La verdad absoluta es que quieren que seamos las ovejas que nunca van a desafiar al mal pastor.
La verdad absoluta es que quieren que seamos las ovejas que nunca van a desafiar al mal pastor.
Los cubanos sobremurientes salimos de una dictadura para entrar en otra mucho más decadente y perpetua.
La nostalgia no es algo enfermizo e inútil. Es un instrumento para la sanación, un escape cuando no vislumbramos lo que nos asecha.
Más que delirar frente al modelo, frente a los rostros y frente a los cuerpos, intenta ensayar una especie de trascendencia del acontecimiento.
La legitimidad ya no emana de la capacidad del poder para producir bienestar, sino de su capacidad para señalar un enemigo común.
Marx era un gran fumador. “‘El Capital’ —me dijo una vez— no pagará siquiera los tabacos que he fumado mientras lo escribía”.
Cómo los líderes evangélicos y sus seguidores se convirtieron en actores clave en el ascenso de Donald Trump.
The New York Times: “Los votantes descontentos con el rumbo del país lo convirtieron en un vehículo de su rabia”.
Cuando empujaba hacia arriba, su clítoris se frotaba contra una fuerza ciclónica, y cuando se dejaba caer, un peso descendía sobre su vientre y la hacía resoplar.
Yo sé que mami quiere matarla, romperle el pescuezo pelado y hacer sopa, arroz, comida para una semana, pero Javi le pidió que la cuidara.
No tenemos por qué temerle al coco del macartismo, sino, más bien, mantener a raya el espectro del rojismo.
Cuba era el lugar donde el siglo XX podía dejar de ser Auschwitz. El comunis-mo tropical se ofrecía como antítesis luminosa del horror nazi.
Ciertas formas de vida, donde la arbitrariedad se institucionaliza y el acceso se convierte en privilegio.
Esta narrativa de laboratorio deja muy mal parados al presidente Donald Trump y a Marco Rubio.
La gente está pasando de dolida a furiosa en Venezuela. Tiene motivos de sobra para estallar y ya nada que perder, literalmente.
Prácticamente ya hemos perdido el servicio de conexión a internet desde nuestros móviles.
Esta semana, el presente Mundial ha entrado en una inédita fase de dieciseisavos, que no es más que el reflujo ʻdetoxʼ de la fase anterior.
Para la élite, la crisis es un dato estadístico que se menciona en los discursos; para el pueblo, es una condena diaria que se sufre en el cuerpo.
Cualquier amago de apaciguamiento debe recordarnos la torpeza fútil de Neville Chamberlain, cediéndole a Hitler los Sudetes checoslovacos por una paz precaria.
La intervención en Venezuela será el resultado de un largo ciclo de escalada diplomática y acumulación de pruebas y activos criminales.
Alberto Garrandés (La Habana, Cuba, 1960) es narrador, ensayista y editor. Considerado uno de los autores más prolíficos de la generación de los novísimos. Premio Nacional de la Crítica en 2000. Reside en La Habana.
Alejandro Taquechel (La Víbora, Cuba, 1982) es fotógrafo. Su obra investiga la huella poscomuista. Vive exiliado en Miami.
¿Cómo se han enriquecido los militares y dirigentes en Cuba? ¿Es el cubano un pueblo domesticado por el totalitarismo? Saily González analiza las nuevas propuestas para favorecer las empresas privadas. Y como siempre, conversamos con el científico Eduardo López-Collazo.
Ningún cubano quiere ver otra bandera que no sea la suya ondeando en El Morro. Pero, sinceramente, ¿qué más nos queda? Estamos desesperados.
Acabar con la Revolución Cubana sería un golpe de efecto para el único presidente yanqui que ha ocupado durante dos períodos no consecutivos el 1600 de la Avenida Pennsylvania.
Sigue así, querido, no te detengas. Aunque desde nuestra trinchera te pinchen o te escupan, no los escuches.
“Las revoluciones contrarias a la naturaleza humana son difíciles y a menudo requieren el uso de la violencia”.
Arnoldo Fernández Verdecia (1971) es un escritor, periodista, docente e historiador cubano, graduado de la maestría en Ciencias Sociales y Pensamiento Martiano por la Universidad de Oriente.
Kelly Martínez-Grandal nació en La Habana en 1980. Es poeta, narradora, ensayista y crítica de arte. En 2024, ganó la Cintas Foundation Fellowship in Creative Writing.
Las cuatro últimas palabras que papá me dijo, nunca se las había escuchado en cuarenta y dos años: “Vete al carajo, hijo”.
Te acuerdas, Sylvia, cómo trabajaban las mujeres en casa. / Parecía que papá no hacía nada.