Nada tendría la menor relevancia si Ben Rhodes no representara a un sector del electorado estadounidenses al que tú, hipócrita lector, perteneces por capricho propio.
Nada tendría la menor relevancia si Ben Rhodes no representara a un sector del electorado estadounidenses al que tú, hipócrita lector, perteneces por capricho propio.
No tenemos por qué temerle al coco del macartismo, sino, más bien, mantener a raya el espectro del rojismo.
El informe confunde comunismo con antiamericanismo y da por hecho que la Guerra Fría no ha concluido.
‘¡Cobarde, mírame, dale! ¡Mídela ya!’. Medir o no medir, esa era mi cuestión.
“Solo durante un breve tiempo puedes permitirte no entender nada en un lugar nuevo. No desperdicies la oportunidad de que las verdades, grandes y pequeñas, irrumpan de pronto ante ti”.
Alma extranjera, alma inadaptada, alma herida, alma enferma, alma trasladada, alma traslúcida, alma discursiva, alma endemoniada, alma rabiosa, alma feroz, alma ida del cuerpo.
Leídos desde el prisma de Hannah Arendt, ambos argumentos resultan necesarios, pero ninguno basta por sí solo.
Para la exangüe población cubana, la muerte podría ser menos cruel que la prolongación indefinida de la vida.
Estados Unidos queda obligado por la moral y el derecho internacional a rescatarnos de una catástrofe humanitaria al estilo de Haití.
Las autocracias han aprendido a controlar el relato global: manipulan la información, moldean emociones y reescriben la verdad.
Cuando el disenso se volvió sospechoso, cambió la reflexión por la certeza y la crítica por la pureza moral.
Joaquín Gálvez evoca una profunda reflexión sobre la identidad, la autenticidad y la deconstrucción de la imagen pública.
“Fuck me, fuck me, rájame la concha”. Violentos golpes de cadera. Calor, gemidos. La nieve a punto de fundirse. “Cógeme más duro, mother fucker”.
Raros espejos que nos permiten descubrir, reflejado en el ajeno rostro de un personaje ficticio, algo de nuestro propio rostro.
La sociedad necesita clasificarte porque, si no te clasifica, se le desordena el almacén. Y no hay nada que asuste más a una institución que un almacén desordenado.
Helen Andrews sostiene que la cultura de la cancelación y el ‘wokismo’ son un subproducto de “la gran feminización”. ¿Tiene razón? Siete mujeres opinan.
The Wall Street Journal: “Frenaría la marcha coercitiva de la izquierda, pero es probable que sus políticas sean una apuesta incierta”.
The Economist: “El daño a la economía de EE. UU., a sus instituciones y al mundo sería enorme”.
Alen Lauzán (Bauta, 1974). Periodista gráfico, caricaturista, ilustrador y dibujante. Creador del periódico satírico ‘Guamá’. Colabora con medios cubanos independientes como ‘Hypermedia Magazine’, ‘YucaByte’, ‘Diario de Cuba’, ‘ADN Cuba’ y otros. En Cuba trabajó en ‘Deteté’.
Book trailer de Fidel Castro. El Comandante Playboy. Sexo, Revolución y Guerra Fría, el más reciente libro de Abel Sierra Madero.
Orlando Luis Pardo Lazo comenta para los lectores de Hypermedia Magazine el libro Cuba: viaje al fin de la revolución, del periodista Patricio Fernández.
Resingarles un poquito la vida, como ellos nos la resingan a nosotros, los cubanitos que resisten con migajas.
El ODC expone la paradoja de esta movilización diplomático-cultural que pretende representar a “todos los cubanos”, homogenizados bajo la horma ideológica del gobierno cubano.
La idea de una Revolución que no había llegado hasta sus últimas consecuencias oponía un expediente de violencia política a los instrumentos que brindaba la democracia.
Insatisfechos de no poder hacer arte, sino de perpetuamente pensarlo y sopesarlo, queríamos pasar a la acción.
Octavio Armand es pez volador, escritor híbrido, y su Cuba, la de este relato y la de muchas otras páginas suyas, es una desbordada, ‘in-continente’ y a la vez de vasos comunicantes.
“Escribo en Estados Unidos y escribo en español y entonces necesito, dependo de la traducción para que mi obra se conozca aquí. Pero tampoco soy una poeta norteamericana”.
“Nuestra falta de amor a la patria nos ha llevado a pactos de silencio, a no denunciar nuestra hambre, nuestra escasez de lo más básico”.
Salí de Cuba el 13 de agosto del año 2015. Lo recuerdo como si fuera hoy. Fue duro, pero salía con mis ideas claras: buscar cómo ayudar a mi familia.
Trabajé cuatro años para ellos. Aproximadamente 12.000 CUC me robó el gobierno en Cuba cuando abandoné la misión. La familia no tiene derecho a extraer ese dinero. Solo el colaborador puede hacerlo. Pero no me permiten la entrada al país.
“Casi nadie ha podido desertar de Corea del Norte. Pero esta familia hizo una aterradora apuesta por la libertad… y lo consiguió”.