministerio de Cultura como quien va buscando algo que no sabe, y así sucede también mi trabajo. Llegué y tuve una experiencia hermosa: la unión de personas, lo que creo es el destino del hombre. Esa unión era un reflejo de personas con diferencias, a favor de los proyectos políticos que se están erigiendo en Cuba en ambas partes.