AQUÍ, en La Central en el corazón mismo de La Habana Vieja, en la musculatura y el pulso de una ciudad que grita a voces por el dolor de sus heridas.
AQUÍ, en La Central en el corazón mismo de La Habana Vieja, en la musculatura y el pulso de una ciudad que grita a voces por el dolor de sus heridas.
Cuba era un país donde la carrera de un pelotero no se decidía en el estadio Latinoamericano, sino en alguna oficina con aire acondicionado del PCC.
La Giraldilla es el símbolo de la ciudad de La Habana y está inspirada en una historia de amor.
Imagino la sonrisa cómplice de los lectores aprensivos, el pasmo censor y el melindre que estas viñetas íntimas causarán en los guardianes de la moral.
Un país, como una ecuación, no se resuelve con consignas sino con condiciones.
La pregunta ya no es qué tan democrática es una sociedad, sino si todavía existe algo así como un mundo común en el que esa pregunta tenga sentido.
Sirya Arias compone un estilo que transforma la vida ordinaria en milagrosa, y que se manifiesta y recurre en la aterradora emigración, en la cubanía concibiéndose depositaria.
La Revolución no era por tanto accidente o capricho voluntarista, respondía a la visión alternativa con que entendía la historia.
Esta “correspondencia con su amigo exiliado tiene algunos de los mejores párrafos epistolares de Lezama, y de los que mejor reflejan su estado de ánimo en los años 60”.
Miren esos ojos, compañeros, perdidos en la luz de la ventana o los raquetazos del Jefe. Destilan presencia y orgullo. Son biología hecha voluntad. Irradian ideas de un futuro con ínfulas de inmortalidad. Todo pulcro, todo positivo: fe, fuerza, fascismo.
En el contexto del espacio contencioso transnacional digital, el Estado cubano solo ha reafirmado la naturaleza restrictiva de sus normas legales.
No hay eventos a los que acudir: ni tertulias, ni festivales, ni espacios de opinión donde se pueda debatir qué se debería hacer con las estatuas, una vez que el sistema se desplome.
La atención a la migración cubana es una deuda de solidaridad que la región aún no ha saldado.
El régimen de Daniel Ortega cierra la universidad Unacad y nueve ONG, elevando el total de disueltas a más de 3.550 desde las protestas de 2018.
Israel refuerza su presencia militar en la frontera con Gaza, mientras que los ultimátums provocan una huida masiva de gazatíes al sur.
Los civiles de Gaza se enfrentan a una grave crisis humanitaria con las potencias regionales en estado de alerta máxima.
La violencia política no es una preocupación para los intelectuales cubanos, complicidad nunca gratuita. Lo tácito, lo anónimo pasan a ocupar el lugar de la responsabilidad y el diálogo. Secuelas de la estatización y la colectivización, secuelas de una política afectiva deshumanizante y, digámoslo, secuelas del totalitarismo en curso.
La avalancha de videoclips que provocaron los accidentados y populistas festejos por el medio milenio de La Habana, terminan reduciendo la tan llevada y traída cubanía o cubanidad a una panda de fantoches danzantes adictos a la adrenalina, la testosterona y el estrógeno, que fluyen a mares en las paroxísticas cumbanchas.